We don't need no Ley de Educación
El gen que impulsa a repasar apuntes en los autobuses es recesivo en el sexo masculino.
CALIDAD - CALIDEZ, llevaba escrito en su letra pequeña, encorsetada, maquillada con marcador amarillo. Se leía bien a pesar del exceso de velocidad y de las concomitantes vibraciones.
Todavía recordaba aquella reunión, en que la Rectora, a la que hoy ella tenía que sustituir en esa conferencia del Ministerio, les había tomado a todos por sorpresa con esas nuevas consignas. Claro que todos los Jefes de Área sabían que iba a haber una presentación con PowerPoint. La Rectora ya llevaba como tres meses enamorada de PowerPoint. Pero pensaban que tal vez iban a disfrutar de un remake o una secuela de los Siete Hábitos de Covey. En lugar de ello:
Ahora, no, este no, el anterior, sí, gracias, ahora quién quiere leer estas dos palabras de aquí. ¿Profesor Ramírez?
Ella pensó: tendré que preguntarle dónde se hace peinar. Ese peinado era como la misma Rectora, como el mismo colegio: cada cabello iba exactamente en el mismo sentido, cada cabello era orientado, formado, abombado en idéntica curva, con perfecta disciplina y coreografía. Ningún cabello tenía la falda demasiado corta, ninguno el pelo demasiado largo. Ninguno de sus cabellos ostentaba incipiente bigote, como últimamente los suyos de alguna manera sí.
El profesor Ramírez, Jefe del Área de Lengua, puso cara de asesino, y dijo: Calidad. Calidez.
Gracias, profesor Ramírez. Ahora, ¿quién nos quiere explicar en qué se diferencian estos dos conceptos? ¿Nadie? Ah, profesor Macías.
Ella pensó: por qué será que todos estos profesores, quien más, quien menos, tienen bigote. Reunidos en fila a un lado de la mesa, parecían jardín de bonsais. Había algo a la vez promiscuo y desgarradoramente vulnerable en esos brotes de hongos faciales, como si cada bigote era un diario íntimo de secretas frustraciones inoportunamente salido de su escondite nasal. En un rincón de la sala había un pequeño Toulouse-Lautrec, allí en la zona reservada para tautologías. El pequeño Toulouse-Lautrec, que dibujaba y coloreaba a velocidad de energúmeno, intentando plasmar esa reunión antes de que se disolviera, le guiñó el ojo. Soy muy pequeño, decía aquella mirada, nadie me ve. Chitón.
Pues calidad se refiere a si algo es bueno o malo, verdad, y calidez en cambio significa, pues, el trato que le das a una persona, un trato cálido sería algo así como cariñoso. Creo.
No, dijo la Rectora, concediéndole al profesor Macías, nominalmente Jefe del Área de Informática, un par de momentos para ajustarse a su nuevo papel de cucaracha aplastada en el piso. - Usted puede creer, profesor, pero ésa no es la respuesta. ¿Alguien más? Entonces por favor apunten. Calidad significa, sí, no, el siguiente, gracias, no, pantalla completa, eso, significa una gestión basada en procesos hacia la calidad y la eficiencia, con indicadores y medidores que nos permitan saber hasta dónde hemos llegado. Calidez significa dig-ni-fi-car al alumno, significa darle un trato adecuado, a-fec-tivo, y ponerle en el centro del proceso educativo.
Medidores está mal escrito, refunfuñó el profesor Ramírez mientras se escuchaba traqueteo de plumas y cuadernos. Allí pone "mediodres". Cambiando una letra...
Ella tuvo una inspiración.
¿Podemos decir, Miss, que calidad es el lado Efectivo del trabajo de profesor y calidez es el lado A-fectivo? Como si fueran las dos caras de la moneda?
La Rectora puso cara de haber visto de lejos a una alumna de cuarto con pintalabios rojo. Luego se compuso. Efectivamente, dijo, así es. Aunque cuidado, como decíamos el otro día no hay que confundir ser eficaz con ser eficiente. Son dos cosas to-tal-mente distintas.
Sí, es cierto, dijo ella con voz de niña repelente. Era divertido ser odiada al unísono por tantos hombres. Lo malo era su cabello. Tenía que cambiar de gabinete. La señora Eumelia era demasiado Eumelia, ya.
¡Terminado!, exclamó el pequeño Toulouse-Lautrec, blandiendo una enorme hoja, mientras el autobús ralentizaba delante del nuevo edificio rodeado de árboles recién plantadas y ella se levantaba de su asiento.
La reunión del Ministerio era para recolectar ideas para una nueva Ley de Educación. Por eso era importante repasar los apuntes.
CALIDAD - CALIDEZ, llevaba escrito en su letra pequeña, encorsetada, maquillada con marcador amarillo. Se leía bien a pesar del exceso de velocidad y de las concomitantes vibraciones.
Todavía recordaba aquella reunión, en que la Rectora, a la que hoy ella tenía que sustituir en esa conferencia del Ministerio, les había tomado a todos por sorpresa con esas nuevas consignas. Claro que todos los Jefes de Área sabían que iba a haber una presentación con PowerPoint. La Rectora ya llevaba como tres meses enamorada de PowerPoint. Pero pensaban que tal vez iban a disfrutar de un remake o una secuela de los Siete Hábitos de Covey. En lugar de ello:
Ahora, no, este no, el anterior, sí, gracias, ahora quién quiere leer estas dos palabras de aquí. ¿Profesor Ramírez?
Ella pensó: tendré que preguntarle dónde se hace peinar. Ese peinado era como la misma Rectora, como el mismo colegio: cada cabello iba exactamente en el mismo sentido, cada cabello era orientado, formado, abombado en idéntica curva, con perfecta disciplina y coreografía. Ningún cabello tenía la falda demasiado corta, ninguno el pelo demasiado largo. Ninguno de sus cabellos ostentaba incipiente bigote, como últimamente los suyos de alguna manera sí.
El profesor Ramírez, Jefe del Área de Lengua, puso cara de asesino, y dijo: Calidad. Calidez.
Gracias, profesor Ramírez. Ahora, ¿quién nos quiere explicar en qué se diferencian estos dos conceptos? ¿Nadie? Ah, profesor Macías.
Ella pensó: por qué será que todos estos profesores, quien más, quien menos, tienen bigote. Reunidos en fila a un lado de la mesa, parecían jardín de bonsais. Había algo a la vez promiscuo y desgarradoramente vulnerable en esos brotes de hongos faciales, como si cada bigote era un diario íntimo de secretas frustraciones inoportunamente salido de su escondite nasal. En un rincón de la sala había un pequeño Toulouse-Lautrec, allí en la zona reservada para tautologías. El pequeño Toulouse-Lautrec, que dibujaba y coloreaba a velocidad de energúmeno, intentando plasmar esa reunión antes de que se disolviera, le guiñó el ojo. Soy muy pequeño, decía aquella mirada, nadie me ve. Chitón.
Pues calidad se refiere a si algo es bueno o malo, verdad, y calidez en cambio significa, pues, el trato que le das a una persona, un trato cálido sería algo así como cariñoso. Creo.
No, dijo la Rectora, concediéndole al profesor Macías, nominalmente Jefe del Área de Informática, un par de momentos para ajustarse a su nuevo papel de cucaracha aplastada en el piso. - Usted puede creer, profesor, pero ésa no es la respuesta. ¿Alguien más? Entonces por favor apunten. Calidad significa, sí, no, el siguiente, gracias, no, pantalla completa, eso, significa una gestión basada en procesos hacia la calidad y la eficiencia, con indicadores y medidores que nos permitan saber hasta dónde hemos llegado. Calidez significa dig-ni-fi-car al alumno, significa darle un trato adecuado, a-fec-tivo, y ponerle en el centro del proceso educativo.
Medidores está mal escrito, refunfuñó el profesor Ramírez mientras se escuchaba traqueteo de plumas y cuadernos. Allí pone "mediodres". Cambiando una letra...
Ella tuvo una inspiración.
¿Podemos decir, Miss, que calidad es el lado Efectivo del trabajo de profesor y calidez es el lado A-fectivo? Como si fueran las dos caras de la moneda?
La Rectora puso cara de haber visto de lejos a una alumna de cuarto con pintalabios rojo. Luego se compuso. Efectivamente, dijo, así es. Aunque cuidado, como decíamos el otro día no hay que confundir ser eficaz con ser eficiente. Son dos cosas to-tal-mente distintas.
Sí, es cierto, dijo ella con voz de niña repelente. Era divertido ser odiada al unísono por tantos hombres. Lo malo era su cabello. Tenía que cambiar de gabinete. La señora Eumelia era demasiado Eumelia, ya.
¡Terminado!, exclamó el pequeño Toulouse-Lautrec, blandiendo una enorme hoja, mientras el autobús ralentizaba delante del nuevo edificio rodeado de árboles recién plantadas y ella se levantaba de su asiento.
La reunión del Ministerio era para recolectar ideas para una nueva Ley de Educación. Por eso era importante repasar los apuntes.
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