The Panama Dick Pics
Somos información. Soy información. Claro que toda información necesita un medio de almacenamiento y tal vez un medio de expresión, pero son cosas distintas. Las moléculas que ahora conforman las células de mi cuerpo, de mi cerebro, son visitantes pasajeros, pero el patrón del cual entran fugazmente a formar parte sobrevive a su ausencia, se vuelve a encarnar en otros medios, en otras moléculas. Dice Richard Feynman:
So what is this mind of ours: what are these atoms with consciousness? Last week’s potatoes! They now can remember what was going on in my mind a year ago – a mind which has long ago been replaced.
To note that the thing I call my individuality is only a pattern or dance, that is what it means when one discovers how long it takes for the atoms of the brain to be replaced by other atoms. The atoms come into my brain, dance a dance, and then go out – there are always new atoms, but always doing the same dance, remembering what the dance was yesterday.
De acuerdo que uno puede perder muchas cosas, muchas partes de su cuerpo, y seguir siendo uno. El otro sábado estaba comiendo un submarino en el descanso, cuando sentí un pequeño terremoto en mi boca. Seguí después con la clase, pero con otra pronunciación y tal vez otra cara, fruto de la nueva situación de agravada insuficiencia molar. Esa noche empecé a escupir fragmentos de diente. Mi boca, les prometo, ya parece Pedernales. Si fuera joven eso me importaría: a estas bajuras ya no. Tener dientes es como tener un auraucaria en el jardín delante de su casa: es una coquetería simpática, pero coquetería al fin. Tener dientes es un capricho.
De momento sigo teniendo pies, pero son pies en el mismo sentido en que E.L. James es escritora, es decir, seguirán siendo pies hasta que alguien me sugiera un término más apto para describir lo que, en realidad, parece trozos de plastilina manipulados por un niño con graves trastornos conductuales. Camino sobre ellos, más o menos, pero a mi manera, con poca frecuencia y las debidas precauciones.
A todo esto, no les estoy invitando a venir a cosechar órganos sobrantes a la (muy reducida) demanda. A esto voy. Hay pérdidas que son negociables y de hecho se negocian, se aceptan. Hay pérdidas a las que uno se repone y de que uno se recupera... más o menos. Pero por eso, porque siempre se trata de un "más o menos", no vale aquí el simplismo de la aspiradora que todo lo liviano lo ve prescindible.
Hace tiempo vi en YT un video en que Edward Snowden (la única persona viva hoy a quien yo construiría un monumento), en entrevista con algún humorista inglés cuyo nombre no recuerdo, comentaba la limitada controversia suscitada sobre sus revelaciones en torno al papel de la NSA. Dijo más o menos lo que sigue, y lo corroboró con diversidad de evidencia anecdótica: a la gente no le importa excesivamente que alguien fisgonee en sus intimidades, mientras no publiquen sus dick pics. (Ya recordé el nombre del humorista: se trata de un tal John Oliver.) Es decir: el único secreto que a la gente le importa que siga siendo secreto, es el aspecto (tamaño, color, forma) de su pene (caso de tener uno). Lo cual me parece, a más de absurdo, desgarradoramente tierno. Absurdo, porque una verga siempre valdrá, precisamente, verga. O en términos más astringentes: un pene es el ejemplo clásico de un producto donde la oferta supera la demanda en tal medida, cuasi infinita, que el precio, siguiendo las leyes del mercado y a falta de políticas intervencionistas, se acercará asintóticamente a cero. El que se proponga ganarse la vida vendiendo fotografías de su pene mejor se lo piense bien y se decante por el negocio de las cacas de perro envueltas en celofán. En términos sencillos: una foto de un pene no interesa a nadie (a menos que también salga un gato); y sin embargo, ahí está, es lo que hay que proteger, si hace falta, derribando gobiernos, arrasando ciudades, levantando murallas. Somos así de raros.
De modo que: si los Papeles de Panamá hubiera sido Pepales de Penemá, arde Troya. Como no es así, sino que tan sólo salen lóbregos datos de constituyentes de empresas offshore, pues hay que aguantar, poner buena cara. Tenemos algo menos de privacidad que antes, eso es todo. Dicen que ahora no quieren que haya paraísos fiscales: es exactamente lo mismo que decir no queremos que haya gente con dentadura perfecta: como yo no tengo, él tampoco debe tener.
Buaj
So what is this mind of ours: what are these atoms with consciousness? Last week’s potatoes! They now can remember what was going on in my mind a year ago – a mind which has long ago been replaced.
To note that the thing I call my individuality is only a pattern or dance, that is what it means when one discovers how long it takes for the atoms of the brain to be replaced by other atoms. The atoms come into my brain, dance a dance, and then go out – there are always new atoms, but always doing the same dance, remembering what the dance was yesterday.
De acuerdo que uno puede perder muchas cosas, muchas partes de su cuerpo, y seguir siendo uno. El otro sábado estaba comiendo un submarino en el descanso, cuando sentí un pequeño terremoto en mi boca. Seguí después con la clase, pero con otra pronunciación y tal vez otra cara, fruto de la nueva situación de agravada insuficiencia molar. Esa noche empecé a escupir fragmentos de diente. Mi boca, les prometo, ya parece Pedernales. Si fuera joven eso me importaría: a estas bajuras ya no. Tener dientes es como tener un auraucaria en el jardín delante de su casa: es una coquetería simpática, pero coquetería al fin. Tener dientes es un capricho.
De momento sigo teniendo pies, pero son pies en el mismo sentido en que E.L. James es escritora, es decir, seguirán siendo pies hasta que alguien me sugiera un término más apto para describir lo que, en realidad, parece trozos de plastilina manipulados por un niño con graves trastornos conductuales. Camino sobre ellos, más o menos, pero a mi manera, con poca frecuencia y las debidas precauciones.
A todo esto, no les estoy invitando a venir a cosechar órganos sobrantes a la (muy reducida) demanda. A esto voy. Hay pérdidas que son negociables y de hecho se negocian, se aceptan. Hay pérdidas a las que uno se repone y de que uno se recupera... más o menos. Pero por eso, porque siempre se trata de un "más o menos", no vale aquí el simplismo de la aspiradora que todo lo liviano lo ve prescindible.
Hace tiempo vi en YT un video en que Edward Snowden (la única persona viva hoy a quien yo construiría un monumento), en entrevista con algún humorista inglés cuyo nombre no recuerdo, comentaba la limitada controversia suscitada sobre sus revelaciones en torno al papel de la NSA. Dijo más o menos lo que sigue, y lo corroboró con diversidad de evidencia anecdótica: a la gente no le importa excesivamente que alguien fisgonee en sus intimidades, mientras no publiquen sus dick pics. (Ya recordé el nombre del humorista: se trata de un tal John Oliver.) Es decir: el único secreto que a la gente le importa que siga siendo secreto, es el aspecto (tamaño, color, forma) de su pene (caso de tener uno). Lo cual me parece, a más de absurdo, desgarradoramente tierno. Absurdo, porque una verga siempre valdrá, precisamente, verga. O en términos más astringentes: un pene es el ejemplo clásico de un producto donde la oferta supera la demanda en tal medida, cuasi infinita, que el precio, siguiendo las leyes del mercado y a falta de políticas intervencionistas, se acercará asintóticamente a cero. El que se proponga ganarse la vida vendiendo fotografías de su pene mejor se lo piense bien y se decante por el negocio de las cacas de perro envueltas en celofán. En términos sencillos: una foto de un pene no interesa a nadie (a menos que también salga un gato); y sin embargo, ahí está, es lo que hay que proteger, si hace falta, derribando gobiernos, arrasando ciudades, levantando murallas. Somos así de raros.
De modo que: si los Papeles de Panamá hubiera sido Pepales de Penemá, arde Troya. Como no es así, sino que tan sólo salen lóbregos datos de constituyentes de empresas offshore, pues hay que aguantar, poner buena cara. Tenemos algo menos de privacidad que antes, eso es todo. Dicen que ahora no quieren que haya paraísos fiscales: es exactamente lo mismo que decir no queremos que haya gente con dentadura perfecta: como yo no tengo, él tampoco debe tener.
Buaj
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