¿Existe el lgbticidio?

Imagina que uno de esos viejos dinosaurios de la política ecuatoriana, me refiero a tipo Álvaro Noboa, los que viven en blanco y negro y andan por todas partes acompañados de Carmina Burana, ésos pues, imagina que uno de ésos llegara a presidente (no te rías: si el Trump sale candidato allá, todo es posible) y nada más acceder al puesto propusiera una ley según en cual en la cédula de identidad tiene que salir:

RAZA: B/N (tacha donde no aplica)

¿Cuál sería la reacción más previsible, tanto entre la beautiful people actual como entre los ciudadanos sempiternos y hambrientos? Fácil, ¿verdad? Y he aquí quë* las columnas de opinión se llenarían de voces pidiendo sensatez y reflexión, y señalando los siguientes ineludibles hechos y argumentos:

1. La "raza" es una construcción social, de funesto historial y nula utilidad práctica (salvo para la policía). La ciencia genética humana no conoce de razas, sólo de genotipos y fenotipos (ayer mismo me enteré de que hasta en 1950 la UNESCO ya estaba pidiendo que el término dejara de usarse a favor de, pongamos, "grupo étnico"). Clasificar a la gente por "razas", a estas alturas, sería tan anticientífico como hacerlo por signo del zodíaco.

2. La inclusión de "raza" como dato de identificación para lo único que serviría sería para perpetuar viejas esquemas racistas, coloniales, discriminatorias. Tener indicación de "raza" en la cédula sería tanto como querer reavivar el apartheid sudafricano. Impensable.

3. En todo caso, una clasificación racial binaria (blanco, negro o no sabe) luce un poco absurdo en un país mayoritariamente mestizo. El ojo humano puede distinguir alrededor de diez millones de colores. Aun irrespetando a la minoría verdosa (el Hulk, v.gr.), son todavía unos cuantos millones de tonos perceptibles que puede lucir la piel humana, por efecto combinado de la sangre, la melanina, la gota, la ictericia, los mamporros, los carnavales ecuatorianos, los laboratorios de Maybelline, los salones UVA, y sobre todo, aquellas gozosas prácticas que otra generación de puritanos norteamericanos dieron en llamar miscegenation. Aparte, si alguna vez divisas en el horizonte a un hombre blanco, verdaderamente blanco, y ése camina, ponte a correr: he's after your brain.

4. Quien propone este cambio en la cédula es un carca fascistoide.

Bueno, este último ad hominem luce un poco patético a la cola de tanta argumentación sólida, que no lo necesita para nada; pero lo incluyo porque creo que para la beautiful people de la RC, es el único argumento que realmente cuenta. Quiero decir que si quien propusiera este cambio en la cédula fuese, en lugar de dinosaurio de la "vieja derecha", un gorgonópsido de patas limpias, corazón ardiente y dientes afilados, de repente los demás argumentos darían un volte-face, y rezarían así:

1. La "raza" es una construcción social, y por eso mismo es importante. Raza y etnia a efectos prácticos son lo mismo. Forma parte de la identidad de la persona, y enriquece la diversidad del país.

2. La inclusión de "raza" ("etnia", si insistes) como dato de identificación es importante para reivindicar la identidad de grupos históricamente marginados. Claro que no vamos a ser deterministas biológicos: cada cual podrá escoger la etnia con la que mejor se identifique, al igual que con el tema del género. De tal forma que la marginación histórica ya será de todos.

3. Si bien es cierto que hay muchos colores, quien no guste de identificarse con alguna opción predeterminada podrá identificarse como "cromáticamente fluido", al igual que con el género. No se diga que no damos opción para todo.

4. Quien propone esta novedad progresista es una Mente Lúcida. ¡Tachán!

Con esto, no quiero dar a entender que el correísta de tropa sea un irreflexivo que se traga cualquier afrenta al sentido común con tal de que venga salpicada de los buzzwords de rigor (lo es, pero no viene al caso ahora). El lector sagaz habrá notado que los dos lados de ese debate felizmente hipotético encarnan dos puntos de vista enfrentados, que en otras muchas ocasiones hemos señalado como basso ostinato a tanta musiquilla como escuchamos, que son, respectivamente, individualismo y colectivismo. Quien piense primero en el pobre e infeliz individuo condenado a cargar un documento de identidad donde viene especificado su color de piel, como si el dato realmente sirviera para algo, es individualista, lo que quiere decir que piensa en las personas. Quien primero piense en el grupo históricamente marginado y su relación de prometeica rebeldía contra el grupo opresor, y la conveniencia de echarle una mano al grupo en cuestión a cuenta de los individuos, que total sólo son peoncillos, ése es colectivista. Cada uno que lance sus dados en el color que quiera. Les jeux son faits, mesdames &c.

Y bueno, ya lo dije enantes, si soy individualista es porque, en el fondo, soy a bear of very little brain, que apenas logra bombear sangre por este pobre cerebro sin ponerle como obstáculos tanta disonancia cognitiva como tiene que cargar el colectivista a diario: no sé de dónde sacan la energía. Siendo colectivista, uno tiene que creer en la libertad de expresión y en la conveniencia de la censura, tiene que creer en los derechos humanos pero no tanto como para no estar dispuesto a pisotearlos a cada rato, tiene que creer en la privacidad pero no para Mossad Fonseca, tiene que creer que el racismo es malo pero las cuotas de razas son excelentes, que el género no tiene bases biológicas pero que el transgénero es víctima de un equívoco biológico, que los asesinos psicópatas son malos pero que Che Guevara fue un héroe, que un viejo dictador puede servir de modelo para demócratas, etcétera, en fin, ya les digo, yo no aguantaría. Por eso he escogido la descansada vida, la del que huye el mundanal ruido. Me sirve.

Lo malo de ser individualista: verle la cara, a ella, a la persona, a la que tú sabes, y contemplar como, al igual que en el Macbeth de Shakespeare, la historia de desfila por sus ojos. Ella no es ella, es todos esos "grupos", esos recuerdos, esos arquetipos, esos deseos, esos viejos amores que ella fugazmente encarna. Es tener que decir no a tanta proyección, a tanto algoritmo de reconocimiento de facciones, no. Es ahondar, es lanzarse al pozo, el rasgar el velo de lo reconocido y reconocible, es aterrarse ante lo desnudo de la persona y lo obsceno de la asociación instantánea fotografiada y expuesta.

Hoy en el Universo, Iván Sandoval, ese notorio empleado de la CIA y adorador de Satanás, se atreve a preguntar si existe el androcidio, o séase, si hay gente en el mundo que mataría a un hombre por ser hombre... pero no antes de insistir en que "la tipificación del feminicidio es un logro simbólico importante". Lo será, pero tan sólo para el colectivista irredento, y voy a decir por qué.

Primer punto: los espectadores nos quedamos musitando, durante el preestreno, deseosos de saber cómo chucha se iba a demostrar el mens rea, en caso de que el acusado se negara a decir, servicialmente: "oye, yo la maté porque era mujer, así que deme tres años más de cárcel, porfa". Ahora esa cuestión se ha aclarado, en un caso notorio por lo menos, del cual tengo conocimiento gracias a la Prensa Corrugta. Sucede que las mentas lúcidas de la actual judicatura están dispuestas a dar por sentado que un hombre que mata a una mujer, a falta de otra razón demostrable (llevaba cartera atestada de billetes y opuso resistencia, v.gr.) lo habrá hecho siempre pues por eso, porque era mujer. No, no lo dijo él, pero ¡obvio! ¿Qué más motivo necesitaba? Lo cual, y siento ser el que lo diga, pero alguien tiene que decirlo, no hace más que asentar la idea demencial de que "ser mujer" es una razón válida y razonable para matar a alguien. Repito: un hombre que mata a una mujer, en la mente de unos de esos jueces, no puede haberlo hecho porque ella era abogada, o porque era bizca, o porque era Piscis, o porque era abstemia, o porque desafinaba cuando cantaba, o porque sus zapatos no hacían juego con su cartera, o porque alimentaba a gatos callejeros, o porque era incondicional de Joan Manuel Serrat. Nada de eso sirve, son razones tontas. Nadie mata por esas cosas. Pero ¿matarla porque era mujer? Eso tiene perfecto sentido. Al fin y al cabo, ¿quién no ha deseado alguna vez aniquilar a todo miembro del sexo femenino que se le cruce en su camino? Por fin hemos topado por un motivo creíble. En palabras de una conocida oración de la ortodoxia judía: Gracias, Todopoderoso, por no haberme hecho juez.

Segundo punto: ¿Qué importa el motivo de un asesinato, una vez consumado? La mató, queriendo. Su familia llora. Que vaya a la cárcel el tiempo que quieras, no me pondré a discutir (para eso está José María), pero ¿hacer distinciones por cuestiones de motivo? ¿A quién ayuda eso, exactamente?

Ah, me olvidé. A "un grupo". Un grupo de ésos históricamente marginados. Ya veo. A una abstracción.

Tercer punto: quienes han dicho "femicidio" hasta ahora han resultado ser todas mentelúcidas. Lo cual está muy bien, pero insisto: si la tipificación del femicidio hubiera salido de una mente cristiana conservadora norteamericana, la biempensanteoisie estuviera que salta. Admítanlo. "Otro intento del conservadurismo reaccionario para normalizar, normándolo, el maltrato a mujeres, otro intento de imponer criterios desiguales, otro intento para erigir una patología en algo normal, otra manifestación de paternalismo sexista, etcétera, da capo al fine." Insisto: todo depende de quién lo diga y qué buzzwords utiliza, los hechos y los argumentos ya, a estas bajuras, son lo de menos. Fin de cuentas, ¡argumentar cosas queda tan año pasado!

Cuarto punto, y aquí topo con Sandoval. Él no lo dice, pero de seguro que lo piensa: el cómputo de mujeres asesinadas "por ser mujeres" es incierto, pues salvedad hecha de los Ted Bundys de este mundo, que son bien pocos, apenas no se conocen casos de personas que confiesen tal motivación. Pero el número de mujeres que "por ser mujeres" han evitado de ser asesinadas, ése es mucho más fácil de calcular: simplemente comparas las estadísticas de homicidios de hombres y mujeres, y restas la segunda de la primera, y ahí lo tienes. Porque en todo país el número de occisos masculinos por asesinato es sensiblemente superior, como el mismo Sandoval insinúa, y más cuando hay guerra, siguiendo una vieja tradición que se encuentra detallada en el Antiguo Testamento, con lujo de detalles pintorescos. A los hombres, mátenlos: a las mujeres, eeh, bueno, tal vez no, sobre todo si son guapas... ya veremos (fuente: Every Holy Booke Ever Written).

Y es por eso que no se tiene en pie eso de que ser mujer representa un infortunio, en nuestra sociedad o en cualquier otra. Como digo siempre: miren por dónde va el tránsito. A la Cuba de Fidel casi nadie quiere ir a vivir, y en cambio, muchísimos buscan cómo salir: entonces, es evidente que no es ningún paraíso lo que se tiene allá, y es mejor estar fuera que dentro. Lo mismo: al sexo masculino cuántas quieren ingresar (no es tan difícil, es tomar tus hormonas y lista; el pene y todo eso, window dressing, enormemente sobrevalorado y fácilmente prescindible), y luego, por el otro lado, ¿cuántos quieren salir y nadar hacia la ribera de en frente? And lo, un estimado tomado de la versión 6 de los HBIGDA Standards of Care:

The earliest estimates of prevalence for transsexualism in adults were 1 in 37,000 males and 1 in 107,000 females. The most recent prevalence information from the Netherlands for the transexual end of the Gender Identity Disorder Spectrum is 1 in 11,900 males and 1 in 107,000 females.

Séase: para cada 10 hombres que quieren ser mujer, una solita mujer que quiere ser hombre. Ser hombre es como vivir en Cuba, pues. Peor todavía: es como vivir en Lomas de Sargentillo. Muy deshonestas o poco lúcidas encuentro a quienes pretenden otra cosa.

Tengo que volver a la traducción. Les dejo con la pregunta del título: ¿existe? Omar Mateen pensaba que sí. Bueno, "pensaba", ahí está. El gran error es pensar que antes de apretar el gatillo, el asesino piensa. El gran error es suponer que necesita "una razón", y que tal razón será asequible para ese fantasmagórico artilugio estilo Rube Goldberg que es la mente de un juez. Como si razones fueran algo al lado del caleidoscopio de instintos, de atavismos, de colores, de olores a sangre, de lóbregos patios de luces, de gritos de los vecinos, de miedos y desesperaciones y tragedias infantiles. Como si nuestro mundo fuera ese tipo de mundo que se puede arreglar queriendo.



* Me he levantado un poco mormón esta mañana.

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