Libertad
Entre las perlas del discurso en Venezuela (y entre incontenibles aplausos simios, que la transcripción recoge asiduamente): nosotros sí creemos en la libertad. Pero libertad sin justicia (lo decía un decrépito pontífice, ha de ser cierto) es esclavitud. Freedom is Slavery! para los entendidos orwellianos. El ejemplo de rigor: si un "obrero" tiene que escoger entre un "trabajo mal pagado" y "morirse de hambre", ¿qué libertad es ésa?
Antes de contestar a eso, anotemos el dato importante: el neoliberalismo, al parecer, es un sistema político en que los "obreros" no sólo carecen de la opción de dejar de ser "obreros", sino que no pueden escoger entre trabajar en un sitio y trabajar en otro. Por ejemplo, la ayudante de limpieza no puede dejar de laborar en determinada casa para ir a otra donde la tratan un poco mejor. Sólo tienen dos opciones: seguir en lo mismo, o languidecer en el desempleo. ¿Dónde se ha visto eso? (Hmm.) Pero la cosa no termina ahí. En el discurso ante Chávez, Correa acusa directamente al neoliberalismo de favorecer la movilidad, a escala global, de bienes de consumo, pero de "criminalizar" la movilidad de seres humanos (el meme le gusta: lo repitió, dicen, en su rendición de cuentos, digo de cuentas). Me hubiera gustado que eso lo sacara a relucir en alguno de sus viajes a Cuba. Pero curiosamente, cuando va a Cuba (esa "democracia") y pronuncia discursos allí, se le olvida eso de que criminalizar la la emigración es un pecado neoliberal. De hecho, parece no darse cuenta de que el modelo de ese neoliberalismo que tanto gusta de denunciar se encuentra perfectamente plasmado en esa sociedad isleña y aislada: no solamente criminalizan la movilidad geográfica, hasta el extremo de prohibir la emigración salvo bajo custodia gubernamental, sino que ahogan cualquier atisbo de movilidad social: el obrero, obrero ha de ser siempre, y el trabajo que desempeña será el que el gobierno le destina: sin más opciones, y ojo, sin rechistar. De modo que uno se queda dudando qué será lo que estos señores entienden por neoliberalismo. Lo único evidente es que con el liberalismo ni con la libertad, nada que ver.
Volvamos a nuestras ovejas. El pobre tipo que sólo puede escoger entre un trabajo mal remunerado, y morirse de hambre: ¿qué libertad tiene? Pues depende, supongo, del modelo económico que rige en su país de residencia. Si es un país como éste, como Ecuador, donde oficialmente su penosa situación no existe (La Patria Ya Es de Todos, ¿recuerdan?), y por tanto el tipo mal remunerado, el titular del McJob en cuestión, goza del estatus algo humillante de ser una no persona, una no estadística, pues relativamente poca libertad tendrá, y eso porque para mantener la ficción de que la "explotación" es cosa del pasado, se habrá ilegalizado el trabajo por horas, por tanto, no podrá hacer siquiera horas extras en ese o en otro lado para ahorrarse algo más que le ayude a sacar cabeza. Además, existirá toda una serie de trabas legales y burocráticas que dificultarán su búsqueda de un empleo más digno, pues el contrato entre empresa y trabajador, en lugar de ser un acuerdo entre dos partes, habrá pasado a ser entre tres, una especie de matrimonio a la antigua con el Estado como vieja chaperone, ansiosa por evitar cualquier "abuso" que afecte a la honra de su protegida, quien como suele ocurrir en tales casos se muere por ser dejada en paz, y que vengan abusos. Deseémosle, entonces, la suerte de vivir en una sociedad donde podrá tener libertad para buscar otro empleo, suplemento o reemplazo del anterior, donde posiblemente también ganará poco, pero por lo menos un poco más que antes, o que ofrezca mejores condiciones... y donde, algún día, hasta podrá establecerse por su cuenta, con el modesto capital fruto de sus ahorros, o de los de sus padres o abuelos.
Es decir, todos somos capaces de imaginar una situación de poquísima libertad, donde las únicas alternativas sean igualmente malas... pero la naturaleza, tanto la humana como la social, es más generosa que eso, pues en la práctica y en la ausencia de una fuerza humana coercitiva siempre hay alternativas más prometedoras que las que nos restregan en la cara (aunque algunas personas, por pereza o por otras causas, no nos aprovechemos de ellas): siempre, eso es, a menos que venga alguien con un Plan para estropearlo todo, para ponerle bloqueos a la movilidad humana tanto horizontal (geográfica) como vertical (social). Claro: se necesita un talento especial para crear esa situación, casi inexistente en la naturaleza, en donde realmente no haya dónde elegir... y desde luego, ese talento ha de ir acompañado por una Visión maravillosa y utópica, de un País de Nunca Jamás en que todo el mundo será ganador, y donde, en consecuencia, no habrá por qué escoger, ni por qué ser libre. Luego, bajo el lema de la Igualdad, se irán aboliendo alternativas: todos los que no demuestren ser aptas para todos. Y al final, llegamos a Brazil. No el país, malogradamente, sino la película de Terry Gilliam (soy incondicional suyo, espero que no se me note demasiado), donde el único héroe será ese electricista que no trabaja para la compañía estatal, sino que entra pintorescamente por la ventana y realmente sabe arreglar cosas. Pues el tribalismo tiene ese inconveniente: no descubre, no innova, con su inmovilismo se autoimpone fecha de caducidad. A no ser que algunos, ante la disyuntiva de "servilismo o exilio" escogen el exilio, esa supuesta muerte de hambre, que a veces resulta ser muy otra cosa: el descubrimiento de tierras más fértiles al otro lado de la colina. (Algunos reportan el hallazgo: a otros, comprensiblemente, no les da la realísima gana).
(Yo mismo, ante ese "trabajo horrible o morirse de hambre", un par de veces en la vida he escogido morirme de hambre: en los dos casos, en poco tiempo tenía un trabajo mejor que el anterior. Habrá ayudado, supongo, el haberlo buscado.)
Ah, pero lo que nosotros ofrecemos es mejor que eso. Nosotros estamos por trabajos dignos, bien remunerados. Estamos a favor de que la gente viva bien. Queremos que tengan la posibilidad de elegir ir al ópera o al cine. Queremos educación de calidad, sanidad para todos...
¿Y quién no? Por favor. Las buenas intenciones no hacen héroes. Decir que ante la disyuntiva "pobreza o muerte" es preferible que la gente tenga que escoger entre "riqueza, pobreza o muerte", donde "riqueza" sea ese estado bienaventurado de tener todas las necesidades básicas cubiertas, y tal vez algo más, es decir una obviedad, y echarse flores por desear que las personas sean "ricas" es el colmo del infantilismo. Pero aun así, no está nada claro que en el segundo escenario la gente tendría más libertad. En ningún diccionario consta que libertad signifique disfrutar de un buen nivel de vida, o tener plata como para, digamos, ir a cenar en Pizza Hut en lugar de comer arroz en casa. Libertad, en lo político, es otra cosa: se ha definido tradicionalmente como "ausencia de coerción": y ya se sabe, todo intento de conseguir que todas y todos tengan plata para ir al Pizza Hut ha acarreado siempre muchísima coerción a todos los niveles. No importa: somos libres de despreciar tal libertad si entendemos que sin ella, posiblemente, quedan mejor cubiertas nuestras necesidades o las del "pueblo". Podemos predicar la falta de libertad como necesario corolario de una mejoría del nivel de vida colectivo, y poner a prueba nuestra teoría por encima de los aullidos de los más directamente afectados. Eso, en un político de la ideología de Correa, sería lo honesto. Pero no lo hace. De modo algo patético, como atraído a pesar suyo por el brillo de esa mágica palabra libertad, intenta redefinirla para que quepa también en su discurso.
No cabe. El asistencialismo no es libertad. Si lo que se propone es sustituir por "trabajo mal remunerado, o morir de hambre" la nueva opción "bono del Estado, o morir de hambre", dejemos de hablar de libertad y empecemos a hablar del tema de verdad: de la perennización en el poder de un gobierno chantajista, que en vez de explotarnos a cambio de un misérrimo sueldo, exige nuestro voto a cambio de sesenta dólares, arreglándoselas mientras tanto para que no tengamos más posibilidades de subsistencia.
Ser neoliberal no sé qué demonios significará (cuando por fin conozca a un neoliberal, se lo haré saber), pero ser liberal no es desear que la gente no tenga un trabajo bien remunerado, sino todo lo contrario. Es confiar en que lo podrán tener, en números crecientes, mediante su propio esfuerzo e iniciativa, con tal de que ningún gobierno se les interponga en su camino de progreso. Es, también, desconfiar de la alternativa facilista de las ideologías redistributivas a ultranza como camino al mismo fin, basándose tal vez en el hecho notorio de que tales ideologías han demostrado, por lo general, producir solamente pobreza y mayor falta de alternativas. Si se sacrifica la libertad, mejor que sea para algo más atractivo que pasar los fines de semana escuchando discursos del Comandante.
Leí ayer esta pieza desde el teléfono y has dado en el clavo: los políticos de toda ralea y pelaje siempre exponen esas absurdas disyuntivas: o yo o el diluvio, juegan con el miedo y la inseguridad de la gente llena de complejos bobos. Sigo pensando que es un tema educativo: todo el sistema educativo mundial se encarga de potenciar BORREGOS, taimar espíritus rebeldes para que encajen en el rebaño. Somos pocos los que tenemos la fortuna, o las ganas, de quitarnos la venda y hacer deconstrucción de toda esa carga "educativa" para enfrentar tanta infamia.
ReplyDeleteEn fin, que de nuevo, gracias por iluminarnos.