Se busca: felicidad
Hay una correlación muy alta, sospechosamente alta, entre intoxicación etílica y felicidad.
No diré que todas las personas felices están ebrias. Hay casos aparte, como el de esta mujer, que según colijo de sus escritos parece encontrar algo parecido a la felicidad en el muertimonio y en las enseñanzas de unos seres esferoïdales de dudoso género que comparten sastre con Demis Roussos y a los que debe de conocer de Supermaxi, ya que en Mi Comisariato no se ve nada de eso.
Hay géneros de felicidad, indudablemente. Es preciso descartar primero los que a uno no le sirven, por ser simplemente inalcanzables. Como todos saben, para ser feliz en, mejor dicho a través de, el martirmonio hay que ser mujer, lo cual en mi caso implicaría unos enormes gastos (sobre todo en zapatos) que en mi actual situación de penuria no me puedo permitir. Descartado, entonces. Asimismo, lo de tener un padre espiritual, o madre ídem, a eso no me alcanzan los cuartos. (Cuando, hace años, me pude costear durante un tiempo una sicoanalista, que se parecía asombrosamente a un mirlo, sirvió casi únicamente para tener sueños raros cada noche. Eso pertenece a otro post. Ballenas voladoras: recuérdenme.)
Hay algunos que alcanzan la felicidad, o algo superficialmente parecido, cultivando creencias estrambóticas. A mí me encantaría ser feliz creyendo que hay un Ser Invisible con el que se puede comunicar asumiendo posición genuflectoria, y quien practica gratis sencillas intervenciones odontológicas en sus discípulos favorecidos durante la noche (me iría de perlas). Pero no conozco el truco mental ése de adormecer la racionalidad a voluntad, aun aceptando que tal racionalidad no ha sido actor destacado en mi historial personal. Yo sí puede creer en seis cosas imposibles antes del desayuno, pero no suelen sobrevivir a la inyección de cafeina. O no todas ellas. No las que uno quisiera.
Asimismo, hay esa felicidad que procede de un cálculo aritmético que a uno puede que le haya salido favorable. Lo explica a la perfección Mr Micawber:
"Annual income twenty pounds, annual expenditure nineteen six, result happiness. Annual income twenty pounds, annual expenditure twenty pound ought and six, result misery."
En mi caso, tal cálculo me condena a misery, que no es miseria sino desdicha, a raudales, pues si bien vivo modestamente, el servicio de mi deuda externa desde el pasado annus horribilis se como los ingresos no sólo presentes sino futuros que da terror pensar en ello.
(A veces uno se imagina ser Jeffrey Archer. Ése, cuando estuvo endeudado hasta el cogote, en lugar de apabullarse simplemente se dijo que para ser tan endeudado hay que ser una persona extraordinaria, y de hecho, cuanto más endeudado te hacías más extraordinario te volvías, así que se dedicó a endeudarse más, alimentando sobre todo a ese ego de escritor que al final le permitió ser millonario fabricante de best-sellers, dirigente de partido thatcheriano, filántropo kurdo, embotellador de orina beatliana y presidiario, el sueño de todo joven ambicioso. Según rumores, también caminaba sobre el agua, en su tiempo libre.)
(Y a propósito de presidiarios: ¿alguien más vio esa noticia la semana pasada, según la cual a algunas mujeres las pillaron "escondiéndose" en la Peni? Fascinante país en el que, en lugar de que los encarcelados intenten huir, los no presidiarios se las ingenian para intentar introducirse subrepticiamente en la cárcel. No sé cuál será el castigo penal por introducirse dolosamente en una prisión. Justicia manda que a esas mujeres se las condene a un año de no reclusión.)
Volviendo a la felicidad. El año pasado mi esposa se fue a Miami para comprar ropa con el fin de venderla y hacerse algo de plata. A la vuelta, me trajo la noticia interesante de que en Miami, todo el mundo es feliz. Como prueba de ello, trajo unos sobres de cereales Quaker. Ahora, tanto aquí como en el resto del mundo, sabemos que bajo la marca Quaker sólo se encuentran humildes copos de avena, sin añadiduras de ningún tipo. Allí, en cambio, en EEUU, puedes comprar copos de avena con sabor a miel y canela, con sabor a frutilla, o con sabor a chocolate, por citar sólo los ejemplos que ella trajo. Con esas evidencias, me dejé convencer. Es difícil imaginarse cómo uno se sentiría sabiendo que cualquier cosa que comes puede tener sabor a cualquier otra cosa que desearías comer. Como una vez dijo el escritor británico David Lodge en un ensayo sobre su experiencia de viajar a EEUU, ese país es, o parece ser, "una enorme conspiración para hacerte feliz". (Lo compara con su país natal, que podría denominarse asimismo, aunque él no lo dice, como una pequeña conspiración para hacerte sentir tristeza y resignación.)
Así que otro modo de ser feliz sería ir a vivir en EEUU. El problema, en mi caso, es encontrar trabajo allí. Lllevo meses intentándolo, y de momento nada.
¿Qué me queda, entonces?
Emborracharse es uno. Otro, más complicado, es intentar vivir siempre en la frontera de tu esfera, mirando hacia fuera en lugar de hacia dentro. Lo de dentro se cuida solo, después de todo.
Forsa Italia solia decir una ex a la que nunca debi dejar ir.
ReplyDeleteHace poco comentaba sobre el tema a mi nueva pareja, su respuesta fue un aplastante: "There's some people who will never be happy"
A lo cual yo selle con un: Thank you, Very much!
El otro dia le contaba la historia de "matale la vaca", nunca esperaba una respuesta como: "I would'n kill the poor cow, because I don't want to hurt those people's feelings"
No pude sino reirme a carcajadas mientras ella se sentia ofendida por mi falta de sensibilidad.
El tiempo en que era feliz con ella se termino, es hora de buscar otra "razon" para serlo.
Saludos.