El Código Buenaño
En primer lugar, nada que ver con ese mamarracho de Dan Brown. Piensen en el Código Hays del Hollywood de los años 40, código de obligada aplicación entre productoras cinematográficas, que protegía el público americano contra cualquier intento de pervertir su moral con espectáculos indecentes y escandalosas como, verbigracia: un beso que dure más de siete segundos, una pareja casada que comparta una sola cama, un tipo que disfrute fumando marihuana, una mujer que se acueste en una cama en presencia de un hombre sin mantener un pie en el piso, o una pareja de recién casados donde novio y novia no tengan exactamente el mismo color de piel. Pues bien, en Ecuador en pleno año 2008, como ya advertí, se pretende introducir algo semejante para la publicidad y la programación televisiva (y quién sabe, quizás para los cines y otros medios de comunicación y entretenimiento), algo que sin duda llegará a conocerse como el código Buenaño, en nombre de la respetable asambleísta impulsadora del proyecto.
Según este honorable personaje, autora de novelas como “Soy una Mujer Divina” y “El Discreto Encanto de Orinar Sobre Las Papas Fritas De Los Demás”, además de numerosos artículos (del nuevo Código Penal), lo que más le hace falta al país en esta coyuntura histórica es alguien que decida si las dimensiones vitales de las mujeres que salen en la tele son o no son demasiado “voluptuosas”: y desde luego, ¿quién mejor que ella para definir y dirigir esta importante tarea?
Sin embargo, se me ocurre que ponerse a medirle las tetas a todas las reporteras, tecnocumbieras, asambleístas, víctimas de accidentes de tránsito y demás personas femeninas que puedan en algún momento corromper al público ecuatoriano con sus cuerpos demasiado exuberantes, podría llegar a ser tarea herculina aunque se le dedique todo un nuevo ministerio. Por ello, me puse a analizar el asunto y se me ocurrió una solución perfecta.
Una vez, hace muchos años trabajé un tiempo en la fábrica Sony, en Viladecavalls, y hablando con los ingenieros de esa empresa descubrí que cuando fabrican un aparato televisor, antes de salir de la fábrica se le da un ajuste final a los colores, en función del país al cual va destinado. Al parecer, cada país tiene su configuración preferido de colores, lo cual ha sido objeto de detallado estudio. En Inglaterra, por ejemplo, el color blanco se percibe como “un blanco puro” si se le mezcla un poquito de azul; en cambio, en Francia si no le pones un saborcito de amarillo se van a quejar de que ese color blanco no es tal cosa (por cierto, cualquier persona que haya estado largo tiempo fuera de las Islas Británicas, al volver casi lo primero que pregunta es siempre: ¿por qué todos los tipos que leen las noticias tienen la nariz de color malva? Pues ahí tienes la respuesta). Ahora, creo que eso nos da la solución al problema que nos plantea Buenaño, eso de que los glúteos y senos desproporcionados inducen al sexismo, al alcoholismo, al consumo de drogas, al terrorismo, etcétera: simplemente, el Estado se encargaría de distribuir entre todos los fabricantes de televisores a nivel mundial una nueva Hoja de Estándares Para Ecuador, que especificaría que cualquier televisor importado en este país debería haber pasado previamente por un ajuste que asegurara que todo lo que salga en pantalla se viera de una forma extremadamente delgada. Creo que esto no debería presentar ninguna dificultad técnica, ya que recuerdo que de niño teníamos en mi familia un televisor así.
Según este honorable personaje, autora de novelas como “Soy una Mujer Divina” y “El Discreto Encanto de Orinar Sobre Las Papas Fritas De Los Demás”, además de numerosos artículos (del nuevo Código Penal), lo que más le hace falta al país en esta coyuntura histórica es alguien que decida si las dimensiones vitales de las mujeres que salen en la tele son o no son demasiado “voluptuosas”: y desde luego, ¿quién mejor que ella para definir y dirigir esta importante tarea?
Sin embargo, se me ocurre que ponerse a medirle las tetas a todas las reporteras, tecnocumbieras, asambleístas, víctimas de accidentes de tránsito y demás personas femeninas que puedan en algún momento corromper al público ecuatoriano con sus cuerpos demasiado exuberantes, podría llegar a ser tarea herculina aunque se le dedique todo un nuevo ministerio. Por ello, me puse a analizar el asunto y se me ocurrió una solución perfecta.
Una vez, hace muchos años trabajé un tiempo en la fábrica Sony, en Viladecavalls, y hablando con los ingenieros de esa empresa descubrí que cuando fabrican un aparato televisor, antes de salir de la fábrica se le da un ajuste final a los colores, en función del país al cual va destinado. Al parecer, cada país tiene su configuración preferido de colores, lo cual ha sido objeto de detallado estudio. En Inglaterra, por ejemplo, el color blanco se percibe como “un blanco puro” si se le mezcla un poquito de azul; en cambio, en Francia si no le pones un saborcito de amarillo se van a quejar de que ese color blanco no es tal cosa (por cierto, cualquier persona que haya estado largo tiempo fuera de las Islas Británicas, al volver casi lo primero que pregunta es siempre: ¿por qué todos los tipos que leen las noticias tienen la nariz de color malva? Pues ahí tienes la respuesta). Ahora, creo que eso nos da la solución al problema que nos plantea Buenaño, eso de que los glúteos y senos desproporcionados inducen al sexismo, al alcoholismo, al consumo de drogas, al terrorismo, etcétera: simplemente, el Estado se encargaría de distribuir entre todos los fabricantes de televisores a nivel mundial una nueva Hoja de Estándares Para Ecuador, que especificaría que cualquier televisor importado en este país debería haber pasado previamente por un ajuste que asegurara que todo lo que salga en pantalla se viera de una forma extremadamente delgada. Creo que esto no debería presentar ninguna dificultad técnica, ya que recuerdo que de niño teníamos en mi familia un televisor así.

Arriba: De acuerdo con el texto de la nueva constitución, la fotografía de la izquierda, de la hermosa periodista Sandra Ochoa, sería susceptible a control estatal, ya que esta imagen induce indiscutiblemente a la toxicomanía, al comercio sexual y al narcotráfico. El proceso de buenañización resuelve este problema creando una nueva versión (der.) que, a diferencia de la anterior, inspira en el más reacio lector tiernos sentimientos de amor a la patria.
¡Adoro leerteeeeee !!... Me haces jercitar la risa que me resulta en un enorme placer!
ReplyDeleteNo soy Ecuatoriana pero no importa... entiendo igual... porque "en todas partes se cuecen habas".
Voy por ahí a seguir leyendo.
besos
gavi
Jajajaja; no conocía tu blog, está chévere.
ReplyDeleteSalud.
Gracias, Gavi y Fabricio: salud y larga vida también a los suyos.
ReplyDeleteGavi: aparezco por ahí el día menos pensado. Ya sabes.