Discurso de odio (2)

A veces me pierdo en largas elucubraciones. He aquí la versión simplificada.

. Las leyes contra el "discurso del odio" constituyen un atentado a la libertad de expresión, no importa si se aprueban en Bolivia, en Alemania o en otro país. Eso debe ser evidente. Atentado por otro lado injustificable, pues no es demostrado que tales leyes sirvan para algo (y es llamativo que en EEUU no existen, pues hay una enmienda constitucional para guardar contra eso; sin embargo, tal país no demuestra sufrir de una tasa de crímenes de odio peor que otros países). Así que la SIP está en todo su derecho al denunciar tales proyectos.

Pero si tiene que haber leyes, por lo menos seamos consecuentes y prohibamos a los políticos sembrar odio contra segmentos de la población como ("corruptos") periodistas, ("corruptos") dueños de medios, ("corruptos") banqueros, ("mediocres") profesores, ("terroristas") indígenas, o ("pelucones") miembros de la clase media. Claro que ya sabemos que tal prohibición sería imposible de implementar. Los dueños del discurso de odio son, y siempre han sido, los propios políticos y sus layacos en los medios serviles o secuestrados. Sin el arma del odio manejado y manipulado desde arriba, el actual gobierno ecuatoriano no duraría ni un solo día. EL odio es su hábitat natural, y el discurso del odio, prácticamente el único que conocen.

Pero (se me ocurre) lo peor no son las leyes contra discursos, por ejemplo, supuestamente racistas, sino las que (como en el R. hUnDido) buscan sancionar hasta a los que no muestran el debido respeto hacia otras tradiciones, otras culturas, etcétera. Es decir, las leyes multi-culti. Ésas sí son extremadamente peligrosas, pues introducen un doble estándar según el cual el imám de turno puede maldecir la infiel y endemoniada civilización occidental (qué quieres, es su cultura), mientras que el que ataca a la religión de ese imám de repente es acusado de intolerante.

En el futuro, según muchos indicios, va a ser cada vez más necesario denunciar las barbaridades religiosas dondequiera que afloren, pues estamos descendiendo en una nueva era de supersticiones, de intolerancia y de tiranías de diversa índole: en resumen, una nueva Oscuridad. Allí ya no sirven para nada las leyes. Sirven solamente las mentes abiertas, críticas y libres.

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