Ex-ing a paragrab

"la libertad de empresa no puede, en ningún caso, prevalecer sobre el derecho de los ciudadanos a una información rigurosa y verificada"

¿Quién lo dijo? ¿Betty la Fea? ¿Xavier Flores? ¿Rolando Panchana? Podría haber sido cualquiera de ellos, y sin duda no sería difícil extender la lista a voluntad hasta llegar a cien o a quinientos nombres, pues nada hay más sagrado que el derecho a la clonada uniformidad en el pensamiento y en la expresión. En realidad, el autor fue un tal Ignacio Ramonet, periodista español que ayer hizo las delicias del correísmo al entrevistarse con el Führer y luego deshacerse en elogios, ante los micrófonos, de tan notable estadista. La cita viene de un ensayo suyo que hojeé por curiosidad, para cerciorarme de que, en efecto, el tipo, descrito unánimanente como "experto" por los medios correístas (TC Televisión ayer, por ejemplo), es una perfecta nulidad en lo que a pensamiento político se refiere: leyéndolo, uno tiene la sensación de estar leyendo a Chomsky (con quien habrá colaborado en alguna publicación), faltando sólo esa sensación de un intelecto privilegiado pero cuidadosamente amaestrado que, como jovial pastor alemán, a veces amenaza a fuerza de saltitos con interrumpir el flujo de las ideas. He aquí una muestra del estilo de Ramonet:

La prensa y los medios de comunicación han sido, durante largos decenios, en el marco democrático, un recurso de los ciudadanos contra el abuso de los poderes. En efecto, los tres poderes tradicionales -legislativo, ejecutivo y judicial- pueden fallar, confundirse y cometer errores. Mucho más frecuentemente, por supuesto, en los Estados autoritarios y dictatoriales, donde el poder político es el principal responsable de todas las violaciones a los derechos humanos y de todas las censuras contra las libertades.


Pero en los países democráticos también pueden cometerse graves abusos, aunque las leyes sean votadas democráticamente, los gobiernos surjan del sufragio universal y la justicia -en teoría- sea independiente del ejecutivo. Puede ocurrir, por ejemplo, que ésta condene a un inocente (¡cómo olvidar el caso Dreyfus en Francia!); que el Parlamento vote leyes discriminatorias para ciertos sectores de la población (como ha sucedido en Estados Unidos, durante más de un siglo, respecto de los afro-estadounidenses, y sucede actualmente respecto de los oriundos de países musulmanes, en virtud de la "Patriot Act"); que los gobiernos implementen políticas cuyas consecuencias resultarán funestas para todo un sector de la sociedad (como sucede, en la actualidad, en numerosos países europeos, respecto de los inmigrantes "indocumentados").

La flojera de análisis resulta demasiado obvia para detenernos mucho: digamos que tan alegre clasificación de Estados en buenos (los "países democráticos") y malos ("Estados autoritarios y dictatoriales") demuestra un simplismo que sólo es sobrepasado por la ingenuidad con que insiste en catalogar los abusos de los tres poderes tradicionales como "fallos", confusiones y "errores". El autor señala que hasta en esos "países democráticos" se pueden dar abusos (¿quién lo hubiera dicho?) pero al intentar ejemplificar ese punto, remite a un supuesto "parlamento" (sic) en EEUU que habría votado "leyes discriminatorias" contra la población afro, olvidando que las Jim Crow Laws fueron disposiciones de los estados del Sur, no federales y menos "parlamentarios", por supuesto todos dominados por gobernadores Demócratas (que el partido Demócrata hoy en día se atreva a alzarse en paladín del antiracismo es una de las ironías más hilarantes de la escena política yanqui). Asimismo, que el USA PATRIOT (así, con mayúsculas: es acrónimo) Act tenga disposiciones que viertan específicamente en contra de "oriundos de países musulmanes" es sencillamente falso (aunque esa Ley es una auténtica barbaridad, ahí no hay discusión). Antes de recurrir a ejemplos que evidentemente no conoce bien, uno se pregunta por qué no se busca ejemplos de abusos estatales mucho más cercanos a casa, como las leyes francesas en contra de la libertad vestuaria... Pero resulta demasiado obvio que este tipo tiene la mirada muy selectiva:

En este país latinoamericano donde la oposición política fue derrotada en 1998 en elecciones libres, plurales y democráticas, los principales grupos de prensa, radio y televisión han desatado una verdadera guerra mediática contra la legitimidad del presidente Hugo Chávez (4). Mientras que éste y su gobierno se mantienen respetuosos al marco democrático, los medios de comunicación, en manos de un puñado de privilegiados, continúan utilizando toda la artillería de las manipulaciones, las mentiras y el lavado de cerebro para tratar de intoxicar la mente de la gente.

Así que Chávez "se mantiene respetuoso al marco democrático". Me pregunto si este tipo no estaría interesado en comprar un puente en Brooklyn de mi haber, o tal vez un hermoso reloj que tengo actualmente en exposición en el Malecón.

Pero no era éste mi punto. Simplemente, me hicieron reir frases del artículo como la siguiente:

Al abrigo de la libertad de expresión, las empresas mediáticas no deben poder difundir informaciones falsas, ni realizar campañas de propaganda ideológica, u otras manipulaciones.

Quizás debería decirselo a TC Televisión, o a El Ciudadano, que ambos porfían en describir al propio Ramonet como "director del periódico mensual Le Monde Diplomatique", cuando la propia web de tal revista desmiente tal aseveración. Al parecer, el actual director se llama Serge Halimi: Ramonet dejó de ser director de la publicación en 2008. La descripción correcta, por tanto, sería "ex director"; la ex se habrá caído, supongo, en medio de tanta emoción.

Comments

  1. Yo creo que si invitaban a Arellano en lugar de Ramonet, el local le daba clases de lisonjera a Ignacio, además les habría salido más barato. Me pregunto por qué no lo habrán hecho? Después de todo “primero es lo nuestro”, verdad? ;-)

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