La vaca

Una novia uruguaya (de corta duración) una vez me dijo, no recuerdo en qué contexto: "a Fulano de Tal hay que matarle la vaca." Le pregunté qué quería decir con eso, y me contó la siguiente historia.

Un sabio maestro budista iba caminando por el campo con su discìpulo. Llegaron cansados a una pequeña aldea donde se notaba un ambiente de extrema pobreza. Llamaron a la puerta de una humilde choza. La pareja que vivía allí los acogieron con gran hospitalidad. "No puedo ofrecerle mucho, maestro," dijo el marido, "como ve Ud., somos pobres. Pero le ofrezco unas cuantas habas y un poquito de leche de nuestra vaca, que es lo único que tenemos."

El maestro les agradeció su generosidad y pasaron la noche allí. Llegó la madrugada y el maestro despertó a su discípulo al amanecer. "Nos vamos," le dijo, "pero primero quiero que me ayudes en una tarea". Se levantaron, y salieron de la casa mientras la pareja seguía durmiendo. "Ahora," dijo el maestro, "quiero que me ayudes a matar esta vaca."

El discípulo quedó horrorizado. "¿Por qué, si esta gente humilde ha sido tan generosa con nosotros?" "Ya verás," contestó el maestro. Y a continuación, llevaron a la vaca a un peñascal cercano y la empujaron para que se cayera. La vaca quedó unos veinte metros más abajo, con el cuello roto y ensangrentada. "Vámonos," dijo el maestro.

Un año más tarde, el maestro y su discípulo volvieron a pasar por esa misma aldea. Pero ahora todo estaba cambiado. Los campos florecían, y las casas tenían otro aspecto, más arregladas. Se respiraba un ambiente de prosperidad.

Volvieron a llamar a la misma puerta. La misma pareja los acogió, con grandes señales de alegría. El marido les contó que, sin que pudiera explicar cómo sucedió, su vaca al día siguiente de la última visita del maestro había tenido un accidente y había muerto. Con lo cual, como último recurso, el hombre había sembrado sus habas en un campo cercano. Al poco tiempo, viendo tan buena cosecha que tuvieron, otros siguieron su ejemplo, y ahora todo el mundo en esa aldea se dedicaba a la agricultura, con óptimos resultados, pues la tierra de allí era extremadamente fértil. "No sé como ha sido, pero la visita de ustedes parece que nos ha traído la bendición."

El maestro miró a su discípulo. "¿Ahora lo ves?"

Fin de la historia.

No era tan interesante, ¿verdad? Pero a mí me parece que esta historia es una buena manera de determinar la tendencia política de cualquier persona, con independencia de la ideología que pretende profesar. Se trata, tal vez, de un simple instinto. Si después de escuchar o leer esta historia te quedas convencido de que la actuación del maestro budista era una encomiable muestra de sabiduría, entonces lo tuyo es el autoritarismo, de izquierda o de derecha, poco importa, es decir, eres de los que creen que el fin justifica los medios y que los que saben más tienen la responsabilidad de arreglarles la vida a los pobres ignorantes. Si en cambio te quedaste convencido de que el tal maestro era un reverendo hijo de puta, y que esta apreciación en absoluto tiene que revisarse a la luz de los resultados que obtuvo, entonces eres liberal.

Excusado decir que entre las dos especies, no hay aproximación posible. Por eso la que me contó esta historia y yo hace tiempo que nos separa un tranquilizador océano.

Comments

  1. Magnífico ejemplo. De lo dicho, puede decirse entonces que soy mas bien liberal. No obstante, me sigue chocando el lado malo del liberalismo: el individualismo, la mezquindad y el egoísmo. Pese a ello, prefiero que nadie me "de pensando" o "me de haciendo" las cosas.

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  2. Si en lugar de un maestro Budista, hubiese sido un dirigente Apista, la aldea se quedaba sin vaca y también sin habas. ;=)

    Saludos

    F.R.

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  3. Disiento del estigma o categoría política o como lo quieras llamar que le das al final de tu artículo a quienes se inclinaren a una u otra postura. En lo personal, ya conocía este cuento zen y yo siempre estuve de acuerdo con lo realizado por el Maestro, mas no en el sentido que tú acentúas, el que él arbitraria y autoritariamente haya decidido y ejecutado a través de su discípulo el arrojar la vaca y haya decidido el destino de dicha familia a su antojo solo para darle una lección a su pequeño saltamonte, no, mas bien en el hecho cierto, en la moraleja que encierra la pequeña historia, la cual hace apología de la abundancia y la prosperidad ganadas a través del esfuerzo, la inventiva y el sacrificio, circunstancias tales que no existían antes del deceso de la vaca, la cual si bien les proporcionaba "todo", hacía mella de sus capacidades creativas e inventoras de supervivencia y progreso, purgando una pèreza y ociosidad perennes y vilmente enquistadas en dicha familia. Entiendo perfectamente el matiz político de tu comentario al cual inevitablemente siempre te inclinas y acoges y está bien. Solo quería acotar algo que quizás ya lo habías notado sin comentarlo o darle relevancia. Saludos.

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  4. MDGO: Gracias por comentar. Si lo que se quiere resaltar es el logro de ganarse la prosperidad "a través del esfuerzo, la inventiva y el sacrificio", entonces te propongo un pequeño arreglo a esta historia: el Maestro, con o sin discípulo, en su primera visita le explica al hombre de la choza su visión, y a través de sus notables dotes de persuasión, le convence para que él mismo (el pobre) mate su vaca a fin de que la carne vendida le sirva para financiarse su nuevo proyecto de agricultor. En esta versión todos quedan bien parados: el Maestro por tener la indudable sabiduría y visión necesarias para concebir y sembrar la idea en primer lugar, y el otro por acogerla y ejecutarla con esfuerzo y constancia. Pero en tal caso, hay que aceptar que en la vida real el pobre no siempre va a estar dispuesto a "sacrificarse" de tal manera, y si no lo hace, es muy probable que también tenga sus razones, válidas e innegociables, que ni siquiera la privilegiada espiritualidad de un Maestro capacita para entender.

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  5. Entiendo perfectamente tu punto y criterio, estimado Endivio, pero dejémosle de buscar la quinta pata al gato que no la tiene, y entendamos lo que quiso decir ralmente la historia, la esencia de la enseñanza del Maestro matavacas, la sencilla moraleja de que la necesidad es la madre de la inventiva y sabemos que con tal aseveración y lección impartida no se ha descubierto el agua tibia, pero que bien sirve para bañarnos con un poco de ella. Saludos.

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  6. "Lo que quiso decir realmente la historia" y lo que la gente saca de ella son cosas a veces diferentes pero ambas relevantes. La ex referida en la entrada la usaba para justificar la injerencia en vidas y asuntos ajenas. No me extrañaría que algún politiquero la use algún día para justificar, por ejemplo, alguna medida de censura de los medios, alegando que la "telebasura" es algo que hace daño a la gente, pese a su marcada preferencia por ella, y que hay que "matarle esa vaca" para que descubramos el sano gozo de los programas gubernamentales educativas sobre los logros del socialismo chino.

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