Village gits

A los ingleses se les enseña francés a partir de los 11 años. Eso, desde que se descubrió el mecanismo de la vacuna, es decir, que con una pequeña dosis controlada se podía desarrollar una resistencia a la enfermedad que evitara drásticas consecuencias posteriores. Todo inglés, desde siglos ha, queda vacunado contra el afrancesamiento de por vida, la plume de ma tante mediante. Es cierto que cuando se construía el Chunnel, algunos lectores de The Daily Hurleygraph expresaron su sospecha de que, en el lado francés, los perros rabiosos ya estaban haciendo cola para entrar en el país por esa traicionera vía: no sucedió, pero curiosamente, desde hace algunos años se aprecia cierto movimiento en sentido contrario. Es decir, por primera vez en la historia, algunos ingleses empiezan a sentir curiosidad por el estilo de vida francés, y los más aventurados entre ellos hasta se toman el barco para verlo por sí mismos.
Yo lo atribuyo a la publicación de A Year In Provence. Leyendo ese libro, los ingleses se dieron cuenta por primera vez de que a los franceses se les podía patronise, es decir, tratar colonialmente como miembros de una tribu primitiva y cómica, con tal de hacerlo sotto voce, en catimini que diríamos, y siempre limitándose a los habitantes de esa remota y aromática provincia de sol, jazmín, antipapas y finas matices albigenses.
De ahí que, cuando me siento masoquista y quiero comparar mi vida de tercermundista pasajero sin asiento con la de mis ex compañeros de clase, me encuentro con que casi todos han cogido una jubilación temprana y ahora están cómodamente instalados en Provenza, degustando el vino local y escribiendo ocurrentes relatos sobre las dificultades de comunicación con el dicharachero electricista del pueblo.
Es lo que me deprime del género humano: que en los bandwagons siempre caben muchos más que en los carros de la ESPOL.
En fin. Lo de Provenza, esa arrolladora moda de hace algunos años, quedó finamente plasmado en un recorte de la prensa inglesa, de la sección clasificados, que reprodujeron en el libro de Private Eye. No recuerdo el texto exacto, pero era cuestión de vender unas vacaciones en Francia, y como no podía ser menos, se hace referencia a esos gîtes (albergues, casas de huéspedes) que el aburguesado sajón se jacta de conocer y de pronunciar bien; sólo que, esta vez, por obra de algún gremlin salió, en lugar de village gîtes, una invitación a disfrutar de esos encantadores pueblos gavachos y de sus village gits.
Me resulta difícil resaltar la carga cómica de este gazapo sin entrar en onerosas precisiones. Digamos que el inglés, al igual que el ecuatoriano, para insultar acostumbra poner en tela de juicio algún rasgo personal de su adversario, sea la inteligencia, sea la orientación sexual, sea la educación social, sea esos 2% de genes que supuestamente le separan de otros miembros del género primate. (Eso de cuestionar la fidelidad sexual del cónyuge del aludido creo que ha quedado relegado a la latinidad, aunque Shakespeare todavía echaba mano de los cuernos de cuando en cuando, y por otra parte, en esas latitudes se suele dejar en paz a los tatarabuelos de los enemigos, aunque no siempre.) Ahora, es por eso mismo que siempre me ha llamado la atención esa acepción tan británica, desconocida para los norteamericanos, de git (o get, en su versión norteña), pues es el único insulto que se me ocurre que no significa absolutamente nada. Si a una persona que me cae mal le digo git, no lo estoy llamando tonto, ni feo, ni desviado, ni maloliente, ni nada que se pueda tomar como crítica: simplemente estoy diciendo que me cae mal, y punto. Es decir, es un insulto casi cómico por lo que dirige la atención del oyente a la frustración o la envidia del que lo maneja, y deja al insultado libre de toda imputación a su honra. Tal vez por eso siempre hay la tentación de acoplarle un adjetivo:
Although I'm so tired, I'll have another cigarette
And curse Sir Walter Raleigh:
He was such a stupid get.
(John Lennon)
Por tanto, la invitación a viajar a Francia para ver esos "village gits" queda literalmente intraducible, pero no por ello menos atractiva. Es como decir: ¡ven a Provenza, observa la gente de pueblo y disfruta de un delicioso sentimiento de misantropia sin motivo! Ahora, si ensanchamos un poco el significado de "village" veremos que no es en absoluto necesario viajar para experimentar esa preciada sensación. Como todos sabemos, desde hace algunos años vivimos en un global village, en consecuencia de lo cual cualquiera puede ejercer sus dotes de pueblerino, de chismoso, lenguaraz, o simplemente fungir de tonto del pueblo sin levantarse de su incómodo asiento giratorio delante de la pixelada pantalla.
En demostración de ello, el blog de Jonathan M, hace cuatro días. Él mismo señala que la historia de ese guardia de London Transport que insulta a un viajero, llamándolo "git" y terminando su perorata con la sugerencia de que alguien debe de echarlo a la vía delante del tren, todo porque el viajero en cuestión cometió la imprudencia de dejar que su brazo quedara atrapado en la puerta del wagón, se ha erigido en cuestión de pocas horas en un nuevo paradigma para estudiosos de los medios de comunicación en la actualidad. Lo novedoso o interesante del caso es que la "noticia" empezó como un simple post en un blog cualquiera, con apoyo audiovisual cortesía de YouTube; el autor, empero, como corresponde a un tipo evidentemente technosavvy y con ciertas pretensiones de lumbrera en el campo de las Nuevas Comunicaciones, no contento con eso, hizo uso de la red Twitter y de algún que otro conocido estratégico en los medios, con el resultado de que el día siguiente la prensa inglesa le dio espacio de portada a la anécdota, que así se transformó en talking point en tanto se podían sacar conclusiones sobre el pésimo servicio de London Transport, lo insoportables que son los empleados de empresas públicas, el deterioro de la civilización, etcétera. En realidad, el video no muestra nada que no sea el pan de cada día en países como Ecuador, y la actitud del dichoso guardia comunica menos prepotencia que simple falta de autocontrol, es decir, esas patéticas amenazas de no dejar que el tren se vaya hasta que salga el "little git" se escuchan como esas ridículas amenazas chantajistas que un ex profesor de los Ornitorrincos del Saber pudiera haber blandido en contra de una clase algún día con la intención de amedrentar a un alumno; los demás, como quien oye llover, pues se trata de un evidente "quiero y no puedo". Por todo lo cual, encuentro correcto que al tipejo se le separe de su puesto (se trata de una conducta claramente inaceptable en un "empleado público"; si se ha "arruinado su vida", como lamenta algún comentarista, pues qué quieres, de nuestros actos somos los únicos responsables) pero a decir verdad, sin caerme bien el tipo me cae menos mal que ese tal Jonathan M., el filmador del evento, y eso sin perjuicio de que tal vez nos acaba de demostrar el poder del bloguismo en manos de los más profesionales o los más sabidos. Lo difícil es explicar por qué me cae tan mal. Tal vez sea porque padezco el síndrome de los Village Gits: todo lo que sea de ese pueblo imitador, copión, consensuado, biempensante, escandalizante, chismoso, equipado con celular y con cámara siempre a mano para transformar cualquier evento jugoso en puntos de currículum, me cae chancho, sin que pueda destilar la postura moral subyacente en otra exclamación más cargada de significado que ese "git".
Digamos que ahí donde EM Forster nos intenta redescubrir el profundo significado de la vida humana con su "only connect", allí es donde a veces me da ganas de dejar a modo de grafiti obsceno: Only Disconnect. Nunca se volverá comercial, pero por eso mismo. Hoy, en el autobus de la ESPOL, las niñas, las que sí tenían asiento, esos dedos rápidos como chispas, esos celulares talismanes contra el pensamiento, contra la soledad, contra la vista al otro lado de la ventana: lo mismo me pasaba por la cabeza. Para algunas personas, la verdadera vida empezará, si alguna vez empieza, al otro lado de la desconexión. Desconectémonos todos en la lucha final. Sí, suena bien. No creo que gane nunca unas elecciones, pero qué quieren, siempre estuve del lado de los Cátaros más que de los Guzmán.
Yo lo atribuyo a la publicación de A Year In Provence. Leyendo ese libro, los ingleses se dieron cuenta por primera vez de que a los franceses se les podía patronise, es decir, tratar colonialmente como miembros de una tribu primitiva y cómica, con tal de hacerlo sotto voce, en catimini que diríamos, y siempre limitándose a los habitantes de esa remota y aromática provincia de sol, jazmín, antipapas y finas matices albigenses.
De ahí que, cuando me siento masoquista y quiero comparar mi vida de tercermundista pasajero sin asiento con la de mis ex compañeros de clase, me encuentro con que casi todos han cogido una jubilación temprana y ahora están cómodamente instalados en Provenza, degustando el vino local y escribiendo ocurrentes relatos sobre las dificultades de comunicación con el dicharachero electricista del pueblo.
Es lo que me deprime del género humano: que en los bandwagons siempre caben muchos más que en los carros de la ESPOL.
En fin. Lo de Provenza, esa arrolladora moda de hace algunos años, quedó finamente plasmado en un recorte de la prensa inglesa, de la sección clasificados, que reprodujeron en el libro de Private Eye. No recuerdo el texto exacto, pero era cuestión de vender unas vacaciones en Francia, y como no podía ser menos, se hace referencia a esos gîtes (albergues, casas de huéspedes) que el aburguesado sajón se jacta de conocer y de pronunciar bien; sólo que, esta vez, por obra de algún gremlin salió, en lugar de village gîtes, una invitación a disfrutar de esos encantadores pueblos gavachos y de sus village gits.
Me resulta difícil resaltar la carga cómica de este gazapo sin entrar en onerosas precisiones. Digamos que el inglés, al igual que el ecuatoriano, para insultar acostumbra poner en tela de juicio algún rasgo personal de su adversario, sea la inteligencia, sea la orientación sexual, sea la educación social, sea esos 2% de genes que supuestamente le separan de otros miembros del género primate. (Eso de cuestionar la fidelidad sexual del cónyuge del aludido creo que ha quedado relegado a la latinidad, aunque Shakespeare todavía echaba mano de los cuernos de cuando en cuando, y por otra parte, en esas latitudes se suele dejar en paz a los tatarabuelos de los enemigos, aunque no siempre.) Ahora, es por eso mismo que siempre me ha llamado la atención esa acepción tan británica, desconocida para los norteamericanos, de git (o get, en su versión norteña), pues es el único insulto que se me ocurre que no significa absolutamente nada. Si a una persona que me cae mal le digo git, no lo estoy llamando tonto, ni feo, ni desviado, ni maloliente, ni nada que se pueda tomar como crítica: simplemente estoy diciendo que me cae mal, y punto. Es decir, es un insulto casi cómico por lo que dirige la atención del oyente a la frustración o la envidia del que lo maneja, y deja al insultado libre de toda imputación a su honra. Tal vez por eso siempre hay la tentación de acoplarle un adjetivo:
Although I'm so tired, I'll have another cigarette
And curse Sir Walter Raleigh:
He was such a stupid get.
(John Lennon)
Por tanto, la invitación a viajar a Francia para ver esos "village gits" queda literalmente intraducible, pero no por ello menos atractiva. Es como decir: ¡ven a Provenza, observa la gente de pueblo y disfruta de un delicioso sentimiento de misantropia sin motivo! Ahora, si ensanchamos un poco el significado de "village" veremos que no es en absoluto necesario viajar para experimentar esa preciada sensación. Como todos sabemos, desde hace algunos años vivimos en un global village, en consecuencia de lo cual cualquiera puede ejercer sus dotes de pueblerino, de chismoso, lenguaraz, o simplemente fungir de tonto del pueblo sin levantarse de su incómodo asiento giratorio delante de la pixelada pantalla.
En demostración de ello, el blog de Jonathan M, hace cuatro días. Él mismo señala que la historia de ese guardia de London Transport que insulta a un viajero, llamándolo "git" y terminando su perorata con la sugerencia de que alguien debe de echarlo a la vía delante del tren, todo porque el viajero en cuestión cometió la imprudencia de dejar que su brazo quedara atrapado en la puerta del wagón, se ha erigido en cuestión de pocas horas en un nuevo paradigma para estudiosos de los medios de comunicación en la actualidad. Lo novedoso o interesante del caso es que la "noticia" empezó como un simple post en un blog cualquiera, con apoyo audiovisual cortesía de YouTube; el autor, empero, como corresponde a un tipo evidentemente technosavvy y con ciertas pretensiones de lumbrera en el campo de las Nuevas Comunicaciones, no contento con eso, hizo uso de la red Twitter y de algún que otro conocido estratégico en los medios, con el resultado de que el día siguiente la prensa inglesa le dio espacio de portada a la anécdota, que así se transformó en talking point en tanto se podían sacar conclusiones sobre el pésimo servicio de London Transport, lo insoportables que son los empleados de empresas públicas, el deterioro de la civilización, etcétera. En realidad, el video no muestra nada que no sea el pan de cada día en países como Ecuador, y la actitud del dichoso guardia comunica menos prepotencia que simple falta de autocontrol, es decir, esas patéticas amenazas de no dejar que el tren se vaya hasta que salga el "little git" se escuchan como esas ridículas amenazas chantajistas que un ex profesor de los Ornitorrincos del Saber pudiera haber blandido en contra de una clase algún día con la intención de amedrentar a un alumno; los demás, como quien oye llover, pues se trata de un evidente "quiero y no puedo". Por todo lo cual, encuentro correcto que al tipejo se le separe de su puesto (se trata de una conducta claramente inaceptable en un "empleado público"; si se ha "arruinado su vida", como lamenta algún comentarista, pues qué quieres, de nuestros actos somos los únicos responsables) pero a decir verdad, sin caerme bien el tipo me cae menos mal que ese tal Jonathan M., el filmador del evento, y eso sin perjuicio de que tal vez nos acaba de demostrar el poder del bloguismo en manos de los más profesionales o los más sabidos. Lo difícil es explicar por qué me cae tan mal. Tal vez sea porque padezco el síndrome de los Village Gits: todo lo que sea de ese pueblo imitador, copión, consensuado, biempensante, escandalizante, chismoso, equipado con celular y con cámara siempre a mano para transformar cualquier evento jugoso en puntos de currículum, me cae chancho, sin que pueda destilar la postura moral subyacente en otra exclamación más cargada de significado que ese "git".
Digamos que ahí donde EM Forster nos intenta redescubrir el profundo significado de la vida humana con su "only connect", allí es donde a veces me da ganas de dejar a modo de grafiti obsceno: Only Disconnect. Nunca se volverá comercial, pero por eso mismo. Hoy, en el autobus de la ESPOL, las niñas, las que sí tenían asiento, esos dedos rápidos como chispas, esos celulares talismanes contra el pensamiento, contra la soledad, contra la vista al otro lado de la ventana: lo mismo me pasaba por la cabeza. Para algunas personas, la verdadera vida empezará, si alguna vez empieza, al otro lado de la desconexión. Desconectémonos todos en la lucha final. Sí, suena bien. No creo que gane nunca unas elecciones, pero qué quieren, siempre estuve del lado de los Cátaros más que de los Guzmán.
"Es cierto que cuando se construía el Chunnel, algunos lectores de The Daily Hurleygraph expresaron su sospecha de que, en el lado francés, los perros rabiosos ya estaban haciendo cola para entrar en el país por esa traicionera vía"
ReplyDeleteY no se equivocaron:
French police clear the 'jungle' migrant camp in Calais. Police drag away 278 camp dwellers, nearly half of them minors, who had been sleeping rough hoping to stow away on lorries to Britain"
"por primera vez en la historia, algunos ingleses empiezan a sentir curiosidad por el estilo de vida francés"
Uh-huh:
French Riots 2005, After 3 November it spread to other cities in France, affecting all 15 of the large aires urbaines in the country. Thousands of vehicles were burned, and at least one person was killed by the rioters. Close to 2900 rioters were arrested.
Octubre 12/2009 Manifestación de la colonización progresiva de Francia: Algeria gana un partido de fútbol a Rwanda y los Argelinos en Francia celebran incendiando Marsella
Adelantos del estilo de vida francés en Inglaterra:
"Este hombre Geert Wilders que insultó al mensajero Mahoma blablabla-islam necesitamos darle un mensaje, que en Islam el castigo por insultar a Mahoma es la pena capital, necesita tomar lecciones del asesinato de Theo van Gogh."
Como que debes leer las noticias.