El bosque (2)
XF, d'après Roberto Gargarella: " lo cierto es que resulta perfectamente concebible una situación donde existan múltiples propietarios y ‘una sola voz’ en juego. O, más habitualmente todavía, puede darse una situación en donde existan varios propietarios y algunas voces o temas sistemáticamente excluidos"
En el artículo citado, Gargarella arremete contra la angustiosa situación italiana en que el dueño de varias empresas televisivas es al mismo tiempo Jefe del Estado (además de manipular a las instancias legales a su antojo). Dice lo siguiente:
"Sin importar quién sea su titular, una concentración de este tipo siempre será alarmante porque un poder político (además de económico) condiciona y limita fuertemente la libertad de información, de crítica y de disenso y, con ella, el derecho a recibir informaciones exentas de manipulación. Pero se convierte en la apropiación privada de la democracia cuando se moviliza en la construcción de un partido de masa con las técnicas de la publicidad y, posteriormente, una vez conquistado el poder y junto con éste el control de la televisión pública, en el apoyo incondicional en favor no de un grupo político ni de un sistema de intereses económicos y sociales sino directamente de los intereses privados de su propietario que, de esta forma, se convierte en Primer ministro."
Es evidente que el peligro aquí identificado es plenamente vigente en el caso ecuatoriano, a pesar de que no tenemos como jefe de Estado a un empresario mediático, pues esa manipulación gubernamental de la opinión pública a través del control de medios y de las "técnicas de la publicidad" (step forward, Vinicio) es algo que vemos a diario tanto en el sometimiento de los medios públicos a fines partidistas como en el horripilante abuso de las "cadenas". Sin embargo, discrepo con él en cuanto al alcance general del problema (la situación italiana, por inaceptable que sea, dista mucho de ser paradigmática) como en las soluciones al problema (entre otras cosas, propone con alarde de ingenuidad un aumento de la inversión pública en emisoras públicas). En todo caso, en cuanto a lo citado por XF insisto: ahí donde vemos "una sola voz en juego", esta voz siempre será la del Estado, por lo cual la solución a tal problema difícilmente consistirá en concederle mayor protagonismo mediático, o mayores poderes de control, al mismo Estado. El lobo difícilmente puede hacernos de pastor.
(Dicho sea de paso, creo que parte del error en que cae Gargarella, por otro lado frecuente, es en identificar a los medios como "el cuarto poder", como si la titularidad de un medio o de varios medios fuera de algún modo equiparable o contrastable al poder del Estado. Como vimos hace poco en Honduras, quien disponga de la lealtad de las fuerzas del orden se ríe de ese "cuarto poder": un par de uniformados en cada emisora principal, y andando.)
2.2) Sobre la mercantilización de la libertad de expresión.
Después de leer el citado artículo, sigo sin convencerme de que el contraste artificial de "mercancía" con "derecho" tenga relevancia en este debate. Cito textualmente:
"Actualmente, en la sociedad de mercado, la libertad de pensamiento y de imprenta se asumen como un hecho. A nadie se le prohíbe hablar o imprimir volantes o periódicos, siempre que la disponibilidad financiera y el mercado lo permitan. Y, sin embrago (sic), la represión y la discriminación, la censura y la autocensura, el control de las opiniones y de las informaciones pasan a través de la propiedad de los medios de información. Gracias a ella, el pensamiento, la opinión, la información, se convierten en “mercancías” cuya producción se vincula a la propiedad del medio de información y a las inserciones publicitarias: por lo tanto son bienes patrimoniales, en vez de derechos fundamentales. "
La información y la opinión, entonces, ¿serán "mercancías" siempre que (o en la medida en que) los dueños de los medios ejercen "control" sobre ellos? Tales confusas aserciones invitan a preguntar en qué circunstancias dejan de ser mercancías: ¿será necesario crear una situación en que los medios no tengan dueños, o hay que arrebatarles tal "control", que luego pasaría a manos de... ¿quién? Aquí no veo claridad de pensamiento, peor con esa confusa locución "pasan a través de...".
Para mí, el acto de comunicar supone en circunstancias normales la posesión (así sea temporal) de un "medio" adecuado, sea éste una sencilla impresora, un bloc de notas Post-It, o la propia voz. El hecho de que algunos comuniquen habitualmente su mensaje a través de un medio (emisora radiotelevisiva, periódico, revista) de propiedad ajena y de mucho mayor capacidad de difusión es algo un poco contra natura, que trae consigo una serie de problemas adicionales (de conflictos de intereses, de posible censura, etcétera); sin embargo, es un problema que atañe relativamente a pocas personas (aunque su vocifero haga pensar que sean más), y los mencionados problemas son algo que, por otra parte, las nuevas paradigmas comunicacionales que plantea el Internet posiblemente (siendo optimistas) ayuden, con el tiempo, a subsanar. (Hablando del Internet, es elocuente que quienes se preocupen abiertamente por la supuesta necesidad de censurar los contenidos asequibles a través de este medio no son las grandes empresas involucradas en este campo, sino, como siempre, los voceros gubernamentales de diverso signo).
XF: "Que tú pruebes (lo que no has hecho) que hay en ciertos países una mayor generosidad “sin ánimo de lucro” en materia de comunicación no garantiza lo que busca la regulación adecuada que yo propongo para la Ley de Comunicación: la garantía de las dos dimensiones (individual y social) de la libertad de expresión. Yerras el punto. "
En cuanto a la primera afirmación referida, precisemos: no se trataba de demostrar que el sistema de libre mercado garantiza la libertad de expresión, sino de cuestionar esa sugerencia de Gargarella que tal sistema convierte a las informaciones y opiniones en "mercancías", es decir (según mi forma de interpretar tal afirmación) que asigne un precio de compra/venta a toda información u opinión compartida. La generosidad sin ánimo de lucro referida es la de cualquier internauta (blogueros entre ellos) que comparte sus opiniones o la información de la que dispone sin percibir por ello compensación monetaria, es decir, sin convertirlas en mercancía. Según esta lógica, si fuese verdad que el sistema de mercado es el culpable de que la información se concentre en manos de unos pocos e inescrupulosos mercaderes, a expensas del intercambio libre y desinteresado, serían los países donde impera tal sistema donde menos se diera este tipo de fenómeno. Las estadísticas no parecen apoyar tal conclusión.
2.3) Sobre los “incentivos” para la comunicación.
XF: "En principio, la Ley de Comunicación no trata simplemente de fomentar la difusión de “información y opiniones”. La Ley de Comunicación, tal como yo propongo que se redacte, deberá instituir un elenco de garantías ..."
Ajá. "Tal como yo propongo que se redacte": es decir, una cosa es el proyecto (más correctamente, los proyectos) que hasta ahora se ha debatido, y otra distinta el propuesto por XF. Lo cual me parece muy bien; pero se entenderá que mi mayor preocupación, tal como expresé más arriba, es el proyecto presentado ante la Asamblea. Tal vez mi error ha sido expresar estas preocupaciones en una pretendida réplica a un artículo del mismo XF, sin diferenciar adecuadamente su propuesta del texto (o de los textos) que se ha discutido públicamente; sin embargo, como también señalé anteriormente, no ayuda el hecho de que sobre algunos elementos de ese proyecto no tengo constancia de la opinión de XF, pero sí elementos que me inducen a suponer que él los apoya de forma tácita.
Sobre el inciso de que la Ley propuesta no tiene por objeto "fomentar la difusión de información y opiniones", estamos plenamente de acuerdo.
(Se me agotó de nuevo el tiempo. Continuará).
En el artículo citado, Gargarella arremete contra la angustiosa situación italiana en que el dueño de varias empresas televisivas es al mismo tiempo Jefe del Estado (además de manipular a las instancias legales a su antojo). Dice lo siguiente:
"Sin importar quién sea su titular, una concentración de este tipo siempre será alarmante porque un poder político (además de económico) condiciona y limita fuertemente la libertad de información, de crítica y de disenso y, con ella, el derecho a recibir informaciones exentas de manipulación. Pero se convierte en la apropiación privada de la democracia cuando se moviliza en la construcción de un partido de masa con las técnicas de la publicidad y, posteriormente, una vez conquistado el poder y junto con éste el control de la televisión pública, en el apoyo incondicional en favor no de un grupo político ni de un sistema de intereses económicos y sociales sino directamente de los intereses privados de su propietario que, de esta forma, se convierte en Primer ministro."
Es evidente que el peligro aquí identificado es plenamente vigente en el caso ecuatoriano, a pesar de que no tenemos como jefe de Estado a un empresario mediático, pues esa manipulación gubernamental de la opinión pública a través del control de medios y de las "técnicas de la publicidad" (step forward, Vinicio) es algo que vemos a diario tanto en el sometimiento de los medios públicos a fines partidistas como en el horripilante abuso de las "cadenas". Sin embargo, discrepo con él en cuanto al alcance general del problema (la situación italiana, por inaceptable que sea, dista mucho de ser paradigmática) como en las soluciones al problema (entre otras cosas, propone con alarde de ingenuidad un aumento de la inversión pública en emisoras públicas). En todo caso, en cuanto a lo citado por XF insisto: ahí donde vemos "una sola voz en juego", esta voz siempre será la del Estado, por lo cual la solución a tal problema difícilmente consistirá en concederle mayor protagonismo mediático, o mayores poderes de control, al mismo Estado. El lobo difícilmente puede hacernos de pastor.
(Dicho sea de paso, creo que parte del error en que cae Gargarella, por otro lado frecuente, es en identificar a los medios como "el cuarto poder", como si la titularidad de un medio o de varios medios fuera de algún modo equiparable o contrastable al poder del Estado. Como vimos hace poco en Honduras, quien disponga de la lealtad de las fuerzas del orden se ríe de ese "cuarto poder": un par de uniformados en cada emisora principal, y andando.)
2.2) Sobre la mercantilización de la libertad de expresión.
Después de leer el citado artículo, sigo sin convencerme de que el contraste artificial de "mercancía" con "derecho" tenga relevancia en este debate. Cito textualmente:
"Actualmente, en la sociedad de mercado, la libertad de pensamiento y de imprenta se asumen como un hecho. A nadie se le prohíbe hablar o imprimir volantes o periódicos, siempre que la disponibilidad financiera y el mercado lo permitan. Y, sin embrago (sic), la represión y la discriminación, la censura y la autocensura, el control de las opiniones y de las informaciones pasan a través de la propiedad de los medios de información. Gracias a ella, el pensamiento, la opinión, la información, se convierten en “mercancías” cuya producción se vincula a la propiedad del medio de información y a las inserciones publicitarias: por lo tanto son bienes patrimoniales, en vez de derechos fundamentales. "
La información y la opinión, entonces, ¿serán "mercancías" siempre que (o en la medida en que) los dueños de los medios ejercen "control" sobre ellos? Tales confusas aserciones invitan a preguntar en qué circunstancias dejan de ser mercancías: ¿será necesario crear una situación en que los medios no tengan dueños, o hay que arrebatarles tal "control", que luego pasaría a manos de... ¿quién? Aquí no veo claridad de pensamiento, peor con esa confusa locución "pasan a través de...".
Para mí, el acto de comunicar supone en circunstancias normales la posesión (así sea temporal) de un "medio" adecuado, sea éste una sencilla impresora, un bloc de notas Post-It, o la propia voz. El hecho de que algunos comuniquen habitualmente su mensaje a través de un medio (emisora radiotelevisiva, periódico, revista) de propiedad ajena y de mucho mayor capacidad de difusión es algo un poco contra natura, que trae consigo una serie de problemas adicionales (de conflictos de intereses, de posible censura, etcétera); sin embargo, es un problema que atañe relativamente a pocas personas (aunque su vocifero haga pensar que sean más), y los mencionados problemas son algo que, por otra parte, las nuevas paradigmas comunicacionales que plantea el Internet posiblemente (siendo optimistas) ayuden, con el tiempo, a subsanar. (Hablando del Internet, es elocuente que quienes se preocupen abiertamente por la supuesta necesidad de censurar los contenidos asequibles a través de este medio no son las grandes empresas involucradas en este campo, sino, como siempre, los voceros gubernamentales de diverso signo).
XF: "Que tú pruebes (lo que no has hecho) que hay en ciertos países una mayor generosidad “sin ánimo de lucro” en materia de comunicación no garantiza lo que busca la regulación adecuada que yo propongo para la Ley de Comunicación: la garantía de las dos dimensiones (individual y social) de la libertad de expresión. Yerras el punto. "
En cuanto a la primera afirmación referida, precisemos: no se trataba de demostrar que el sistema de libre mercado garantiza la libertad de expresión, sino de cuestionar esa sugerencia de Gargarella que tal sistema convierte a las informaciones y opiniones en "mercancías", es decir (según mi forma de interpretar tal afirmación) que asigne un precio de compra/venta a toda información u opinión compartida. La generosidad sin ánimo de lucro referida es la de cualquier internauta (blogueros entre ellos) que comparte sus opiniones o la información de la que dispone sin percibir por ello compensación monetaria, es decir, sin convertirlas en mercancía. Según esta lógica, si fuese verdad que el sistema de mercado es el culpable de que la información se concentre en manos de unos pocos e inescrupulosos mercaderes, a expensas del intercambio libre y desinteresado, serían los países donde impera tal sistema donde menos se diera este tipo de fenómeno. Las estadísticas no parecen apoyar tal conclusión.
2.3) Sobre los “incentivos” para la comunicación.
XF: "En principio, la Ley de Comunicación no trata simplemente de fomentar la difusión de “información y opiniones”. La Ley de Comunicación, tal como yo propongo que se redacte, deberá instituir un elenco de garantías ..."
Ajá. "Tal como yo propongo que se redacte": es decir, una cosa es el proyecto (más correctamente, los proyectos) que hasta ahora se ha debatido, y otra distinta el propuesto por XF. Lo cual me parece muy bien; pero se entenderá que mi mayor preocupación, tal como expresé más arriba, es el proyecto presentado ante la Asamblea. Tal vez mi error ha sido expresar estas preocupaciones en una pretendida réplica a un artículo del mismo XF, sin diferenciar adecuadamente su propuesta del texto (o de los textos) que se ha discutido públicamente; sin embargo, como también señalé anteriormente, no ayuda el hecho de que sobre algunos elementos de ese proyecto no tengo constancia de la opinión de XF, pero sí elementos que me inducen a suponer que él los apoya de forma tácita.
Sobre el inciso de que la Ley propuesta no tiene por objeto "fomentar la difusión de información y opiniones", estamos plenamente de acuerdo.
(Se me agotó de nuevo el tiempo. Continuará).
Endivio Roquefort=3
ReplyDeleteXaflag, el *TONTO=0
Sigue sin abrir el marcador el que juega de local. Talvez sea porque es barcelonista y se le ha pegado el meado de zorro.
No obstante, los borreguitos de AP que tienen la encomienda de levantar sus manitos en el otrora congreso nacional, ya encontraron la forma de crear la mordaza, incluso aún en el caso de que el proyecto de comunicación se llegase a archivar.
La pregunta del millón: ¿Comentará el TONTO sobre este tema?
http://ww1.elcomercio.com/noticiaEC.asp?id_noticia=327959&id_seccion=3
(Solo porque me divierte hinchar los huevos de petulantes pelotudos arrogantes, o como Unamuno los definió(1): Pedantes)
------------------
*Preguntadle a él, porqué lo llaman TONTO.
(1) Un pedante es un estúpido adulterado por el estudio.