Nuestro amor

Me acerco al tema con supersticiosa cautela. Les puedo adelantar que en un solo post no voy a hacer más que escarbar en la superficie. Pero urge. Me quedan pocos meses y si se trata de exorcizar todo, tarde o temprano voy a tener que luchar contra ese ángel.

Así que: ¿qué es lo que se esconde tras tanta propaganda?

Ya intuyen lo que quiero decir. Sabemos, por tanta cadena que hay, que el gobierno está fracasando pero de lo lindo. Un gobierno que realmente hiciera las cosas bien hechas no tendría que gastar ni un centavo en propaganda: sus obras serían su tarjeta de presentación. Del mismo modo, si al amor romántico tanta propaganda se le hace, algo tiene que haber de podrido dentro. La señora protesta demasiado. En este momento estoy escuchando la música romántica favorita de los vecinos de enfrente, que padecen de esa creencia común a todos los vecinos de enfrente del mundo, que sus gustos en música son un valioso don que hay que compartir con todo el barrio, bajo la rúbrica de educación cultural. No me pregunten. Tal vez Laura Pausini, no sé, algo me suena. Una de las canciones se llama "Mío".

Salgo a la calle cualquier día, veo a una tribu de seres bípedos, extrañamente familiares. Casi todos llevan un artilugio, no me preguntes cómo se llama, será iPod o MP3 o alguna cosa de ésas, la cuestión es que se conecta a los oídos, y esos seres patéticos así andan, permanentemente (aun en mis clases alguno no puede resistirse) conectados con la fuente de propaganda, de lavado de cerebro, y lo digo porque estoy casi casi seguro, por mucho que reconozco mi ignorancia en música contemporánea, que todo, todo lo que escuchan será de alguna manera eso, apología del amor, sea en la fase "me gustas", sea en la de "seamos novios", sea "por qué me engañas con otro/a", sea "vuelve a mí", sea "no puedo vivir sin él/ella", o alguna otra que de momento se me olvida. Hasta he hecho la experiencia, poniendo en mis clases canciones que no tratan del amor, y otras que sí: con un pequeño margen de error, se puede estar estadísticamente seguro de que en una clase típica de 30 alumnos cualquier canción que no trate del amor será considerada consensualmente como mala, con independencia de sus cualidades musicales, mientras que otra que sí trate sobre ese tema, por execrable que sea musicalmente siempre tendrá sus adeptos, casi siempre abrumadora mayoría (las chicas en las clases de idiomas siempre son mayoría). Y cuanto más se limite su letra al cliché mil veces explotado, más arrasará.

Pero no sólo eso. El amor también aparece como invitado de lujo en las telenovelas, y hasta en la literatura más clásica. Se insinúa en las conversaciones, que en el momento en que se asoma se tornan "serias", "íntimas". Hasta presume de dirigir nuestras vidas. Constituye el pretexto, a veces el único, para que las personas firmen desastrosos contratos de mutuo auxilio de por vida. Su megalomanía parece no tener límites.

Claro, me contestan: es algo que para nosotros, los humanos, es muy importante. Hazte humano y lo entenderás mejor.

Siempre me han dicho eso, hasta que al final me harté y me hice humano. Lo que encontré fue que el amor se adueña de ti, eso es indudable, pero tiene algo de hipócrita que no me gusta. Finge ser una fuerza vital, elemental, y no lo es. Por el contrario, es un espantapájaros hecho de cosas prestadas, de clichés, de lecturas y argumentos de películas de Hollywood. Claro que habrá quien defienda que las películas sólo "reflejan". Mentira. Definen, acondicionan. El hambre de mujeres que tenemos los hombres es una cosa maravillosa, hasta que se enfrenta en desigual batalla con las convenciones hollywoodienses, que la transforman en algo tan prosaico y rutinario como un supuesto deseo de besar o de follar. Como si ellas no tuvieran más asas donde agarrar que aquéllas. Las convenciones del amor nos trivializan, nos ridiculizan. ¿Será eso su verdadero objetivo?

No, dicen las feministas clásicas. El amor es un mito diseñado con el propósito de mantener una estructura social de dominación y sumisión. Es la superestructura ideológica, en términos marxistas, que nos oculta la base económica de superexplotación del género femenino. La teoría me parece interesante, por supuesto respetable, pero poco convincente. En parte porque quien conoce algo de la antigua cultura griega sabe que el romanticismo no necesariamente tiene nada que ver con las mujeres (unos seres simplemente despreciables e incapaces de inspirar nobles sentimientos, según cierta ortodoxia de aquellos tiempos). Uno puede ser, siendo hombre, igual de romántico, de amoroso, con otros hombres. La cuestión género me parece un arenque rojo. Por otra parte, las mujeres ya dejaron de ser explotadas en nuestra civilización, y no por eso se escuchan menos suspiros. Acaso más. Los victorianos que consiguieron prostituir una tercera parte de la feminidad de Londres no acudían a sus burdeles escuchando MP3. Les interesaban bastante más los gusanos (miren a Darwin). Ahora, hoy en día si no andas enamorado es como si no te hubieras lavado el cabello. La gente te mira con un urbano y lacónico asco. Eres un poco rarillo.

Otros, impacientes: ¿estás loco? Sin el amor, sólo pensaríamos en follar. El amor nos dignifica. Es el glutamato de civilización que condimenta nuestras "bajas" pasiones. Mi respuesta: ¿por qué será que todos los que dicen eso resultan ser curas católicas? Las pasiones católicas, por lo visto, son bajas. Las mías no. Horribles, destructores, irracionales, ridículas, todo eso y más, pero nunca las vi bajas. Más bajo he estado yo sin ellas.

Ah, ya salió de su escondite. Pasión. Del verbo padecer, voz pasiva. Sufrimiento. Ya he tenido mil veces esta discusión. Hasta los más masoquistas, lo que propiamente deseamos no es sufrir, cosa que por su naturaleza no se puede desear. Anhelamos algo que nos han dicho va con el sufrimiento, y sólo es accesible a través de él. Quizás el estatus de víctima, quizás conjurar el terrible espectro de la responsabilidad adulta, quizás otra cosa, tal vez incluso algo de ese rudo estímulo fisico que echamos de menos en el insípido y políticamente correcto roce cariñoso pos-Dworkin. En todo caso, es notorio (o debería serlo) que un sufrimiento tan unánimamente perseguido como el que celebran todas las canciones románticas mucha hipocresía encierra. Sólo hay que escucharlas. Nos dicen "me dejaste, me muero", pero lo dicen con acordes llenos de chocolate y chicle de fresa.

No, no estoy diciendo que hay un cabal de seres de élite que intenten programarnos para que nos distraigamos con el dichoso tema del amor hasta el punto de no darnos cuenta de las putadas que nos hacen y de la miseria que vivimos. Solamente estoy diciendo que es lo que parece.

Y que los que sufrimos, no somos todo lo pasivos en eso que nos gustaría dar a entender y que nos gustaría, llegados a eso, creer.



La cantante no es para el papel, la puesta en escena apesta, la voz subyuga. Espero burlas inmisericordes, pero para mí la canción es bonita, aparte de ser una lección magistral en el uso del séptimo disminuido (pregúntele a George Harrison).

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