Esferas y Esloras

Hace poco quedamos en que iba a hablar de esferas. No cumplo desde entonces, pero una rápida búsqueda y resulta que ya abordé el tema allá en el 2011, en uno de mis mejores posts. Eso es lo bueno de tener Alzheimers: escribes sobre algo y luego te olvidas, lo que te da chance para escribir de nuevo sobre lo mismo, en una especie de commodius vicus of recirculation, o de eterno Groundhog Day de triste y decadente senilidad.

The Convent of the Scared Heart and the Most Holy Linguistic Register

Estaría muy tentado de escribir una extensa y sesuda crítica literaria de la novela Dollhouse, de la autoría de Khloé Kardashian, de sus encantadoras hermanas y de la ghostwriter de rigor. No solamente porque me parece revolucionaria en el mejor sentido de la palabra ese tipo de colaboración literaria, que me recuerda la de La Celestina, entre Rojas y ese autor desconocido altamente simpático y de dudoso género que en otro lugar he alabado. No solamente porque la crítica literaria se supone que es "lo mío", biográficamente, me refiero a mi título en filología y toda la vaina, todavía sin usar o por lo menos sin justificar. No solamente porque mi último intento de crítica literaria fue un sonado fracaso (olvidé mencionar que el poema que comentaba era prácticamente un calco de Kubla Khan, de Coleridge, de donde toma prestados todos sus mejores efectos). Sino, sobre todo, porque me precio de tener sentido de humor, y me muero por comparar, con cara de póquer y de pocos amigos, los devaneos emocionales de las Karkrashian con los de Madame Bovary, su argumento con el de la Ilíada, su vocabulario con el de Rabelais, y la biografía de su(s) autora(s) con la de Cervantes (a fin de cuentas, para atiborrar una novela light con referencias a la vaginoplastia algo más que un brazo una debe que haber perdido). Lo único que me disuade de embarcarme en tal proyecto es que para escribir sobre esa novela, tendría que ponerme pinza en la nariz y leerla primero. Así que mejor nos ahorramos la broma y nos centramos en ese aspecto de la novela que, según consenso de sus sufridos lectores y de la crítica, constituye su única baza: la creatividad léxica. Sí. Resulta que las Karkrashian han sabido dotar al diccionario de una nueva palabra, de cosecha propia. Esta palabra es slore, y resulta ser un portmanteau-word que combina slut y whore. Las reseñas de la novela son claras y tajantes al respecto. El argumento, ya que preguntas, se centra en la biografía de tres chicas de acomodada familia, entre ellas una de la especie celebutante (sí, también existe) o socialite, es decir, alguien que consigue ser famosa sin haber dado muestra de ningún talento o cualidad en especial que no sea la de escoger las fiestas más sonadas, de embadurnarse la cara con al menos 1.25cm de pintura grasosa, o hacer constante alarde de una incipiente esteatopigia. En fin. Entre las hermanas de la novela, que por supuesto son creaciones ficticias sin ninguna base en ninguna realidad conocida ni fotografiada, hay mucha conversación, que se transcribe con incansable devoción y longueur, y en esa conversación, muchas veces es cuestión de reconocer de algún modo la existencia, en el mundo de hoy, de otras féminas que no tienen por nombre Karkrashian Romero Ramero (sí, en serio: "Ramero", o "Romero", según en qué página estás). Pues bien: para las tres hermanas de la novela, prácticamente toda mujer que no sea de su propia familia, según las reseñas, es eso, una slore. Es esto a lo que quería llegar.

En otro post, hace poco, estuvimos comentando y tal vez, minimizando (ya no me acuerdo) esa extraña y de sobras antipática tendencia que algunas personas tienen de interesarse por la vida sexual de otras personas, generalmente de sexo femenino, y de ofrecer juicios de valor moralistas al respecto. Por mucho que quisiéramos que ese tipo de moralista de sillón no exista, hay que reconocer que en este país por lo menos sí existe, todavía, y que su caballo de batalla es la palabra puta. Pues bien, yo escribí en ese entonces que, en inglés, su equivalente más cercano (en cuanto a denotación), whore, había quedado prácticamente en desuso, constituyéndose en arcaísmo propio de obras de teatro de la Restauración, junto con un montón de palabras de similar registro, que ahora suenan a chiste, como strumpet o trollop o la maravillosa y enternecedora frase "no better than she should be", que me muero por usar desde hace treinta años sin todavía haber encontrado la ocasión. (La propia Karkrashian, por ejemplo: ¿es o no es mejor que lo que debería ser? Insondable misterio para mí.) Pues bien, tengo que revisar dicha afirmación, a la luz de no sé cuántos videos de YT que he visto últimamente, donde los comentaristas (scroll down) parece que en muchos casos no tienen nada mejor que hacer que expresar su desacuerdo con las opiniones de tal o cual periodista o celebridad especulando sobre sus costumbres sexuales. Allí, en ese ambiente, se usa whore de un modo rutinario. Obviamente, quien lo usa, o bien es estadounidense, o bien hablante no nativo del idioma. En resumen: yo me ratifico en cuanto al inglés británico, donde si llegas a pronunciar whore en cualquier contexto, o incluso escribirlo, insisto, se reirán de ti, pero no tenía en cuenta el inglés de ese otro país, que no he llegado a pisar más que en un trasbordo de 6 horas en el aeropuerto de Miami, país famoso por ese toque de incombustible puritanismo que heredó de los desembarcantes originarios en Plymouth Rock.

Los americanos, con su inenarrable puritanismo, sí dicen whore. O tal vez no. Tal vez tan sólo lo escriben, y eso, tan sólo cuando están comentando videos de YT. Es aquí adónde quería llegar.

Todos sabemos que puedes buscar la persona (hombre o mujer) más exquisita, más cortés, más tranquila y equilibrada y risueña, colocar a esa persona delante del volante de un automóvil y observar su atropellada transformación en simio acomplejado, grosero, iracundo, oportunista y amoral. Es un fenómeno de observación diaria que ya no sorprende a nadie (y de paso, no hay lugar mejor para observarlo que en los alrededores de la ciudad de Guayaquil). De igual modo, tengo la sensación de que entrar en YT es como estallar su avión en una isla desierta, como en la novela de William Golding, y encontrarse de repente en un lugar inhóspito, sin normas, sin cultura, sin modales, lugar que incita al salvajismo y a la adoración de La Bestia. Yo muchas veces me he rascado la cabeza públicamente frente a esa inexplicable obsesión del feminismo con la "misoginia", como si ésa fuera algo más que un oscuro fenómeno literario: pues bien, si no he conocido en la vida a ningún misógino, resulta que en la sección de comentarios de YT esa especie pulula como en ningún otro lugar: y la cuestión que me interesa es ¿por qué?

Y es aquí donde la palabra "esfera" cobra relevancia. Debo señalar, primero, que se la debo a mi autor preferido, Nathaniel Hawthorne, que la usa con cierta insistencia y con el mismo significado que yo le doy. Una esfera es un entorno o espacio, bien físico, o bien social, o incluso en el mundo del Internet virtual, que actúa de cierto modo sobre la psique de quien entra en él, de alguna manera que el propio sujeto ignora. Cada persona lleva alrededor de ella, como una especie de burbuja invisible, su propia esfera, es decir, su limitada capacidad para influir en el estado de ánimo o en las opiniones de otros, y su visión del mundo que también, a su vez, es capaz de dejarse influir al entrar en contacto con otra esfera. Mi esfera, que es azul, cuando entra en contacto físico con la tuya, que es rosada, produce una fugaz mezcla de colores, de la que ambos nos damos cuenta de soslayo, bien para celebrarlo, bien para rechazarlo: aquí está la esencia creativa de la relación humana. Bien. Hay esferas individuales y también colectivas, como lugares de trabajo, que cada uno tendrá su "cultura", su compleja mezcla de colores dominantes y recesivos, su ethos, o como esos "espacios" en Internet que todos conocemos, o como esa carretera guayaquileña que incita a la mayoría de pecados capitales, principalmente la ira. Son esferas colectivas. Bien. Lo que me preocupa es observar cómo en algunos casos, la esfera individual de una persona, ya notablemente débil y semitransparente, parece que se disuelve por completo cuando esa persona entra en otra esfera más grande y más colectiva. La mayoría de esos "comentarios" en YT que me llaman la atención parecen, salvo nimios detalles de ortografía, haber sido escritos por el mismo bot, por el mismo escuálido algoritmo odiador de mujeres (o hombres en algunos casos), de negros (o blancos en algunos casos), de judíos, de infieles y librepensadores y de leyes de la física. Encima del portal de entrada de YT veo escrita la misma leyenda que en la sección de Opinión del Telégrafo y tantos otros lugares, que reza:

BIENVENIDOS. POR MOTIVOS DE SEGURIDAD, FAVOR DEJEN SU PERSONALIDAD EN EL VESTIDOR AL ENTRAR. PUEDEN RECUPERARLA A LA SALIDA.

En los lugares de trabajo, por supuesto, esto es normal y natural: la definición de "trabajo" en la práctica es eso: una actividad que por consideraciones prácticas requiere la supresión temporal de la individualidad pensante y sintiente. Pero si tenemos que prescindir de ser nosotros mismos durante ocho horas diarias, razón de más (uno diría) por querer recuperar la esfera propia en las horas de ocio. En lugar de lo cual, parece que lo que se busca en muchos casos es una esfera que nos englobe y nos anestesie y nos desactive: un lugar donde ser como los demás sea requisito único y sine qua non. Todas esas esferas manejan su propio vocabulario excluyente, su léxico de bestiario medieval: si no eres como nosotros, eres neoliberal, eres de derecha, eres misógino, eres, a falta de otra cosa, slore.

No sé si para un hispanoparlante resultará evidente la fealdad de esta palabra, con independencia de su significado. Tal consonant cluster como sl- tiene tendencia, en inglés, a evocar la baba, la grasa, lo desconcertantemente húmedo y viscoso y pegajoso y resbaladizo: a esa tendencia se escapan sleep y slut, tal vez slum, pero caen dentro slime, slouch, slurp, slough, slush, slip, slither, slide y un sinfín de vocablos más. Slore, para mí, evoca el ronquido (snore) de una persona con severo exceso de mocosidad producto de una gripe otoñal. Podrá sugerir otras cosas, según tu humor del día: a nadie se le ocurriría, sin no se lo dijeras, que se refiere a una persona, peor a una mujer, y peor a una de ésas a las que agradecemos hondamente un interés activo en el goce amatorio heterosexual. Quiero decir que la morfología y el sonido de la palabra están peleados con su significado: es una palabra que no podrá prosperar (afortunadamente) pero más que eso, es una que sugiere cierta desesperación de parte de quien la haya inventado que ya sabemos que fue una del clan Karkrashian. Será porque slut y whore son palabras demasiado parejas en su denotación para que se pueda crear, con su combinación, un nuevo significado distinto y útil. Es como si combináramos nativo con indígena para crear "natígena". ¿De qué serviría tal aborto lingüístico? De modo que, sin leerla, ya sabemos que la novela de las Karkrashian nos habla de un clan de mujercitas tan cortas de luces que se imaginan que enlodar a otras es un modo de enaltecerse a ellas mismas, y por tanto, hasta son capaces de inventarse palabras innecesarias para emputar más y mejor a otros miembros de su mismo sexo. Se espera, en la secuela. algún que otro crisis nervioso y trastorno conductual: la cosa creo que no es para menos ni da para más.

Pero, insisto, llamar a alguien whore o slore es algo que resulta mucho más fácil y práctico en un entorno virtual que en la vida real. De modo que estamos tal vez ante la eclosión de una nueva especie humana, Homo fragmentatum, el hombre fragmentado, que al igual que el típico conductor guayaquileño, es una cosa cuando tiene ambos pies en la tierra, y otra muy distinta cuando sus pies acarician el embrague y el acelerador. Este hombre puede ser misógino a tiempo parcial, y siempre delante de ciertas pantallas, socialista también a tiempo parcial: cuando le das cuerda es un sabelotodo, pero en ciertos ámbitos su saber se desinfla y queda en humilde actitud de aprendiz. Es ese encantador hijo y amigo modelo que cuando no te está invitando a una cerveza está estrellando aviones llenos de pasajeros contra los Alpes. Es una persona que no tiene consistencia o integridad, que se deja transformar por el entorno, por la esfera social en la que se encuentra, porque no tiene esfera propia o si la tiene no es consciente de ello.

Un inciso. Nadie me lo ha dicho todavía, pero la cosa está por caerse, vamos, es inevitable que del puñado de personas que me leen aquí o en Twitter a alguien se le ocurrirá reprenderme por el uso cada vez más frecuente que le doy a la palabra fascista (y tal vez no faltará un X. Flores evocándonos a este respecto la sombra de Hannah Arendt). Guilty as charged. Bueno, ya he comentado la cuestión en otro lugar, pero resumiendo: la palabra, en mi opinión, es demasiado buena (en el sentido de cargada de connotaciones venenosas) como para dejarla enterrarse bajo un montículo de pedantería. Fascista, fascista, si te pones el sombrero de pedante no lo es nadie hoy en día, ni siquiera los del Falange o del Front National francés, por lo menos de acuerdo a sus manifiestos públicos. Pero dentro del vetusto y carcomido carapacio, por debajo de la podredumbre de la historia, de las insignias y las teorías raciales que hoy son distante recuerdo, late un corazón colectivista que pertenece a la categoría undead. Si no te gusta la palabra fascista, sustituye colectivista y no me quejaré. El colectivismo es la mayor amenaza a la continuidad de la especie humana, y es el mayor enemigo de todo aquel que en el presente, a pesar de todo, insista en tener esfera propia, y que suscriba sin ambages las palabras de Unamuno:

Cada hombre vale más que la humanidad entera.

Otro pensamiento aleatorio al respecto: ¿será verdad que lo que estamos viviendo hoy es el ocaso de la religión, de esa necesaria mentira que a pesar de su evidente y llamativo rostro sicótico, cumple con la función de proveer a cada persona, a la hora de rezar y de confesar, un sentido de su propia individualidad, que le proporciona principios morales que no se reescriben en función de la compañía - así impidiendo que se degenere en sueño húmedo skinneriano, en rata conductista, en simple y predecible engranaje estímulo-respuesta completamente a la merced de los ingenieros sociales? ¿Es necesario cargar con una mentira para funcionar adecuadamente como ser humano? Si lo pregunto es porque no lo sé. Si usted sí sabe la respuesta, explíquemelo en la caja de comentarios, que para eso está.

Comments

  1. Efectivamente, existe la transmutación de la personalidad y se manifiesta clara y ampliamente en internet. Yo no lo atribuyo tanto a una ecualización de las personalidades o destrucción de la individualidad, como a causas más puntuales y últimamente, poco imaginativas.
    Primero está el efecto anonimizante de la red, incluso si te has identificado plenamente, nombres, apellidos, fotos, lugares, amigos, etc., existe un efecto distanciador que carcome y finalmente destruye esa mascara social que todos llevamos. Para algunos, la máscara es una cara totalmente distinta a lo que oculta, para otros, es a modo de ligero photoshop, donde los defectos son atenuados o eliminados, de manera que uno es un "caballero" siempre muy "amable" y "respetuoso", etc.; siempre mostrando aquellos que se desea mostrar, siempre siendo aquello que se quiere parecer.
    Esa mascara es un legado social que nos acompaña milenariamente y siempre ha estado directamente asociado con la presencia. La gran mayoría de nosotros nunca seremos personas públicas ni estaremos expuestos a medios masivos de difusión, así que la máscara es algo que solo sabemos llevar en persona. Frente a frente. He ahí la razón, por la cual esos 15 minutos de fama pueden ser tan devastadores para aquellos que no están preparados al escrutinio.
    Pienso que esas personalidades excesivas, se dividen en aquellos que son anónimos, así que no temen mostrar cualquier cosa que en ese momento estén siendo; aquellos que sin ser anónimos, se sienten protegidos e indiferentes por la falta de presencia física; y aquellos que se entretienen causando tumultos y generando polémicas, a saber, troles. Y no hay como minimizar esa tendencia social de origen adolescente, que disfruta plenamente el abuso a sus semejantes y conspira con otros para generar tormentas y tempestades a manera de deporte y competencia.
    Es mi experiencia que muy pocas personas se muestran públicamente como realmente son y el internet es una herramienta, una válvula de escape a esas actitudes, gustos y pensamientos antisociales que normalmente esconden.
    Tengo mas de un amigo en internet, a quienes conozco personalmente por años y sus opiniones y comentarios son poco menos que incendiarios, si no terroristas, cuando en persona, son gente totalmente pacifica y tranquila.
    Además, está ausente la persona, que con su tono de voz, volumen y forma cambia totalmente el mensaje de los comentarios. Si, inherentemente contienen el mismo mensaje, pero conocer a la persona, es saber hasta qué punto no es más que ladrido y no mordida de perro.
    Luego están aquellos, que cual político en elecciones, nunca muestran su verdadera cara, nunca pierden la paciencia, nunca son desmedidos, nunca se alteran, nunca salen sin maquillaje ni siquiera en internet. Esos en verdad me asustan.

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