Los Impresentables (theme music by J. Barry)

En un mundo perfecto, no habría políticos: todos tendrían un empleo productivo. En un mundo imperfecto pero aún codiciable, ser político sería como ser cualquier cosa, albañil, fontanero, cartero, con la salvedad de que su salario mensual se basaría en el GDP per capita de su país durante el último ejercicio completo (así se incentivarían las políticas sensatas creadoras de riqueza); acá, por ejemplo, el presidente y todos los asambleístas se embolsarían unos $625 mensuales (según datos del 2008). Por otra parte, como sucede en cualquier trabajo normal, la vida privada, la moral y las rarezas personales de cada político serían asunto exclusivamente suyo, lo mismo que en otros países no presidencialistas, como España. (Todavía recuerdo esa especie de aleluya colectiva de incredulidad cuando allá trascendió en los diarios que en EEUU peligraba el gobierno de Clinton por un simple lío de faldas - ni eso, sino apenas de pintalabios - de lo más aburrido y cotidiano). En el mundo real, en cambio, EEUU vivirá para siempre jamás bajo la estrella de la hipocresía puritana colectiva (lectura recomendada: The Scarlet Letter), mientras que en el Reino Unido los periodistas de The News of the Screws se esconderán en eternos arbustos para fotografiar los encuentros homosexuales de los ministros, o sobornarán a notables dommes para que revelen su clientela aficionada al látigo de alto vuelo; y acá, los columnistas propasivos lamentarán in saecula saeculorum que la prensa corrupta se pierda en personalismos, como si las imperfecciones de carácter de un presidente tuvieran alguna importancia al lado de las políticas que él ejecuta o propugna.

Ahora, sácame a un político de derechas, de cualquier nación, casado, a quien le hayan fotografiado en la cama con su secretaria, y garantizo cacería abierta para todos, hasta los más intelectualmente remilgados, pues ellos, los políticos derechistas, se lo buscan con su patética retórica sobre los valores de la familia: se sirven ellos mismos en bandeja. Por lo menos, eso dicen los columnistas.

¿La hipocresía es un asunto personal de cada uno, o tiene relevancia política?

¿Tiene alguna relevancia el hecho de que Presidente de la República, por ejemplo, mantenga una doble vida de ciudadano cualquiera (cuando le conviene, o sea, cuando se trata de proferir simples recomendaciones a miembros de la judicatura, o cuando se trata de perseguir a editorialistas por supuestos atentados contra su honra de padre de familia, o cuando se trata de hacer viajecitos a Cuba, a Europa o a Centroamérica) y de majestad (cuando le conviene, o sea, cuando se trata de pagar esos mismos viajecitos, o de conminar a un público de 400 personas para que dén lecciones de democracia a sus enemigos personales, o de hacer cumplir arcaicas leyes mediante detenciones arbitrarias de supuestos gesticuladores)? Tal vez la tenga para aquellos policías que todavía no han sabido reconocer las señales físicas del cambio de estado del Primer Mandatario - que todavía no han aprendido que cuando se le crecen las cejas y se le vuelven peludas las manos es cuando se ha transformado en majestad, y es entonces y sólo entonces cuando un evidente deseo de atrapar al supuesto insultador se debe interpretar como una orden tácita de arresto, mientras que si las cejas las tiene normales no hay que intervenir, pues ese ciudadano cualquiera no lo va a agradecer. Pero para los demás, para los que no somos policías ni funcionarios públicos, ¿tiene alguna relevancia la esquizofrenia o la hipocresía de un Presidente?

Hace unos seis años (ya saben: me gusta estar siempre en la onda) el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, dijo en cadena nacional lo siguiente acerca de la entonces secretaria de Estado de EEUU Condoleeza Rice:

"Hemos vistos en los últimos días: bailes, fiestas lujosas, celebrando en Washington la nueva toma de posesión de mister Bush, ahora acompañado por una nueva Secretaria de Estado la mister “Condolencia Rice”. Condolencia Rice. Yo lamento no haberle enviado – Fidel, mándame por favor el método “yo si puedo” para mandárselo en inglés a Condolencia Rice –no se lo mandé la otra vez se me olvidó, tanto trabajo que uno tiene - porque sigue demostrando un “analfabetismo completo” en relación a lo que pasa en Venezuela y a lo que pasa en el mundo y a lo que pasa en América Latina. (...)

Miren, aun cuando ella es la Canciller de aquel gobierno imperialista y le tocaría al doctor Alí Rodríguez reunirse con ella, soy capaz de invitarla a una reunión, a ver, a decir ¿Qué te pasa a ti conmigo pues? vamos arreglar esto a ver. ¿Quieren ustedes que la invite? (Coro de layacos: NO)

Yo hago lo que ustedes me digan.

Hace poco me recomendaba alguien ¡Mira, porque no le propones matrimonio! A ver si eso se arregla. ¿Le propongo matrimonio? (Coro de lacayos: NO)

Que mala suerte tiene esta dama, dijeron ustedes que no.

(...)

El próximo 3 de febrero –por eso es que yo digo que no me puedo casar con Condolencia porque tengo mucho trabajo. Ella tendrá que buscar otras opciones. Que se olvide de mí un poco. Ah, no Alí Rodríguez pudiera hacer. Cristóbal Jiménez está allá disponible. Bueno, Juan Barreto está soltero. Que otro haga el sacrificio ese por la patria. Pídanme cualquier otra cosa, no me pidan eso. Nicolás Maduro. Pedro Carreño. "

¿Entendieron? Las críticas de Condoleeza Rice hacia el regimen de Chávez no tienen que ver con la política, ni con diferencias ideológicas, ni con el imperialismo, ni siquiera con la pendejadez, como fuera el caso del propio Bush o de cualquier otro varón que no consiga dar con el adecuado tono de mística adulación requerida por el Caudillo. No tienen nada que ver con la función política que desempeña la tal Rice como lacaya del imperialismo yanqui, ni con su demostrable mentecatez de propulsora de guerras e invasiones sanguinarias, ni tiene nada que ver con nada de lo que pudiera estarle pasando en la cabeza (si es que la tiene). Es mujer, y por tanto, todo lo que dice y hace es hormonalmente y vaginalmente glosable. Como dijo en otra ocasión el propio Chávez, refiriéndose a su esposa y en público, hay que darle a Condolencia "lo suyo", y se supone que si a la tal Rice alguno de sus ministros (no importa cuál) hace "ese sacrificio" dándole "lo suyo", ella dejará de molestar y se volverá dócil y complaciente con el regimen.

La verdad, sorprende esto bastante cuando viene de la boca de quien en otros momentos no tiene reparos en declararse "feminista".

Pero si es hipocresía, no deja de ser una de esas hipocresías anecdóticas, superficiales, un personalismo de prensa corrupta. Lo importante de Chávez, ya se sabe, no es su carácter personal ni lo (muchísimo) que dice, sino lo que hace.

En el caso citado, el trasfondo verdadero, lo que realmente se nota "hecho" por él, se podía observar, según algunas fuentes, en la reacción de los presentes, una audiencia en vivo que incluía a varias ministras. Convengamos en que, en cualquier país verdaderamente libre, tales comentarios provocarían en tal público, en lugar de risitas... bueno, mejor que lo diga otra comentarista más elocuente:

"All this is without even mentioning that in any decent country gestures such as this would not provoke knowing little laughs and applause, as we saw on the part of his ministers and mayors on Sunday, including some female ministers; instead it would produce embarassment in all social and political sectors in response to such a testimony to backwardness, vulgarity, and immaturity on the part of the authority that offered them publically. "

Es decir, lo significativo de esto es que allá, nadie se atreve ni a taparse la nariz ante el sonoro pedo presidencial. Esto es lo que él hace. Callar e infundir miedo. Infundir servilismo.

Por ello será que, ante la sorprendente declaración (ahora sí, reciente) de que Chávez ha recibido a Karl Marx como señor y salvador personal, nadie dice nada, ni siquiera "ejem... yo voté a un paladín de la economía mixta con fuerte intervención estatal... ¿me podría usted devolver ese voto, por favor?" No sé, a mí me parece que cuando se vota a un Presidente adherido a algún tipo de socialismo sui generis altamente revisionista, y ése luego se declara marxista tout court, es un poco como someterse a un largo tratamiento médico para que el médico de tu confianza de repente un día declare que ha decidido que la medicina moderna es una simpleza y que acaba de descubrir la inmensa superioridad terapeútica de la sanguijuela y de las pociones hechas a base de alas de murciélago hervidas. Lo peor, que diga eso cuando estás tendida en el quirófano, como ahora la economía bolivariana.

Olvidémonos, sí, de personalismos; pero en ese caso, seamos consecuentes, y olvidémonos también de cambiar constituciones para permitir reelecciones de la misma persona; y aceptemos que si un Fiscal General se deja quemar así sea un poquitín las manos, hay miles, decenas de miles, de reemplazos perfectamente cualificados para relevarlo al instante, al igual que los hay para el puesto de Presidente de la República y cualquier otro puesto similar, y que el ser "amigo de" en casos así es perfectamente irrelevante. Exijamos, entonces, que ese gente haga su trabajo no solamente bien, sino perfectamente, so pena de ser reemplazados al instante. Cuando tal situación de alta disponibilidad del cargo se dé, los comentaristas corruptos perderemos el interés en señalar las incoherencias de los funcionarios públicos; mientras, la superficialidad de la crítica personalista es, tal vez, una necesaria correctiva para la superficialidad del omnipresente autobombo oficialista.

"Soy más joven que ustedes..." (un mitín reciente)

"'¡A la Patria hay que darle el Sí!" (en poster con foto de un Correa vestido de novio)

(retch)

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