Stranger in Panama



No se pierdan la actuación cameo de la gallina Matilde, alrededor de 1:17, a quien, aparte de suministrarle una buena dosis de Valium, le pegaron unas tiras de ticker tape en la cola para simular no sé qué especie de ave exótica, con resultados, digo yo, tirando a louches, pero en materias ornitológicas soy un poco hipersensible. En fin. No sé si con algo así soñaba Tati anoche cuando se le dio por escribir de paraísos (celestiales, terrenales y fiscales); el invento del pájaro con cola de ticker tape no desdoraría para nada su fantasía del "edén capitalista", la cual me hizo reír un buen rato, tanto, que no sé si hago bien en romperle el encanto con la triste noticia de que "paraíso fiscal" no es más que una mala traducción. "Haven" no significa cielo, ni paraíso siquiera, sino refugio. Pero esa idea delirante de que en Ecuador hay nada menos que 1.850 personas que por un dólar lanzaría una bomba atómica sobre una ciudad, y que cree que los bancos son templos merecedores de genuflexiones y que los billetes de cien van al cielo, resume la brecha no diré ideológica sino de percepción que existe entre mí y la beautiful people de la RC. Para ellos, el problema es que haya unos pocos chifladotes enfermos de codicia y avaricia que joden al resto. Dicha teoría parece descansar principalmente sobre una visión paranoica, que convierte en siervo del demonio a cualquiera que tenga un carro un poco más grande que una, y también sobre esa idea perversa de que el mundo está lleno de "recursos" que adolecen de una mala "distribución", es decir, yo me merezco que me des un poco de lo tuyo. En cambio, para mí (y aquí me encantaría citar fuente pero no recuerdo en qué artículo vi el dato, ni tengo suerte con las cadenas de búsqueda) el problema está en que cerca de la mitad de los latinoamericanos según no sé qué encuesta cree que el Estado es, y debe ser, "como un padre" que hace las cosas "por el bien" de uno. Ahí sí nos jodemos, si resulta ser cierto el dato. No obstante, quiero creer que la encuesta existe, aunque sólo sea por el hecho de que ese 48% o 52% es bastante menos que el sesenta y pico que predice Milgram. En todo caso, la cuestión es que la cifra más baja aún sirve, acá y en todas partes, para armar una mayoría electoral, con lo cual, los no creyentes en el Estado-Padre difícilmente tenemos con qué construirnos una utopía terrenal: muy a diferencia de los sí creyentes, que últimamente van por ahí diciendo que hay que "inscribirse" en un "proyecto de sociedad más justa", lo cual es como decir "crunchy frogs". Siempre me maravillé de la capacidad de proyección de los autoritarios, que no contentos con proyectar sobre una mítica oligarquía su propia codicia, ahora acusan al resto de ser utópicos y supersticiosos, los mismos que ven espadas que caminan y quieren universalizar un Buen Vivir que haría las delicias de Jorge de Montemayor.

Bah.

Me entero por El Universo de hoy (ni rastro en el T.) de que la revista en línea antigubernamental Plan V ha sido víctima de burda censura, bajo pretextos infantiles, y pienso otro vez en John Rawls y su velo de la ignorancia. Probemos: a ti te van a colocar en una sociedad. No sabes qué rango vas a ocupar, y hay mucha desigualdad. Puede que al atravesar el velo, encuentres que tienes terribles enfermedades y que no hay de qué comer. En cambio, tienes libertad para decir lo que quieras a quien quiera escucharte, aunque ese "quien" sea un rotundo nadie. Bien. La otra alternativa es una sociedad donde nadie es enfermo, donde todo el mundo tiene pan en la mesa, donde el cáncer y el dengue son cosas del pasado y el PIB está por las nubes. Sólo hay un pequeño problema: hay censura. ¿Cuál opción escoges? Sobre ese 50% no hay duda. Y no por eso uno se siente tentado de satanizarles, pues querer vivir sin dengue es muy respetable, pero sucede simplemente que uno no está de acuerdo, que no tiene esas prioridades. Eso es todo.

Nunca seremos mayoría, pero viviremos tranquilos, hasta que, de súbita, ya no.

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