El túnel

The Great Escape, con un inolvidable Steve McQueen burlando a sus persecutores nazis en moto. La serie Colditz. Ahí se me para la memoria, pero no sin antes susurrarme que pasé gran parte de mi infancia viendo películas en que se trataba de escaparse de algún Stalag. Pido clemencia y comprensión de parte del lector.

El actual Escape Plan: mi esposa se va a Londres a finales de este año. Yo le sigo un año después, caso de encontrarme, sorpresivamente, todavía vivo, y sin haberme casado mientras tanto con el esqueleto de un diplodocus, en alguna de esas catastróficas borracheras a las que los Rodríguez les son propensas. Aún no se sabe si la construcción de un túnel será parte necesaria del proyecto. Por si acaso, estoy coleccionando artículos del Telégrafo. La idea es quitarles la grasa de encima, con espátula, y utilizarla para crear velas improvisadas que me alumbren el camino hacia la salida.

No, en serio. Si ustedes ya digirieron el desayuno y no padecen diabetes, echen una mirada a esto. ¿Alguna vez vieron tanta grasosa adulación, tanta almibarada untuosidad? La cosa llega al punto que me encuentro obligado a desempolvar el manual de mediación cultural, y postular una diferencia fundamental entre el concepto de dignidad que se maneja en el mundo anglosajón y lo que con la misma palabra, y con inexplicable complacencia, se expresa acá. A título de analogía: ya vimos en otro post que entre "mentira" y "lie" hay un gran trecho, a pesar de los diccionarios, pues mientras el "liar" dice cosas que él mismo sabe son inciertas, el "mentiroso" es, en la mayoría de los casos, un simple equivocado. He comprobado una y otra vez y más allá de cualquier malentendido posible, que efectivamente, en Latinoamérica es "mentira" cualquier afirmación que se pueda demostrar como incierta, aunque haya sido hecha con absoluta y demostrable buena fe: y sinceramente, creo que este hecho lingüístico debe ser ampliamente difundido y comentado, pues su debida comprensión subsanaría muchos conflictos: el que te llama "mentiroso" no está poniendo en duda tu honradez ni tu sinceridad, sino simplemente la verdad de lo que afirmas o la fiabilidad de tus fuentes.

Pues del mismo modo, empiezo a pensar que acá, dignidad significa algo completamente diferente de dignity: hasta diría que es, en la práctica, su antónimo.

Veamos. Cuando se dio ese cruce de palabras entre Correa y Obama, entre mis conocidos fue universal la percepción de que Obama "le puso a Correa en su lugar" con ese comentario sarcástico al estilo de "no tengo el talento de usted, señor, como para saber distinguir entre la buena y la mala prensa". A mí me parece una respuesta adecuada, no brillante, pero adecuada, "digna" diríamos, y eso que sabemos que Correa es incapaz de detectar cualquier ironía, y a pesar de que Obama me merece el calificativo del segundo peor presidente que ha padecido EEUU en algo más de cien años, pero eso ya es otra historia. La cuestión es que busco en vano entre todos los pronunciamientos recientes de Correa algo "memorable" o "contundente", en palabras de la autora Melania Mora Witt, como para justificar un artículo tan desvergonzadamente lamebotas. Y es que no hay nada a que agarrarse; pero aunque lo hubiera, la pregunta tendría que ser: ¿qué hace una articulista de un diario elogiando a un presidente del gobierno? ¿No se da cuenta de que a los poderosos (y creo que por consenso general, Correa merece tal calificativo) una persona digna nunca, nunca, bajo ningún concepto los elogia, y si lo hace, pierde gran parte de su dignidad? (Y peor siendo mujer. Llámenme anticuado si quieres, y sexista, que soy ambas cosas sin lugar a dudas, pero no puedo evitarlo: a mí me choca tremendamente que una mujer le dirija palabras de elogio a un hombre, cuando el papel tradicional de la mujer es vituperar y condenar y menospreciar sin ambajes a todo representante del sexo masculino, "poderoso" o no. Si la adulación en los hombres es feo, en las mujeres resulta sencillamente nauseabundo) Ya en otro lugar vimos como acá, "dignidad" es algo que se puede dar o repartir (hasta hubo una campaña del gobierno con ese nombre, "campaña Da Dignidad", ¡en serio!), y si comparo el uso de esta palabra en todas las fuentes locales a las que tengo acceso, se ve que aquí, "dignidad" llega a significar algo así como "humilde sumisión a los poderosos, o vistosa dependencia a los mismos". Si el gobierno quiere enseñarnos dignidad, saca en cadena a un montón de pobres de sonrisa desdentada que alaban a los ladrones que les quitó su dinero y destinaron una parte del mismo a la construcción de carreteras que muchos entre ellos no tendrán nunca ocasión de usar. Eso es dignidad acá. Ya caí en cuenta.

En otras partes del mundo, y lo digo simplemente para apuntalar el contraste, significa prácticamente lo contrario. Una persona digna depende de sus propios esfuerzos, no de dádivas. A una persona digna nunca se le ocurriría dirigir aceitosas palabras de adulación a un "poderoso". No solamente porque no tiene necesidad de ello, sino porque su escala de valores se lo impide. Así de simple.

A quien tenga el proyecto de venir a vivir en Latinoamérica, habiendo residido previamente en Europa, digamos, o en Norteamérica, le prometo que esto va a ser el mayor "culture shock" que experimentarán aquí: comprobar la ubicuidad de la adulación, del servilismo, de la lambonería. Cosa que, por mucho que uno intenta adaptarse, te deja con una sensación de nausea residual que te acompaña por doquier. La verdad, es algo muy difícil de soportar, y más a largo plazo.

Si viene como profesor, no faltará aquella alumna que se le acerca al final de la clase para rogarle, con ese insoportable tono entre plañidero y obsecuente, que le "ayude" con "algunos puntitos", porque éste es su último año, porque su mamá está en coma, etcétera. "No sea malito". Luego, en el diario, verá al Maduro pidiendo a Obama que "no sea malito" y descongele los millones de dólares mal habidos que algunos funcionarios bolivarianos, con previsión de la eventual ira del pueblo, habían depositado en bancos estadounidenses.  Tal vez apartado especial se merecería esta extraña y novelesca relación entre algunos países de la región y EEUU, en donde aquéllos se resisten, a pesar del siglo en que hemos entrado, a dejar en paz esa supuesta relación "tutelar" (en palabras de la misma articulista), que mantienen viva precisamente a base de denuncias carentes de fundamento en la realidad.

Alguien les debe de explicar a esos políticos que la soberanía es algo que no se pide, peor a gritos: se conquista viviéndola.

Y ahí llegamos a mi experiencia de ayer: un día de inducción o de integración (¡intégrame otra vez!), en fin, una de esas pérdidas de tiempo a que te someten en determinados trabajos. La cosa empezó tan mal como de costumbre:

"Como profesores, nuestra labor consiste en preparar a los estudiantes para servir al país".

No prometo que sea cita textual, salvo las tres últimas palabras, que me causaron instantáneamente una profunda angustia. No creo que sea para menos: tampoco creo ser el único profesor que considere que su labor consiste precisamente en preparar a los estudiantes para no servir al país, y de hecho, para no servir a nada ni a nadie que no sean ellos mismos, porque en eso consiste la gloria del ser humano, que es (o es capaz de verse como) un fin en sí mismo, no un medio para ser explotado por otros. ¿"Servir"? Aunque le des el significado blando de "ser útil" y no necesariamente de "sacrificarse", a mí me parece que un profesor que prepare a su alumno para "ser útil" está traicionando a su profesión y a su vocación, pues tal papel no se diferencia en nada de lo que hace todo el mundo, todo el tiempo, sin necesidad de títulos ni de experiencia, es decir, aprovecharse de las personas en beneficio propio, o en beneficio "del colectivo", poco importa. Del profesor, en cambio, se le espera algo diferente: la capacitación necesaria para que el estudiante aprenda a servirse de su entorno en pos de sus propias metas, que pueden ser todo lo altruistas que se desee, pero que en ningún caso el profesor está llamado a definir ni a dictar, so pena de quedar como violador ideológico, que es el peor tipo de violador que hay.

De modo que me sentí chocado y perturbado en lo más profundo al escuchar que mi misión como docente era, aparentemente, moldear a seres humanos para que "sirvan", y no solamente eso, sino para que "sirvan" a un ente tan irrelevante, trivial y ridículo como "un país", que a fin de cuentas no es más que un conjunto de líneas imaginarias dibujadas sobre un mapa y regularmente invocado por inescrupulosos políticos en provecho propio. Levanté la cabeza y miré en mi alrededor. Todos los presentes, embelesados, algunos con leves asentamientos de cabeza. Fue cuando se me ocurrió la metáfora del túnel.

Como profesor en una institución pública, estoy condenado a cumplir con el papel, mientras que en secreto y a tres metros bajo tierra, socavo como puedo y a cucharaditas de arena esta tiranía en que nos han colocado. Como muchos de mis compañeros supongo.

Buscando una liberación tanto ajena como propia. Una liberación que en el mejor de los casos será parcial y momentánea. Tan fugaz que muchos dispositivos no lo podrán registrar.

Así que "servir al país", eh. Dicha obscenidad se completó esta mañana con el artículo de JM Ruiz Navas en El Universo, donde insiste en que el candidato ecuatoriano para presidir la Corte Interamericana de Derechos Humanos hubiera dicho lo siguiente:

Ya no se debe hablar de derechos individuales, sino de derechos colectivos.

No estoy acostumbrado a fiarme de la palabra de un prelado de la Iglesia, así que busqué una referencia en Google, y me topé con esto. Al parecer, es cierto. Ecuador está postulando a la Corte de Derechos Humanos a un candidato abierta y desvergonzadamente fascista. Un poco como si un grupo de católicos postularan a un ateo para Papa, se diría: supongo que tal obscenidad no puede prosperar, pero sin embargo, es elocuente sobre la dirección que tomamos. Apenas falta que Correa celebre abiertamente la "vuelta" de una sangrienta dictadura "al redil de la Patria Grande". Ya vemos en qué dirección el viento sopla. Por eso mis exacerbadas ganas de, simplemente, salir de aquí. Toda vejez, por enferma que sea, se merece, creo, algo de tranquilidad.



Comments

  1. Efectivamente, son oscuras las nubes en el horizonte y si bien solo garua, no hay como creer que lo que se avecina no es catastrófico.
    No poseo tu vida y experiencias, así que es difícil pensar o sentir otra cosa que calor de hogar en Guayaquil. Viajando, siempre acabo extrañando este, mi hogar.
    Aunque ahora no sea lo que fue y mi más preciado tesoro, decir y hacer lo que puta me dé la gana, esté por lo pronto perdido, no deshecho la esperanza de ver días mejores; sin embargo, tal cual tú dices, no hay derecho a pasar tus últimos días o años de otra manera que no sea tranquilamente.
    Es una cosa curiosa, como en casi todo el mundo el inmigrante es mal visto y maltratado; pero en este raro país, durante tanto tiempo ha sido lo contrario. Bueno, incluso eso he visto lentamente cambiar con profunda tristeza.
    El tiempo te ha dado más de lo que creías y espero que siga siendo generoso contigo, aquí, allá o en cualquier parte. No sé en otros lados, pero aquí, son pocas las personas capaces de vivir su vida tan fielmente sin acabar rindiéndose ante lo material. Lo urgente.
    Todas esas oportunidades perdidas, esa vida desaprovechada, puede ser una carga, pero yo lo veo como una medalla, un trofeo a lo inquebrantable de ciertos espíritus, capaces de ver el abismo y aun así, lanzarse por no querer saber lo que es someterse.
    Gracias por iluminar donde hay penumbras.

    ReplyDelete

Post a Comment

Popular posts from this blog

Odio

Relaciones diplomáticas

The OK Salvadoran