Lo que no se menciona

Muy rápidamente (porque un escritorio cargado de trabajo me espera):

Sí, el Reino hUnDido está en capacidad de hundirse todavía más. Que su clase política perderá "influencia", tanto con EEUU como con Europa, parece lógico e inevitable. Pero yo me pregunto: ¿de qué le ha servido tal influencia? No se me ocurre un solo ejemplo de que esa supuesta influencia le haya servido al mundo para algo positivo en los últimos 43 años (más bien, los perritos falderos que el RhU gusta de elegir le han servido a EEUU para vender, dentro de Europa, sus locuras bélicas. El R.hU. ha sido, entonces, una influenza más que influencia: callado se ve mucho más bonito). Por otra parte, a corto y aun posiblemente a medio plazo, dificultades previsibles con las exportaciones, sobre todo a Europa y posiblemente a otras zonas. A largo plazo, depende. Si la Unión Europea se cae en pedazos con más exits, como es de esperar (alguien tenía que marcar el camino de salida; ahora, otras poblaciones llenas de insatisfechos seguirán el mismo camino; hasta los mismísimos franceses, que siempre han sido los más beneficiados por el arreglo, están hasta los mismísimos ahora), el haber sido de los primeros en descubrir el mundo fuera de las rejas será una ventaja hasta comercial, y no se diga política y económica. El Brexit es una estrategia a largo plazo, a mi ver, sensata. Con lo único que apuesta es con la continuada obsolescencia y declive de la UE, o sea, con algo que ha sido patente a lo largo de los últimos 15 años por lo menos. El que las ratas abandonan los barcos que se hunden habla mucho a favor de la inteligencia de las ratas.

Claro que no dirías eso al ver las portadas de los diarios.

Se nos pinta el Brexit como un reflejo xenófobo ante la inmigración. Claro que algo hay de eso: gracias, Nigel. Pero lo curioso es que nadie menciona un factor sin el cual difícilmente hubiera sido posible la mayor votación a favor de algo en toda la historia británica: el factor democracia, o si quieres llamarlo así, soberanía. Como dije hace algunos días, el voto por el Brexit ha sido el voto a favor de poder seguir votando. Siendo ese "poder votar", en este caso, la única piedra que le queda a David (en este caso, la clase trabajadora británica, la que votó por la salida) frente al Goliat de la burocracia neosoviética. Porque en el proyecto europeo, el famoso "déficit democrático", o sea, el hecho de que todas las decisiones, tanto importantes como intrascendentes, siguen siendo tomadas por personas por las que nadie ha votado y que han jurado solemnemente no representar a nadie, no es un problema pasajero y secundario que espera, paciente, ese toque de timón anhelado: forma parte de la esencia del proyecto. Una Unión Europea verdaderamente democrática no duraría más que tres días. Es prácticamente una contradicción de términos.

Por lo cual, el hecho de que nadie, ningún editor, ningún político (salvo ese payaso de los campos de golf), ningún personaje influyente ha felicitado a una población camino a liberarse del yugo neosoviético nos debe servir de reflexión. Estamos en un mundo donde el poder decidir uno mismo sobre las cosas que le afectan a uno mismo se ve desde la clase política, desde la academia, desde el periodismo mismo, como una afectación o un capricho o un estorbo. Nunca antes ha sido tan universalmente aceptada la ideología de la planificación desde arriba, la de los filósofos-reyes, la neosoviética en fin. Por eso, hablar de democracia es hasta una salida de tono social. Triste pero comprobable.

Por mi parte, en cuanto disponga del precio de una botella de algo, voy a celebrar a lo grande.

Update: me olvidé. Miren esta foto. Si no ves algo muy raro, es que tienes menos de cuarenta y cinco años.



¿Qué ves ahí? No, pero ¿qué ves? Bien: un hombre en medio de la calle con un mueble ridículo que él mismo ha arrastrado ahí. Y una mujer, separada de él por una distancia que sugiere, o bien el efecto alienador de una transpiración axilar incontrolada, bien el deseo de disociarse del sujeto en cuestión ("no, yo nada, sólo pasaba por aquí, no sé quién es ese tipo"), bien el fallout de una furiosa discusión doméstica. A mí lo que más me habla es ese mueble. Supongo que lo llamaras atrio. Y es aquí donde entra el tema de la edad, pues yo recuerdo un Reino hUnDido donde, si cogías un mueble, sobre todo un mueble ridículo, y lo arrastrabas hasta la media calle, venía un policía y te hacía varias preguntas tendientes a establecer tu nivel de cordura o enajenación mental. Y en ese Reino hUnDido que recuerdo, no importaba si tu casa era el número 10 o cualquier otra, ni si ostentabas el cargo de Primer Ministro u otro, o ninguno: pues un mueble ridículo es un mueble ridículo sea de quien sea, y entorpece igualmente el tránsito. Lo que parece haber sucedido en mi ausencia de dicho país, es que esos inefables imbéciles que se tiene ahí por políticos han visto que el Presidente de EEUU dondequiera que vaya carga con uno de esos atrios, y han visto que cuando él se coloca detrás de uno de esos atrios parece la mar de importante, y statesmanlike, y la gente le hace mucho caso: entonces han decidido no ser menos, y han mandado construir algo parecido. Pero tan imbéciles han sido que no se han percatado que el Presidente de EEUU cuando se pone a hablar detrás de su atrio, siempre tiene cuidado de encontrarse en un recinto cerrado, con cortinas de terciopelo y luces de 2.000 vatios y parlantes y alfombras y sillas para los periodistas. El man no iba a ser tan gil como para arrastrar el atrio a la media calle y ponerse a hablar ahí. Eso les pasa por la vanidad. Pero lo peor es que la gente se lo consiente.

Insisto, hay una evolución acá. Winston, sin mueblería. Maggie, con una especie de atrio pero nada statesmanlike, probablemente robado de una escuela cercana, y situado en la vereda, como mandan las leyes de tránsito. Y luego Dismal Dave, haciendo el payaso en media calle. Y la gente lo ve normal, porque no conoce otra cosa.

Bah.

Les dejo con el siempre lúcido Dragons O'Kafka, para explicarles mejor que yo pudiera hacerlo qué nomás se puede decir sobre esa nueva interpretación de la democracia plebiscitaria (no tan nueva, en realidad: los de la Comisión Europea son maestros en ello) que consiste en seguir haciendo el mismo referendo hasta que saques el resultado que quieras, y ahí nomás.



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