Superpoderes

Nunca tuve ni un maldito superpodercito de cuarta. Nada que justificara la fabricación casera siquiera de unos guantes alados, mucho menos de una capa o una máscara. Siempre he pensado que es por eso que las mujeres me resultaban siempre tan misteriosas. Saber desde temprana edad que tienes el poder de hacer redistribuirse la sangre en cuerpos ajenos con un simple aleteo de pestañas debe de ser la hostia. Los niños fantasean con armaduras de hierro, con telarañas de mocosidad a presión, con mazos voladores, y la cosa se queda en fantasía. Para incidir kinéticamente en esa obstinada realidad extracorporal, nada, las tristes leyes de Newton y se acabó. Las niñas, con miradas que abrasan, con caminares que siegan, y se les cumple, por lo menos a algunas. Uno habría pensado que con eso les bastaría. Resulta que todavía no.

Le debemos al clérigo e investigador polifacético Hojjat ol-eslam Kazem Sediqi el dato de que algunas mujeres están descubriendo cómo provocar terremotos con la simple técnica de "llevar ropa inapropiada". Claro que no entra en detalles sobre cuál tipo de ropa inapropiada tiene ese efecto, pero uno fácilmente imagina: un sostén de bikini atado encima de una gruesa gabardina, por la cintura, o una regadera llevada a modo de sombrero, una pulsera hecha con piel de guineo y pinza de ropa, algo por el estilo. Hay que estar atentos. Si en la playa, entre todos esos cuerpos en bañador ves a una mujer que en vez de biquini lleva puestos un casco de astronauta, un chaleco antibalas y un tutú, ten por seguro que está intentando provocar un tsunami, posiblemente para asegurarse una mesa libre en el restaurante de marisco más cercano. Tales comportamientos merecen severos castigos, sin duda alguna. Y no vale ponerse en plan escépticos y burlarse de tal presunción de causa y efecto, pues queda cientificamente demostrado que todo el universo está interconectado, y que el aleteo de una mariposa en las selvas de Borneo puede provocar una tormenta en San Francisco. Cuánto más fácil que unas rodilleras puestas al revés en Nueva York provoquen un terremoto en Haiti. El mundo está más interconectado de lo que creemos.

Hace muchos años, en España, paseaba por los pasillos de un supermercado cuando vi unas cajitas de plástico verde con una hierba que crecía dentro. En el envoltorio de celofán decía, en letras grandes: "MAKES CATS VOMIT". No especificaba mediante qué mecanismo hacía devolver a los gatos, si era necesario que el gato primero comiera de esa hierba o si bastaba con que la olfateara o que la viera nomás. Pero me quedé pensando en ese interesante efecto, y en el tipo de persona que compraría un producto con sólo la malévola intención de hacer vomitar a cuanto gato se le acercara, y en cuestión de minutos, antes de llegar a caja, ya había ideado un superhéroe, el Catpukeman, que con su Cat Vomit Vision hiciera vomitar a cualquier felino que tuviese delante, y antes de que me dieran el cambio de cuarenta euros ya estaba escribiendo mentalmente las primeras escenas de la película (basada en el cómic), en que una vieja se daba cuenta de que su gato había tragado un veneno que era para las ratas, y se llevaba las manos a la cabeza, y en ésas apareció Catpukeman por la ventana, y todo era agradecimientos y "sólo hago mi trabajo, señora". De ahí, era fácil idear situaciones en donde la habilidad para hacer vomitar a un gato podría salvar el mundo de las garras de todo tipo de criminales. El gato escogido podría, por ejemplo, estar andando sobre una viga, y vomitarle al ojo del villano loco, quien quedaría ciego el tiempo necesario para quitarle el control de la bomba nuclear. La enemiga predilecta de Catpukeman era, desde luego, la felinamente malvada Pussywoman, que a pesar de ser súper vulnerable a miradas eméticas, tenía la ventaja de saber que Catpukeman era originariamente habitante del lejano planeta Bakel, por lo que al acercársele esa peligrosa sustancia, el Bakelite, sus poderes se quedaban en nada. En fin, creo que daba para una película pero tal vez no para secuelas ni precuelas, al faltarle la necesaria variedad de enemigos de características afines. Ahora, en vistas de que el gobierno ecuatoriano pronto está lanzando al mercado un nuevo diario tipo Extra, pero en socialista, y que les va a hacer falta un cómic algo patriótico, se me ocurre que para el requetepredecible Bolivarman o Boliman (defensor de la Verdad Contrastada, el Control Social y la Manera Caribeña), le van a hacer falta enemigos también a su altura, y que entre ellos podían estar esta tal Seismogirl, que con sólo colocarse un calzoncillo de hombre en la cabeza haría instantáneamente temblar la tierra alrededor, tal como explican nuestros amigos y socios iraníes, y que para la batalla final de los Titanes podía entrar en acción también el temido Human Chicken, el villano más cruel de todos, el que con sus chorros de hormonas femeninas hace que al superhéroe a quien se enfrenta de repente se le afloje la muñeca y se ponga a pavonear con la otra mano en la cintura. Imaginen la espada de Boliman enfrentada a tan espantoso adversario. Sería para sacar subscripción de todo un mes.

Que nadie diga, entonces, que no hago lo que puedo para colaborar con la Revolución Ciudadana. Compañeritos, la idea les viene gratis. Tan sólo quiero una mención en letra pequeña al final de la última página.

Comments

  1. Dadas mis magníficas relaciones con el muñeco porfiado y pedante (Unamuno dixit) del Xaflag, te podría agenciar un par de buenos oficios, para ver si él te consigue dicha mención el El Telégrafo o en su engendro bastardo que invoca a esa hedionda camaradería socialista. Total, yo tengo la sospecha de que el amigo Flores va a pasar a ser una especie de Emilio Palacio, en esa cajita de resonancia gubernamental que se imprime y regala a expensas del pueblo ecuatoriano.

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