Rebajas

Ante la falta de tiempo, estoy condenado a ser prolijo. O tal vez no. Todo escritor sabe que escribir un ensayo de 4.000 palabras es mucho más fácil que escribir uno de 400, a menos que se carezca de ideas, en cuyo caso se recomienda cambiar de marca de cerveza o de whisky. (Yo no bebo, pero porque no hay plata, no porque vea en la abstención una virtud. Será otro día.) Para ser conciso, se necesita tiempo a más de cierto craftspersonship: para ser prolijo, sólo un buen calimocho. En fin. La cuestión es que ese tiempo no lo tengo. Hoy toca una traducción horrible de 18 páginas (no pagada), y es sólo un ejemplo. Si hurgara en mi defectuosa memoria, seguramente descubriría una docena de deadlines impostergables más. Hasta el día de la muerte estaré estresado.

Ante lo cual, a veces pienso que lo mejor sería arrojar las ideas sin más, sin contexto, sin nexo entre sí, sin preocuparme por el hilo argumental, que en muchos casos es lo que se vuelve pesado. Se me ocurre la metáfora de las rebajas de enero, cuando en algunas tiendas de ropa hay una mesa cerca de la puerta donde las prendas se encuentran arrugadas y mezcladas pele-mele, sin que nadie se cuide de separarlas o clasificarlas. Están así porque se trata de una basura barata, rebajada, en muchos casos ensuciada (shop-soiled): pues ahí está, así son mis ideas. Sucias, defectuosas y sin mucho interés, pero por lo menos no cuestan mucho. La metáfora me convence. A partir de ahora, bloguearé en modo rebajas. Que no es lo mismo que en modo La Rouchefoucauld, ojo. Ése sí tuvo tiempo. La diferencia.

Primer punto. Sí, a mí también, al igual que a Iván Sandoval, me seduce a veces ese modo de discurso ex cathedra, también muy favorecido por el actual Presidente de la República. Y es que ¡es tan fácil escribir así! Tan solo es aprender cuatro trucos que te aseguren cierto aire de sabedor (eso que Aristóteles gustaba de llamar ethos) y luego cuatro trucos más para descalificar al adversario de un modo tan indirecto y falsamente tiquismiquis que nadie se da cuenta de que lo que antecede es puro ad hominem. Eso sí, con la edad y la experiencia uno como que se familiariza con el estilo, se da cuenta de que puede servir para cualquier cosa, para absolver a una Soiled Dove o para justificar la tiranía, y te da algo más de vergüenza cuando caes en ello, y difícilmente admirarás a quien lo practique sistemáticamente.

Argumentos, señor, argumentos. Gimme some logos.

Sandoval cree que el sicoanálisis freudiano debe de enseñarse como materia en las universidades. Yo no (salvo tal vez en el contexto de los estudios literarios). Mi razón es sencilla: el sicoanálisis es seudociencia. Sus postulados nunca han sido demostrados empíricamente: muchos de ellos son infalsificables. Y el único argumento de Sandoval resulta ser ése de que hay que ser practicante para conocer el valor de esa disciplina (Jacques Loussier, por tanto, no podría pronunciarse sobre el Heavy Metal: se nota que Sandoval como que anda medio enamorado del Standpoint Theory últimamente.) Con el mismo argumento se justifica la enseñanza de la Teología, la de las famosas NOMA de Jay Gould.

¿O sea que sólo hay que enseñar ciencias? Por supuesto que no. Pero cuando se enseña algo que no es ciencia, se le dice al aula: "esto no es ciencia, esto es especulación, es cuento, es anécdota, es historia cultural, es un hermoso sueño", según el caso. Es decir, para no defraudar al estudiante, hay que dejar claro siempre cuál es la base epistemológica de tu saber. Las teologías, entre ellas el sicoanálisis, defienden una epistemología "alternativa" que sólo ellas entienden. No hacen falta experimentos replicables: sólo hacen falta las ocurrencias entrecortadas de una mujer histérica de Viena del otro fin-de-siecle. Si no entiendes por qué, te falta romanticismo. Acuéstate, deja hablar a los adultos.

Y yo digo, ya acostado: pobre Rivadeneira. Es posible, naturalmente es posible, que cuando le salió el lapsus de "soy Presidente de la República" fue porque soñaba con ese cargo o porque ya se imagina con las atribuciones correspondientes. También es posible que le haya salido un simple equivoco sin más razón de ser que una neurona malcriada (puedo simpatizar). El hecho de que algunos lapsus nos parecen significativos, hasta divertidos, no es más que confirmation bias. Un lingüista sabe que cometemos lapsus intrascendentes unos cuantos centenares de veces al día, sin que a nadie se le ocurra nada al respecto. Un poco de seriedad, señores.

En cuanto al famoso "inconsciente"... Bueno, les cuento que ando con el glaucoma cada día un poco más avanzado. (Será interesante ver quién me llega primero, la muerte o la ceguera.) Síntoma del cual, se te cierra paulatinamente la visión. No ves a los lados. O mejor dicho, si ves, pero lo que ves son sombras, muchas de ellas con fugaz apariencia de animales o de personas, porque nuestro cerebro está programada para interpretar así a las sombras que se mueven: la supervivencia, alguna vez, estuvo en ello. En fin. Cuando algo así te pasa, te das cuenta de cuán maravillosa es la vista humana. Y no estoy hablando de ese "punto ciego" que todos tenemos y que, por lo general, ignoramos. Ése no es el inconsciente: hablo de algo mucho más grande. Hay unos experimentos harto interesantes que demuestran que nuestro cerebro suple datos faltantes, promedia colores, organiza y corrige esos datos crudos suministrados por nuestra retina, hasta se inventa donde no hay información. De modo que: fíate (pero no completamente) de lo que está en el centro de tu visión. De la periferie, fíate bastante menos. Podría no estar ahí. Esas sombras podrían no ser animales. O podrían serlo.

Claro que dudar del "inconsciente" sería una niñería. Pero (cuestión de terminología), yo prefiero llamarlo "ignorancia". Y ésa, Freud no la descubrió. Difícilmente pudo, cuando la ignorancia, el gran conjunto de todas las cosas que no sabemos o que ahora no estamos viendo claramente, el cual incluye casi todo lo que sucede en el cerebro de uno, y de lo que nos hacemos una idea falsa para ir tirando (es un decir), es ese mar en la que salimos a navegar a diario. Y si no hubiera ignorancia, ninguna universidad ni ninguna carrera tendría sentido.

Los conocimientos son pequeñas balsas atestadas de emigrantes. Ofrecer a alguien un saber fraudulento revestido de sofismas es como invitar a embarcar en una balsa que a las pocas millas, se hunde. Es como presentarse a elecciones prometiendo progreso y bienestar. No es de gente. Ahí está.

Cambiando de tema, aunque no completamente: últimamente juego con la idea de que las religiones son simples tribalizaciones sociales. Y lo digo porque, con la mejor voluntad del mundo, no les veo el qué, salvo en eso, que agrupan gente, fomentan flequillos grasosos y acordes de guitarra, buenas ondas y sandías imaginarias. Hace algunos años se quiso inventar una religión de parodia, la del "Flying Spaghetti Monster". Al parecer, ya tiene estatus de fe respetable y perdonadora de impuestos. Bien. Si la del Spaghetti Monster fuera la que tantas guerras había inspirado, y el cristianismo se hubiera ideado como parodia de la misma, ¿alguien vería la diferencia? Quiero decir, los postulados del cristianismo son tan absurdos que se encuentran, técnicamente, más allá de cualquier parodia posible. Tal vez ser imparodiable sea una fuerza, un arma, una ventaja estratégica. Tal vez yo debería esforzarme más en serlo. No lo sé.

Y hablando todavía de religiones:

Resulta, pues, que Iván Sandoval escribe cosas con las que no estoy completamente de acuerdo. Él es, por tanto, obviamente un colaborador de la CIA.

En serio: hasta da algo de terror toparse últimamente con artículos como éste. Y también, algo de incredulidad cuando uno se da cuenta de lo poco que se entiende acá sobre el funcionamiento de la democracia política. Esto por ejemplo:

Esta realidad aterrizada a la de Ecuador, se ve reflejada en las plataformas digitales como páginas web y redes sociales, en donde no sería coincidencia que “nunca” se encuentre nada positivo del Gobierno Nacional. En este sentido, el experto invitó a reflexionar sobre si lo que se vive en el país es una oposición democrática o desestabilizadora. “Hay 2 clases de oposición en el Ecuador: una democrática que critica de manera constructiva y otra desestabilizadora articulada a los intereses de los Estados Unidos”.

O sea que si no dices por lo menos algo "positivo" del Gobierno Nacional, ipso facto eres un topo de la CIA, un traidor a la patria, etcétera. Es un poco como si uno trabajara en el departamento de Atención al Público de una empresa, y se quejara de que nunca le llaman para felicitar el gran trabajo que hace la empresa. ¿Cómo lo digo? Dentro de sus atribuciones o responsabilidades constitucionales, se supone que este gobierno, como cualquier otro, hará algunas cosas bien. Tal vez lo haga casi todo bien. Eso no importa. Si nuestros gobernantes hacen las cosas "bien", será porque cobran por ello unos salarios impresionantes. No se espera menos. Es su puto trabajo hacer las cosas bien, chucha. Nadie en sus cabales, o que no esté preso de narcisismo galopante, espera ser felicitado por hacer su trabajo. Como profesor, yo no espero que antes de salir del aula, los estudiantes se me acerquen para decir "¡qué maravillosa clase es la que usted acaba de dar!" Si lo hicieran, me los apuntaría mentalmente como lambones desvergonzados y repelentes, y andando. Así es la realidad.

La crítica, en el mejor de los casos (pocos, lamentablemente), ayuda. La lambonería no sirve nunca para absolutamente nada. Pensaba que eso era obvio.

Se me acabó el tiempo. Traducciones y maduro frito. Un poco de queso, tal vez, de ése baboso, traído del Mercado de Durán.

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