Somewhere between Washington and Baltimore



El piano hace cosas raras (escucha 3:42: parallel fifths meseemeth). Un acorde del subdominante menor, fuera del registro habitual, sorprende. Las caras de los cantantes infunden una nota de alegría, diría incluso, de gozo y jolgorio. La letra, una hermosa incitación al sexo oral. Dudo mucho de que el Islam permitiría estas aberraciones, siquiera en el más controvertido sufismo. (Y sigo sin localizar ese "Lift Up Your Heads" que buscaba. Hay la versión de Handel, pero no es ésa. Es una en escala de menor melódico con toque modal en que "Who is the King of Glory?" lo preguntan los bajos, y la respuesta viene con los altos, sopranos o tutti, ya no me acuerdo. No lo escucho desde que tenía diez años. YouTube no ayuda mucho.)

El compositor Delius, que por uno de esos consensos universales que excluyen al objeto del consenso fue no sólo místico, panteísta, sino quintessentially English, una vez confesó que lo que cambió su concepción de la armonía (sus primeras obras son pastiches plomizos e infumables) fue escuchar esos espirituales que por aquel entonces todavía se cantaban en las plantaciones de la Florida. El legado de Delius se encuentra sobre todo en los Westerns (todo compositor de música de película ha robado algo de él, unos más que otros) pero para mi oído sigue siendo eso, quintessentially English, en el sentido de quedarse con lo que el resto del mundo ya le parece inservible desde hace medio siglo. Me solidarizo.

Hace unas semanas una de esas tontas del bote que escribe para El Telégrafo sostenía que el Islam es objeto de una terrible "discriminación", sobre todo en Europa. Los terroristas, los que ponen bombas, no son musulmanes, decía, son "islamistas": hay una gran diferencia. El Islam, como su nombre indica, es una "religión de paz".

Tal grado de imbecilidad sólo es explicable a raíz de una ideología. Lo dicho: una ideología es la racionalización de una enfermedad (o por lo menos anquilosamiento) mental, siempre, siempre. Y luego viene Orlando Pérez (editorial de hoy) pidiendo más ideología. More cock, more cock, Michael Moorcock! he fervently moans. De veras, el mundo está loco.

Si fuera bloguero político, me ocuparía la atención esa "Cumbre de los Pueblos" (ja) en que Correa, Maduro y Obama se pusieron a imitar a la Kardashian con variable grado de éxito. Entre las perlas: "La mala prensa es la que tumbó a Allende" (Correa). Bzz. A Allende le tumbó un golpe militar, no ninguna prensa buena o mala. Un golpe que fue en gran parte ayudado por el pésimo manejo político y económico del propio Allende, pero eso es otra historia. Y otra de la misma fuente (parafraseo): "La misma falsa disyuntiva de siempre, 'prefiero tener dos brazos a no tener ninguna'. La cuestión que debería ocuparnos es: ¿por qué no podemos tener todos cien brazos?"

Lo que es vivir en el pasado. Con la llegada del Internet, ya no tiene estrictamente sentido quejarse de "la prensa": prensa somos todos. Ya no hay "formadores de opinión" (aspirantes a tal, centenares, desgraciadamente): cada uno forma la suya propia con lo que tiene a mano. El problema, si alguno hubo, ya desapareció, salvo en la mente de quienes quieren mantenerlo vivo para explotarlo, en el sentido de utilizarlo como pretexto para la censura y la dictadura. "La libertad es que todos sean libres para hacer lo que yo quiero que hagan". Seguramente el mismo pensamiento se le ocurrió alguna vez a un gorgonopsio, o a un trilobita. Nada nuevo bajo el sol.

Muy pronto vendrá un joven con cara de pizza a llamar a tu puerta con un cuestionario. Estamos realizando una encuesta a nivel internacional para saber si ya es hora de reemplazar la humanidad con algo mejor. Ya tenemos no solamente inteligencia artificial, sino también sentimiento artificial. Ambas cosas funcionan mejor que sus equivalentes analógicos. Un robot no solamente juega mejor que tú al ajedrez, sino también es capaz de llorar más que tú al contemplar una telenovela mexicana o coreana. Se reproducen que da gusto, y son relativamente limpios. Sus cacas huelen a palosanto, se conforman con el salario mínimo, y nunca fingen sus orgasmos. En vistas de todo esto, ¿la humanidad todavía sirve para algo?

Yo ya tengo sobradamente identificados a quienes no tienen respuesta alguna a esta pregunta. No son los del video.


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