Libre albedrío vs el tiempo
Tengo precisamente media hora antes de salir. A ver si puedo, en ese tiempo, convencerte de que tiene sentido hablar de libertad sin conjurar supuestas espiritualidades ni otras sustancias ectoplásmicas o flogistónicas por el estilo.
Estás conduciendo y el semáforo se pone en rojo. Detienes la marcha del carro. ¿Lo hiciste "en libertad", "libremente"? Algunos dirían que no: su definición de libertad excluye al acato a las leyes: si hay vigilantes que te multarán por no hacer cierta cosa, hacerla para evitar la multa no es indicio de libertad, sino de coerción. Otros, en cambio, dirán que sí: decidieron "libremente" pararse en el semáforo, "motivados" eso sí, por el deseo de evitar de pagar una multa (o de chocar con otro carro). Para ellos, la prueba de que la tal decisión es "libre" estriba en que no siempre se deciden por lo mismo: a veces sí se saltan el semáforo. Menciono el ejemplo para demostrar dos cosas. Primero, que la definición y el alcance de la palabra libertad no son siempre cuestiones simples. Segundo, que sin la posibilidad de decidir entre al menos dos alternativas, no tiene sentido hablar de libertad. La libertad se manifiesta en las decisiones, no en un hipotético y metafísico "ser o estar libre".
Cuando se habla de tomar decisiones se postula, necesariamente, una subjetividad que decide, una caja negra, un agente. Sabemos, gracias a los psicólogos y los neurólogos, que la tal caja negra en realidad contiene circuitos y maquinaria de enorme complejidad. No sabemos exactamente cómo funciona. No podemos predecir, por tanto, con gran nivel de certeza, sus decisiones.
Ahora, imagina que fuera posible predecir con absoluta certeza todas las decisiones que tomara esa caja negra. O si quieres, imagina que tú tienes posado en tu hombro a un malévolo demonio. Este demonio, dotado de un perfecto conocimiento de ti y de tu entorno, te va diciendo en cada momento lo que vas a hacer, lo que vas a decidir. ¿Qué sensación de libertad te quedaría? Imaginalo. Me levanto y el demonio dice: vas a hacerte un café, siempre lo haces. Cojo el carro y el demonio dice: vas a hurgar en tu nariz y depositar los mocos sobrantes cuidadosamente dentro del cenicero del carro, pegados a la superficie interior: siempre lo haces. Luego, vas a quedarte en la esquina esperando que pasen los camiones. Vas a silbar mientras tanto los primeros compases del Golliwogg's Cakewalk, de Debussy. Al final, la única manera que te quedaría de sentirte libre sería intentar hacer lo contrario de lo que dice el demonio, para frustrarlo: pero no puedes, porque él te conoce a la perfección y hasta tus intentos de frustrarle los predice de antemano. Es físicamente imposible para ti hacer algo que él no te haya dicho con anterioridad. ¿Podrás seguir llamándote "libre" en tal caso, condenado como eres a hacer todo lo que él te diga? Creo que no.
Hay dos cuestiones interesantes aquí. Primero, que parece una paradoja lo descrito aquí, una predicción que vierte sobre tu libre decisión y que no puedes falsear decidiendo lo contrario. Es hasta difícil imaginarlo. En segundo lugar, vemos que lo que se opone a la libertad en este caso no es la coerción en su sentido más burdo: es el perfecto conocimiento, el saber todas las causas que pueden incidir en un determinado efecto. A eso se opone el dualista postulando una "sustancia" especial que tiene el atributo especial de producir decisiones impredecibles, lo que en este contexto ha de significar aleatorias: algo así como esos generadores de números aleatorios que hay en muchos juegos de computadora. A mí me parece infantil y contraproducente esta estrategia. Nuestras decisiones no son aleatorias, ni parecen siquiera tener "elementos aleatorios", por lo menos para quien esté habituado a la introspección. Más sensato, creo, es postular que el conocimiento perfecto no solamente es algo que se nos escapa y que siempre se nos escapará, sino que, tal vez, es una imposibilidad lógica. Si el universo tiene un tamaño x, para conocer la posición y la velocidad de cada una de sus partículas necesitaría un cerebro de tamaño x * y, donde y sea un número mayor que 1, entonces ya estamos jodidos, pues ese cerebro no cabe en el universo donde está condenado a residir. Si existe Dios y él sí "lo sabe todo", bien por Él, pero no veo cómo, ni veo la necesidad de postular su existencia, ni veo en qué eso nos ayuda a ser libres. Más bien lo contrario, como argumenté en otro lugar. Un Dios omnisciente sería, en la práctica, lo mismo que ese demonio: la negación viva y manifiesta de cualquier pretensión de libertad que pudiéramos tener.
En breve: libertad es a fin de cuentas un término epistemológico. Significa la imposibilidad (teórica o práctica, tú decides) de saber qué decisión va a tomar un ser dotado de la suficiente complejidad como para cumplir con la definición de "agente". Y su relevancia constante se garantiza por el hecho de que existen personas que quieren volvernos predecibles a todos... para fines que, eso sí, no requieren de mucha sapiencia ni de mucha física cuántica para conocer a la perfección. Y ahí se me acaba el tiempo. El lector dirá si algo de esto tiene sentido o no.
Estás conduciendo y el semáforo se pone en rojo. Detienes la marcha del carro. ¿Lo hiciste "en libertad", "libremente"? Algunos dirían que no: su definición de libertad excluye al acato a las leyes: si hay vigilantes que te multarán por no hacer cierta cosa, hacerla para evitar la multa no es indicio de libertad, sino de coerción. Otros, en cambio, dirán que sí: decidieron "libremente" pararse en el semáforo, "motivados" eso sí, por el deseo de evitar de pagar una multa (o de chocar con otro carro). Para ellos, la prueba de que la tal decisión es "libre" estriba en que no siempre se deciden por lo mismo: a veces sí se saltan el semáforo. Menciono el ejemplo para demostrar dos cosas. Primero, que la definición y el alcance de la palabra libertad no son siempre cuestiones simples. Segundo, que sin la posibilidad de decidir entre al menos dos alternativas, no tiene sentido hablar de libertad. La libertad se manifiesta en las decisiones, no en un hipotético y metafísico "ser o estar libre".
Cuando se habla de tomar decisiones se postula, necesariamente, una subjetividad que decide, una caja negra, un agente. Sabemos, gracias a los psicólogos y los neurólogos, que la tal caja negra en realidad contiene circuitos y maquinaria de enorme complejidad. No sabemos exactamente cómo funciona. No podemos predecir, por tanto, con gran nivel de certeza, sus decisiones.
Ahora, imagina que fuera posible predecir con absoluta certeza todas las decisiones que tomara esa caja negra. O si quieres, imagina que tú tienes posado en tu hombro a un malévolo demonio. Este demonio, dotado de un perfecto conocimiento de ti y de tu entorno, te va diciendo en cada momento lo que vas a hacer, lo que vas a decidir. ¿Qué sensación de libertad te quedaría? Imaginalo. Me levanto y el demonio dice: vas a hacerte un café, siempre lo haces. Cojo el carro y el demonio dice: vas a hurgar en tu nariz y depositar los mocos sobrantes cuidadosamente dentro del cenicero del carro, pegados a la superficie interior: siempre lo haces. Luego, vas a quedarte en la esquina esperando que pasen los camiones. Vas a silbar mientras tanto los primeros compases del Golliwogg's Cakewalk, de Debussy. Al final, la única manera que te quedaría de sentirte libre sería intentar hacer lo contrario de lo que dice el demonio, para frustrarlo: pero no puedes, porque él te conoce a la perfección y hasta tus intentos de frustrarle los predice de antemano. Es físicamente imposible para ti hacer algo que él no te haya dicho con anterioridad. ¿Podrás seguir llamándote "libre" en tal caso, condenado como eres a hacer todo lo que él te diga? Creo que no.
Hay dos cuestiones interesantes aquí. Primero, que parece una paradoja lo descrito aquí, una predicción que vierte sobre tu libre decisión y que no puedes falsear decidiendo lo contrario. Es hasta difícil imaginarlo. En segundo lugar, vemos que lo que se opone a la libertad en este caso no es la coerción en su sentido más burdo: es el perfecto conocimiento, el saber todas las causas que pueden incidir en un determinado efecto. A eso se opone el dualista postulando una "sustancia" especial que tiene el atributo especial de producir decisiones impredecibles, lo que en este contexto ha de significar aleatorias: algo así como esos generadores de números aleatorios que hay en muchos juegos de computadora. A mí me parece infantil y contraproducente esta estrategia. Nuestras decisiones no son aleatorias, ni parecen siquiera tener "elementos aleatorios", por lo menos para quien esté habituado a la introspección. Más sensato, creo, es postular que el conocimiento perfecto no solamente es algo que se nos escapa y que siempre se nos escapará, sino que, tal vez, es una imposibilidad lógica. Si el universo tiene un tamaño x, para conocer la posición y la velocidad de cada una de sus partículas necesitaría un cerebro de tamaño x * y, donde y sea un número mayor que 1, entonces ya estamos jodidos, pues ese cerebro no cabe en el universo donde está condenado a residir. Si existe Dios y él sí "lo sabe todo", bien por Él, pero no veo cómo, ni veo la necesidad de postular su existencia, ni veo en qué eso nos ayuda a ser libres. Más bien lo contrario, como argumenté en otro lugar. Un Dios omnisciente sería, en la práctica, lo mismo que ese demonio: la negación viva y manifiesta de cualquier pretensión de libertad que pudiéramos tener.
En breve: libertad es a fin de cuentas un término epistemológico. Significa la imposibilidad (teórica o práctica, tú decides) de saber qué decisión va a tomar un ser dotado de la suficiente complejidad como para cumplir con la definición de "agente". Y su relevancia constante se garantiza por el hecho de que existen personas que quieren volvernos predecibles a todos... para fines que, eso sí, no requieren de mucha sapiencia ni de mucha física cuántica para conocer a la perfección. Y ahí se me acaba el tiempo. El lector dirá si algo de esto tiene sentido o no.
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