Sorry, wrong culture

Voy a la farmacia y me planto detrás de una gorda charlatana. Espero con paciencia para que la despachen y me toque el turno a mí. Entretanto, se acerca un tipo del barrio, bajito, fornido, con cara de lector del Extra. Sin mirarme, se pone al lado de la gorda. En cuanto se acerque momentáneamente la tendera, aprovecha para hacer su pedido en voz alta. "Cuatro pármato". La tendera pone cara de extrañeza. "¿Cuatro papas?" El tipo insiste: "Pármato". "Ah, Pharmaton", dice la farmaceútica, y se ríe. Haciendo uso de ese talento de multitasking que tienen las tenderas de aquí, le despacha a continuación, sin dejar de hablar con la gorda y de despacharla a ella también. Ahí se acaba la historia. No tiene nada de interesante, excepto a nivel estadístico. Es que esa historia se repite por promedio dos veces al día, cada día, desde hace seis años. Lo tengo comprobado: no importa que esté en Durán, en Guayaquil, o cualquier otra parte de la zona litoral, basta que yo me acerque a alguna tienda para que me torne invisible.

¿Qué hacer al respecto? Una vez - una sola y única vez - interrumpí el proceso, espetándole a la recién llegada, también (por extraña coincidencia) una gordita: "Disculpe, yo estuve aquí primero". Ella puso cara de limón y se calló. Lo hice en parte porque en esa ocasión ya se me habían adelantado dos personas más de la misma forma, y en parte porque recordé que la Carmen siempre decía que hay que ser asertivos, no agresivos pero tampoco pasivos. Quise poner a prueba esa teoría según el cual ser asertivo conlleva alguna ventaja. Me dejó sin convencer. Al mostrar yo esa inequívoca seña de asertividad, no se abrió el cielo, no se escucharon trompetas celestiales, no se convirtió Ecuador instantáneamente en un país moderno, lleno se sonrisas y de gente agradable, nada de eso. Simplemente, se agrió una cara cercana, y yo me sentí un poco ridículo.

Ridículo, porque si bien es ciencia que las gordas demoran un promedio de cinco minutos en ser servidas en las farmacias, también es cierto que yo no tenía tanta prisa, no se me iba ningún avión, ni lo que se despachaba ahí era el último elixir de la eterna juventud. Podía haberme callado y esperado con paciencia, o haber hecho lo que hice hoy, que fue simplemente abandonar el sitio e ir a comprar en otra farmacia cercana, jurando (por quinta vez) en mi fuero interno no volver a comprar en esa farmacia, donde no saben lidiar con la mala educación. Tal juramento no suele cumplirse, no obstante, porque después de pensármelo bien, siempre llego a la conclusión de que no existe tal mala educación. El sempiterno tipo que se acerca después de que tú te hayas puesto a esperar, y se te adelanta, no está siendo descortés, sino simplemente actuando conforme las normas no escritas de esta cultura, que dictan que al llegar a una tienda hay que pedir inmediatamente, confiando en que el cerebro de quien despacha allí dispone de una pila tipo FIFO, bien ordenado, y en que todo el mundo que allí espera ya habrá formulado su petición. Visto desde esta óptica, todo tiene perfecto sentido, e incluso se puede constatar que tal sistema es más práctico (mientras la pila de la tendera sea FIFO y no LIFO, que a veces pasa). El concepto de turno para todo acá no existe, y el ridículo soy yo.

Cuando en Roma, etcétera. Sin embargo, veo que esto es algo más fuerte que yo. No puedo, por mucho que quisiera, dejar atrás mi cultura (acondicionamiento, si quieren) y adoptar otra, por superior que se demuestre. No puedo acercarme a una tienda donde alguien está siendo servido, e interrumpir la conversación para pedir lo mío. Creo que en los británicos el instinto de hacer cola, de no interrumpir, es el más fuerte que existe: más incluso que la libido sexual, o el instinto de dibujar bigote, lentes y colmillos de vampiro en cualquier representación de figura humana en los libros de texto del colegio.

An Englishman, even if he is alone, forms an orderly queue of one. (George Mikes)

Incluso diría que es nuestra manera de ser asertivos. Un inglés se vanagloria de lo mucho que ha esperado por cualquier cosa. Le encanta demostrar su savoir faire en cuestión de hacer columna. Sólo que no suele estar preparado para esas situaciones en que no todo el mundo sigue la misma norma de conducta.

Pero lo interesante del caso son aquellos pequeños brotes de paranoia que a veces a uno le cruzan la mente. Tipo: ¿tendré cara de pasivo, es decir de tonto, que la gente me ignora como si estuviera pintado en la pared? ¿Se tratará de algún tipo de racismo? etcétera. Claro que una mente racional desecha estos pensamientos. Sin embargo, es fácil imaginar cómo en algunos casos la paranoia puede ganarle la batalla a la racionalidad. Entonces, la conflictividad personal estaría servida. (Y las majestades del oficio, supongo que también.)

Comments

  1. Quiza no sea solo una "caracteriztica" de la cultura ecuatoriana, aunque no por eso deja de ser deprimente y molesta.

    En USA me he tenido que hacer un examen de sangre, por cuestiones legales, me han recomendado varias instituciones y por la premura del tiempo y la cercania del sitio he escogido una clinica para "hispanos", se promocionan como "baratos" (seguro medico por $1 al dia).

    El hecho es que por el bendito examen que en otros sitios no cuesta mas de $100, en este me facturaron $3 350 aduciendo que tenian que llenar una forma legal que luego supe no psasab de ser un formularios donde escribieron mi peso y estatura y donde decian que no habia sufrido enfermedades contagiosas, en fin, fue un timo.

    Sin embargo, despues de haber esperado DOS HORAS para que me saquen la sangre. Y dos semanas para que me entreguen los resultados, me llaman a decirme que "algo salio mal" y que me tienen que tomar la muestra de nuevo.

    El dia que voy a que me tomen la muestra me tienen esperando otra hora. Entonces me he levantado a EXIGIR QUE ME DEVUELVAN MI DINERO, en otros sitios de USA te lo devuelven sin mas, pero aqui me pusieron los mil peros, sin embargo me tomaron la muestra a los 5 minutos de que les dije que NO SABIAN TRATAR BIEN A SUS CLIENTES A PESAR DE SUS EXHORBITANTES PRECIOS, todo esto delante de mas de 20 posibles clientes. Me entregaron los resultados AL DIA SIGUIENTE.

    NUNCA vuelvo a ese sitio.

    Es trizte, pero basta volver de unas vacaciones en cualquier lugar de los USA para apenas llegar a la fila para abordar el avion a Ecuador para que saber que uno vuelve a la realidad y que el respeto a los demas ha terminado pra que prevalezca la ley del mas vivo y en muchos casos la del mejor trompon.

    Asi no mas es.

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  2. Fe de erratas:

    Dice: facturaron $3 350

    Debe decir: facturaron $350

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