Murió Berlanga

el grande, el fino, el observador arrollador, el burlacensuras, el verdugo de la santa incomprensión, el defensor del espectador que también quiere pensar y gozar, el que me susurró hasta mi nombre de cuenta de correo. Si sale algo suyo en la tele estos días en concepto de tributo, pásenme el dato con antelación, o grábenmelo. Se agradece.

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