Via Negationis
Hace unos días mencioné un artículo de El Universo que sostenía que el eslógan "mentes lúcidas, manos limpias, corazones ardientes" se parecía sospechosamente a un eslógan inventado por el fundador de la Cheka (temido y sanguinario servicio secreto ruso, autor de ejecuciones en masa y numerosas atrocidades). El autor del artículo citó el libro de donde había sacado esa información, y hasta proporcionó números de página. Sin embargo, yo personalmente no verifiqué esa información antes de repetirlo. Me limité a indicar la fuente y hacer algunos comentarios al respecto, que daban por supuesto que el dato era certero.
¿Por qué no me molesté en verificarlo? ¿Demasiada ingenuidad? A mí se me ocurrió que tal vez el dato podría ser impreciso (una burda mentira, en tal caso) pero bueno, miremos el contexto. Esa información, por trivial que parezca, era algo que no dejaba demasiado bien parado al gobierno o al partido que se asociara con un eslógan de tan infames antecedentes. Por tanto, y dada la visibilidad de los medios en cuestión (tanto El Universo como El Comercio publicaron el artículo) uno puede estar razonablemente seguro de que si fuera falso, sería desmentido, o bien por el propio Correa en su sermón sabatino, o bien mediante alguna cadena oficial o ... tal vez a través de un medio oficialista como El Telégrafo. Que es, en efecto, lo que ha ocurrido.
El artículo de nuestro querido amigo Francisco Arellano Raffo arranca de manera característica, con insultos. El autor del artículo sobre el eslógan de los corazones ardientes es "un nerviosito", "con arrogancia de gallina vieja y estúpida": más adelante se vuelve plural y se confunde entre una masa de "perversos", "despreciables", "mediocres y cobardes enmascarados", etcétera. Bien. Uno puede perdonarle a Arellano tantas salidas de tono, pues evidentemente, el autor original se lo habría merecido, haciéndonos creer lo que no es, inventando datos históricos falsos. Leí el artículo de El Telégrafo con interés, esperando el momento en que revelara la verdad del asunto, que el libro citado por El Universo "Stalin y los verdugos, del inglés Donald Rayfield" no existía, o alternativamente, que el dato atribuido no salía en ese libro, ni en la página citada ni en ninguna otra. ¿Cuál sería la verdad del asunto? Con evidente gozo y magistral conocimiento efectista, el Sr Arellano Raffo nos deja en suspense en el primer párrafo... y en el segundo. En el tercero y el cuarto, se muestra juguetón, gozando en su imaginación de la idea del autor original sangrando por la nariz después de un soberano puñetazo propiciado por (se supone) el propio Presidente. La tensión aumenta. Y sigue aumentando a lo largo del artículo. Simplemente magistral. El autor nos ha dejado para el final el desenlace, como tiene que ser, el desenmascaramiento del autor original, la prueba de que todo lo escrito sobre el supuesto eslógan de reclutamiento de la Cheka eran falsedades. Y así llegamos a la última frase. A la última palabra. Nada. ¿Eh? Un momento. Buscamos arriba y abajo, a ver si nos perdimos algo... Nada. ¿Qué ha pasado aquí?
Sucedió, al parecer, que el Sr Arellano Raffo perdió los estribos. Nada más. No pudo controlar su ira al ver que alguien se atreviera a hablar "en contra" (así se lo habrá imaginado, el pobre) de su amado Presidente, y respondió de esta manera, dándole la razón al articulista original de la manera más elocuente posible: insultándole pero mostrándose incapaz de desmentir el dato preciso que había suscitado su enojo.
Si quieres verificar un dato, acude a la fuente. Si te citan algo de un libro, busca ese libro. Si te citan a una persona, pregunta a esa persona. Pero en caso de que no puedas, o no tengas tiempo, la segunda mejor opción es buscar a alguien que tenga gran interés en que el dato no sea cierto. Esa persona te servirá de investigador. Si hay mentira, esa persona la descubrirá. Ahora, lo normal es que si no encuentra la mentira que espera encontrar, se callará y fingirá no interesarse por el tema, dejándonos con la duda. El Sr Arellano Raffo, en cambio, cuando no encuentra la mentira que espera encontrar, en vez de callarse se pone apopléctico, y se lanza a insultar a Raimundo y a todo el mundo. De esta manera nos hace un gran servicio. Casi casi se puede decir que el Sr Arellano se está convirtiendo en el arma secreta de la oposición al gobierno. Por ejemplo, hace unas semanas no solamente él, sino varios articulistas de El Telégrafo y un correspondiente de El Universo mostraron gran júbilo por el hecho de que Emilio Palacio, editor de opinión de El Universo, había cometido una equivocación, admitida por él, en uno de sus artículos. ¿Qué nos demuestra eso? Simplemente, que cuando el Presidente, entre otros, afirma que ese periodista miente constantemente, no es cierto, pues si lo fuera, la equivocación en cuestión no habría suscitado más que un resignado "ahí va una más". La furia inmoderada con que recibieron lo que resultó ser un equivoco trivial, reconocido y corregido al poco tiempo, demuestra que ese tipo de argumentos no les suele caer en el regazo con mucha frecuencia. Y es una suerte que tenemos, al menos en El Telégrafo, a personas tan poco inteligentes que no son capaces de ver el servicio que nos hacen, indirectamente y a pesar suyo, a los que preferimos conocer la verdad de cualquier asunto. Shakespeare lo dijo de manera inmejorable hace cuatro siglos y medio:
The lady doth protest too much, methinks.
Ahora, ese lujo de no tener que verificar ciertas cosas uno mismo, por el hecho de poder contar con adversarios públicos que le ahorran a uno la molestia de hacerlo, eso no es algo que podemos dar siempre por descontado. Depende de la existencia de medios libres, para que esos adversarios se puedan escuchar. Evidentemente, cuando es el Poder quien no sale bien parado de cierta revelación, podemos dar por descontado que cualquier inexactitud será motivo de impugnación instantánea: por lo menos cuando el Poder tiene a su disposición 20 medios propios y una maquinaria propagandística a escala de este gobierno. Al revés, es más problemático. El gobierno puede insultar, difamar y mentir, y ya no hay garantías de que la mentira se revele. Cada vez hay menos garantías de eso. Y es por eso que sólo cabe desprecio por los que defienden la estúpida teoría de que se puede conseguir que todos los medios digan siempre "la verdad", así por decreto, ignorando que "la verdad", cuando no hay libertad (que incluye necesariamente libertad para equivocarse), siempre será lo que quiere el gobierno de turno que sea.
Yo no quiero tener que vivir confiado en que me están diciendo "siempre la verdad". Quiero poder disponer de maneras de averiguarlo yo mismo. Y si una de esas maneras de averiguarlo, la más cómoda y práctica en muchos casos, es simplemente ver qué argumentos en contra son capaces de presentar los adversarios de esa "verdad", entonces bienvenida sea aquella libertad de expresión que permite que todos esos argumentos (o insultos) se puedan expresar libremente. Bienvenidos, entonces, los ataques de furia del Sr Arellano Raffo, que demuestran diariamente que el gobierno que él apoya no tiene a su favor nada más que un pesado y manoseado diccionario de insultos.
PD: Resulta algo misterioso el hecho de que Arellano Raffo insista tanto, en el artículo citado, en que el investigador del eslógan de la Revolución Ciudadana sea "un enmascarado" y "un cobarde", cuando el artículo sale firmado (Antonio Rodríguez Vicéns), sin ningún intento de disimular su autoría. Se supone que será un simple descuido estilístico, digamos, como aquel que le indujo el otro día a afirmar que Calderón y Zurita, los autores de "El Gran Hermano", eran simples aprovechados que no habían realizado ningún "periodismo de investigación en un asunto publicitado y ya conocido por todos"... olvidando que el asunto llegó a ser "conocido por todos" precisamente porque el propio Zurita, entre otros, había realizado esa investigación el año pasado, y lo había publicado en un diario de que Calderón era editor general. Otro más malicioso diría que en cuestión de rigor periodístico lo que hay en el ojo de este señor más parece verga que viga. Pero en todo caso que siga buscando motas ajenas, pues la diversión promete ir para más.
¿Por qué no me molesté en verificarlo? ¿Demasiada ingenuidad? A mí se me ocurrió que tal vez el dato podría ser impreciso (una burda mentira, en tal caso) pero bueno, miremos el contexto. Esa información, por trivial que parezca, era algo que no dejaba demasiado bien parado al gobierno o al partido que se asociara con un eslógan de tan infames antecedentes. Por tanto, y dada la visibilidad de los medios en cuestión (tanto El Universo como El Comercio publicaron el artículo) uno puede estar razonablemente seguro de que si fuera falso, sería desmentido, o bien por el propio Correa en su sermón sabatino, o bien mediante alguna cadena oficial o ... tal vez a través de un medio oficialista como El Telégrafo. Que es, en efecto, lo que ha ocurrido.
El artículo de nuestro querido amigo Francisco Arellano Raffo arranca de manera característica, con insultos. El autor del artículo sobre el eslógan de los corazones ardientes es "un nerviosito", "con arrogancia de gallina vieja y estúpida": más adelante se vuelve plural y se confunde entre una masa de "perversos", "despreciables", "mediocres y cobardes enmascarados", etcétera. Bien. Uno puede perdonarle a Arellano tantas salidas de tono, pues evidentemente, el autor original se lo habría merecido, haciéndonos creer lo que no es, inventando datos históricos falsos. Leí el artículo de El Telégrafo con interés, esperando el momento en que revelara la verdad del asunto, que el libro citado por El Universo "Stalin y los verdugos, del inglés Donald Rayfield" no existía, o alternativamente, que el dato atribuido no salía en ese libro, ni en la página citada ni en ninguna otra. ¿Cuál sería la verdad del asunto? Con evidente gozo y magistral conocimiento efectista, el Sr Arellano Raffo nos deja en suspense en el primer párrafo... y en el segundo. En el tercero y el cuarto, se muestra juguetón, gozando en su imaginación de la idea del autor original sangrando por la nariz después de un soberano puñetazo propiciado por (se supone) el propio Presidente. La tensión aumenta. Y sigue aumentando a lo largo del artículo. Simplemente magistral. El autor nos ha dejado para el final el desenlace, como tiene que ser, el desenmascaramiento del autor original, la prueba de que todo lo escrito sobre el supuesto eslógan de reclutamiento de la Cheka eran falsedades. Y así llegamos a la última frase. A la última palabra. Nada. ¿Eh? Un momento. Buscamos arriba y abajo, a ver si nos perdimos algo... Nada. ¿Qué ha pasado aquí?
Sucedió, al parecer, que el Sr Arellano Raffo perdió los estribos. Nada más. No pudo controlar su ira al ver que alguien se atreviera a hablar "en contra" (así se lo habrá imaginado, el pobre) de su amado Presidente, y respondió de esta manera, dándole la razón al articulista original de la manera más elocuente posible: insultándole pero mostrándose incapaz de desmentir el dato preciso que había suscitado su enojo.
Si quieres verificar un dato, acude a la fuente. Si te citan algo de un libro, busca ese libro. Si te citan a una persona, pregunta a esa persona. Pero en caso de que no puedas, o no tengas tiempo, la segunda mejor opción es buscar a alguien que tenga gran interés en que el dato no sea cierto. Esa persona te servirá de investigador. Si hay mentira, esa persona la descubrirá. Ahora, lo normal es que si no encuentra la mentira que espera encontrar, se callará y fingirá no interesarse por el tema, dejándonos con la duda. El Sr Arellano Raffo, en cambio, cuando no encuentra la mentira que espera encontrar, en vez de callarse se pone apopléctico, y se lanza a insultar a Raimundo y a todo el mundo. De esta manera nos hace un gran servicio. Casi casi se puede decir que el Sr Arellano se está convirtiendo en el arma secreta de la oposición al gobierno. Por ejemplo, hace unas semanas no solamente él, sino varios articulistas de El Telégrafo y un correspondiente de El Universo mostraron gran júbilo por el hecho de que Emilio Palacio, editor de opinión de El Universo, había cometido una equivocación, admitida por él, en uno de sus artículos. ¿Qué nos demuestra eso? Simplemente, que cuando el Presidente, entre otros, afirma que ese periodista miente constantemente, no es cierto, pues si lo fuera, la equivocación en cuestión no habría suscitado más que un resignado "ahí va una más". La furia inmoderada con que recibieron lo que resultó ser un equivoco trivial, reconocido y corregido al poco tiempo, demuestra que ese tipo de argumentos no les suele caer en el regazo con mucha frecuencia. Y es una suerte que tenemos, al menos en El Telégrafo, a personas tan poco inteligentes que no son capaces de ver el servicio que nos hacen, indirectamente y a pesar suyo, a los que preferimos conocer la verdad de cualquier asunto. Shakespeare lo dijo de manera inmejorable hace cuatro siglos y medio:
The lady doth protest too much, methinks.
Ahora, ese lujo de no tener que verificar ciertas cosas uno mismo, por el hecho de poder contar con adversarios públicos que le ahorran a uno la molestia de hacerlo, eso no es algo que podemos dar siempre por descontado. Depende de la existencia de medios libres, para que esos adversarios se puedan escuchar. Evidentemente, cuando es el Poder quien no sale bien parado de cierta revelación, podemos dar por descontado que cualquier inexactitud será motivo de impugnación instantánea: por lo menos cuando el Poder tiene a su disposición 20 medios propios y una maquinaria propagandística a escala de este gobierno. Al revés, es más problemático. El gobierno puede insultar, difamar y mentir, y ya no hay garantías de que la mentira se revele. Cada vez hay menos garantías de eso. Y es por eso que sólo cabe desprecio por los que defienden la estúpida teoría de que se puede conseguir que todos los medios digan siempre "la verdad", así por decreto, ignorando que "la verdad", cuando no hay libertad (que incluye necesariamente libertad para equivocarse), siempre será lo que quiere el gobierno de turno que sea.
Yo no quiero tener que vivir confiado en que me están diciendo "siempre la verdad". Quiero poder disponer de maneras de averiguarlo yo mismo. Y si una de esas maneras de averiguarlo, la más cómoda y práctica en muchos casos, es simplemente ver qué argumentos en contra son capaces de presentar los adversarios de esa "verdad", entonces bienvenida sea aquella libertad de expresión que permite que todos esos argumentos (o insultos) se puedan expresar libremente. Bienvenidos, entonces, los ataques de furia del Sr Arellano Raffo, que demuestran diariamente que el gobierno que él apoya no tiene a su favor nada más que un pesado y manoseado diccionario de insultos.
PD: Resulta algo misterioso el hecho de que Arellano Raffo insista tanto, en el artículo citado, en que el investigador del eslógan de la Revolución Ciudadana sea "un enmascarado" y "un cobarde", cuando el artículo sale firmado (Antonio Rodríguez Vicéns), sin ningún intento de disimular su autoría. Se supone que será un simple descuido estilístico, digamos, como aquel que le indujo el otro día a afirmar que Calderón y Zurita, los autores de "El Gran Hermano", eran simples aprovechados que no habían realizado ningún "periodismo de investigación en un asunto publicitado y ya conocido por todos"... olvidando que el asunto llegó a ser "conocido por todos" precisamente porque el propio Zurita, entre otros, había realizado esa investigación el año pasado, y lo había publicado en un diario de que Calderón era editor general. Otro más malicioso diría que en cuestión de rigor periodístico lo que hay en el ojo de este señor más parece verga que viga. Pero en todo caso que siga buscando motas ajenas, pues la diversión promete ir para más.
Lo de este Raffo es patológico. Cada vez que leo las pendejadas (si Sr. Raffo, Pendejadas, venga a hacermke sangrar la nariz) que escribe, me parece estar viviendo en el 1984 de Orwell, con todo aquello de Neolengua... (por cierto, que gran ejemplo del Ministerio de la Verdad la cagada de Fidel con el no dije lo que dije).
ReplyDeleteParticularmente alucino con el párrafo:
"Sabemos que hoy las consignas internacionales señalan que la última línea de resistencia a todo proyecto de gobierno que tienda a cambiar las corrompidas y caducas estructuras sociales de un país sudamericano, tiene que estar conformada por los dueños de periódicos y la masa cursi de sus pestilentes lacayos escribidores."
Consignas internacionales? Ya estamos de nuevo con la conspiración planetaria en contra del pobre angelito que lucha por el bien y la justicia. Si parece sacado de Marvel comics...
Implícitamente reconoce su propio papel de cursi lacayo escribidor al servicio del dueño del periódico donde vampiriza el salario este arrastrado: su majestad el Rafi.
Tampoco tiene desperdidio este otro:
"No entienden estos despreciables, que el infundado menester de atacar por atacar sin sentido y con nimiedades, tiene un efecto contrario a sus intenciones. Jamás lograrán seguidores, porque ese accionar sedicioso y malvado sólo induce a sentir asco y repulsión por la política."
Raffo: Si tiene un efecto contrario, ¿por qué tanto encono en criticarlos y enfrentarlos en lugar de regocijarse en su torpe estupidez?
Y lo de lograr seguidores: ¿qué es esto: twitter? Si lo que buscaban es lograr que otros sientan asco y repulsión por la política, eso ya lo logran con creces los propios políticos, pero, en fin, que si ese era el objetivo del artículo criticado, que me cuenten dentro de los seguidores. Creo que cada día somos más. El problema es que los que verdaderamente quieren separar a los más capaces del mundo de la política son los propios políticos que desean su terruño en monopolio. La política es un imán para dos tipos de personas: aquellos sedientos de poder que quieren mandar sobre otros y notoriedad, y los oportunistas que desean lucrar de las múltiples oportunidades que ese mundo les da para ello. Aquellos que de verdad buscan trabajar amorosamente or el bienestar colectivo (jajaja, este tipo me mata), lo hacen en la medida de su capacidad sin buscar el poder político: ¿se imaginan a la Madre Teresa perdiendo el tiempo en campañas para ganar el poder político?
En fin, admirado Emperador, gracias por ir desnudando a estos ácaros rabiosos rebozados en sus propia menestra.
Estimados Endivio y Juan Montalvo:
ReplyDeletePerdon por la escatologia pero que cague de risa que da el "burraffo", si antes disfrutamos sus mamarrachadas en el articulo "Pastor de Pueblos" ahora con el de "¡A sacarse las máscaras, sepulcros blanqueados!", que goce, últimamente en un ejercicio de paciencia todo lo que hacen me lo estoy tomando por el lado más amable cada "ignorantada" de los corifeos de la robolución.
Por que dejandonos de bromas deben ser atroces las oblaciones que les imponen a estos pseudo vestales para ser parte de la torta, me imagino que no solo deben ser adulones sino también de vez en cuando entregar el anillo de cuero.
Saludos,
Marco A.
Una obra maestra.
ReplyDeleteMe gusta ese morboso interés que Endivio tiene con el procaz editorialista.
Complementando lo dicho por Marco, yo mas bien pienso que sujetos como este Raffo, (cuyo apellido, por alguna razón, me recuerda a escroto y cierta parte del falo)son una suerte de eunucos mentales. No necesitan dar el anillo de cuero, que por cierto ha de ser tremendamente desgarrado, sino que simplemente les basta con que los nutran cual bueyes de carga, con las sobras y migajas del poder.