Fumiguémonos todos...
Que la Revolución Ciudadana tomó su famoso lema "mentes lúcidas, corazones ardientes, manos limpias" de la Cheka, casi verbatim ("lúcido" por "frío" es apenas un masaje connotacional), es algo que vale la pena saberse. Agradezco al descubridor del dato. Nunca me había parado a pensar de dónde se sacó, pero coincido con el autor del artículo en que todo, todo de esta pretendida revolución es vil emulación. Es la revolución de la Urraca, ese ave que no puede ver objeto reluciente sin codiciarlo para su nido, de modo que bien puedes encontrar varias tapas de botella de refrescos junto con algún valiosísimo anillo de compromiso. No le pidas que diferencie entre el valor de estos objetos: todos relucen, es suficiente. De modo que ahora tenemos a Kim Il Correa admirador del "milagro económico" surcoreano, al tiempo que en su propio país aplica recetas norcoreanas (culto personalista, concentración de poder, centralismo, monopolio mediático, supresión de la disidencia, gobierno por decreto, etcétera). Y como antes comentamos, tenemos un gobierno que constantemente se cuelga medallas retóricas, que se apresura en asociarse con todos los buzzwords recién (1789 en adelante) salidos del horno. Es incluyente, antimachista, cree en la igualdad, en la cooperación por encima de la competencia, es ambientalista, cree en los derechos de los humanos, de la naturaleza, de los árboles, cree en la libertad pero sin caer en el libertinismo, en la movilidad humana, en la patria y la matria, es antiimperialista, es keynesiano y stiglitziano, cree vislumbrar algo rescatable en el marxismo y en el cristianismo y en el islamismo, está a favor de la cultura, de la contracultura y de la recontracultura, de la producción nacional, de los indígenas, de los discapacitados, de todas las minorías, está en contra de todas las drogas menos la coca boliviana, y de todas las dictaduras menos las de izquierda. Nombra un concepto que está de moda y la Revolución Ciudadana se declarará partidario de él, por convicción y desde siempre.
Como iba diciendo: todos tenemos nuestra miasma, nuestro perfume. Todavía recuerdo a mi profesora de biología, una cuarentona o tal vez cincuentona que todos conocíamos por "Ma Brown" ("Ma", apelativo de preferencia para profesoras femeninas, de las que muy pocas había en ese colegio masculino) que se ponía una aroma tan fuerte que el técnico de laboratorio del Bloque Ciencias tuvo que hacer malabarismos para que los ratones skinnerianos no murieran en tropel a su paso (en la hora del recreo, él tenía un negocio pingüe vendiendo ratones blancos a los alumnos por 25p la unidad: yo crié a algunos en el garaje, pero los pequeños se salían entre las rejas de la jaula). Ese perfume de la Brown se supone que era la Madre de Todos Los Perfumes, una irrepetible combinación de notas florales, jazmín, rosa y madreselva, con un toque afrutado de cítricos, un sugerente basso ostinato de almizcle, y juguetonas insinuaciones de Play Doh, whisky, curry, bacalao, parafina y entrepierna de luchador sumo. Pues a algo parecido creo que visa la Revolución Ciudadana: crear la Madre de Todas Las Ideologías De Gobierno, con ingredientes de marxismo, de stalinismo, de castrismo y de chavismo, con toques de ambientalismo Greenpeace, de feminismo radical años sesenta, con ricas notas ancestrales y cierto après-goût orwelliano. Lo malo es que las mujeres que llevan ese tipo de perfume piensan siempre que "caen rendidos a sus pies" quienes realmente están presos de asfixia y buscan surtidores de ventilación a ras de suelo.
Encuentro muy bien que haya una belle époque quiteña (según Abdón Ubidia, no sería la primera), una sociedad de lectores de The Guardian y portadores de boinas de Che que se reúnen en las cafeterías después de llevar a los niños al colegio para masajearse verbalmente, entremezclando recomendaciones sobre Flores de Bach y minispás para pies con citas de Chomsky y de Germaine Greer, y preocupándose en voz alta por los "juguetes violentos" para niños y por si es o no es sexista la trama argumental de Eclipse. Lo encuentro perfecto. Sólo se lamenta que estén en el gobierno, y por ello piensen que su perfume - tan, eh, original, tan seductoramente superficial y contradictorio - tiene que fumigarse por todos los barrios, por si los moscos. Algunos aún seguimos intentando vivir lo poco que queda de nuestra vida. Algunos quisiéramos respirar.
Como iba diciendo: todos tenemos nuestra miasma, nuestro perfume. Todavía recuerdo a mi profesora de biología, una cuarentona o tal vez cincuentona que todos conocíamos por "Ma Brown" ("Ma", apelativo de preferencia para profesoras femeninas, de las que muy pocas había en ese colegio masculino) que se ponía una aroma tan fuerte que el técnico de laboratorio del Bloque Ciencias tuvo que hacer malabarismos para que los ratones skinnerianos no murieran en tropel a su paso (en la hora del recreo, él tenía un negocio pingüe vendiendo ratones blancos a los alumnos por 25p la unidad: yo crié a algunos en el garaje, pero los pequeños se salían entre las rejas de la jaula). Ese perfume de la Brown se supone que era la Madre de Todos Los Perfumes, una irrepetible combinación de notas florales, jazmín, rosa y madreselva, con un toque afrutado de cítricos, un sugerente basso ostinato de almizcle, y juguetonas insinuaciones de Play Doh, whisky, curry, bacalao, parafina y entrepierna de luchador sumo. Pues a algo parecido creo que visa la Revolución Ciudadana: crear la Madre de Todas Las Ideologías De Gobierno, con ingredientes de marxismo, de stalinismo, de castrismo y de chavismo, con toques de ambientalismo Greenpeace, de feminismo radical años sesenta, con ricas notas ancestrales y cierto après-goût orwelliano. Lo malo es que las mujeres que llevan ese tipo de perfume piensan siempre que "caen rendidos a sus pies" quienes realmente están presos de asfixia y buscan surtidores de ventilación a ras de suelo.
Encuentro muy bien que haya una belle époque quiteña (según Abdón Ubidia, no sería la primera), una sociedad de lectores de The Guardian y portadores de boinas de Che que se reúnen en las cafeterías después de llevar a los niños al colegio para masajearse verbalmente, entremezclando recomendaciones sobre Flores de Bach y minispás para pies con citas de Chomsky y de Germaine Greer, y preocupándose en voz alta por los "juguetes violentos" para niños y por si es o no es sexista la trama argumental de Eclipse. Lo encuentro perfecto. Sólo se lamenta que estén en el gobierno, y por ello piensen que su perfume - tan, eh, original, tan seductoramente superficial y contradictorio - tiene que fumigarse por todos los barrios, por si los moscos. Algunos aún seguimos intentando vivir lo poco que queda de nuestra vida. Algunos quisiéramos respirar.
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