Opus Curuchupi

A veces acusan a los diarios de este país de ser curuchupas. Siempre me parecía una exageración, si bien es cierto que algunos cuentan con curitas mascotas. Hoy, sin embargo, me obligué a leer entera una columna de ese siempre soporífico Nicolás Parducci, y le encuentro de humor inusualmente animado - hasta, cómo diría, despierto. Al parecer, ha leído un artículo en una revista con nombre Cristianisme y Justicia (vaya curiosa mezcla de catalán y castellano) y oh sorpresa, en tal revista confesadamente cristiana un artículo de una tal Dra. Oller i Sala a más de recomendar "repensar el mundo", propone la siguiente idea "sumamente interesante":

"construir la convivencia armoniosa deseada requiere la aportación de las tradiciones religiosas"

Como dijo el dueño del chifa catalán a su esposa: ¡Caldes de Malavella!

O en bajo babeleño: ¡fóllenme lateralmente con una cuchara oxidada!

¿Quién hubiera imaginado que en un artículo en una revista religiosa alguien se atrevería a sugerir que las religiones pueden aportar a la convivencia armoniosa?

No sé, igual en estas latitudes el silly season, fenómeno conocido para todo periodista, sucede en fechas distintas al resto del mundo. Mientras algunos debaten encarnizadamente si la ola delictiva en Guayaquil se soluciona mejor con más milicos o cerrando las fronteras a los colombianos o abriéndolas a los australianos buscados por el Interpol por oscuros crímenes sexuales de pensamiento contra Hillary Clinton, el bueno de Parducci en su Olimpo, desdeñando nimiedades, va directo al grano: hay que repensar el mundo (el que, aparentemente, "hemos construido": debo haber pestañeado, no lo recuerdo, pensaba que gran parte de tal construcción había sido a cargo de no lectores de El Universo, mucho tiempo atrás); pues este tal mundo está lleno de injusticia (de veras, la agudeza de percepción de este señor es asombrosa), para lo que se propone "pasar desde la cultura de la violencia hacia la cultura de la paz": es decir, hay que enseñarle este artículo a Bin Laden, a Ahminanastimud, a Kim Jong Il, y en general a todos los señores de la guerra a escala mundial, para que todos digan "ah, ya veo, estaba equivocado, pensaba que la guerra era buena y resulta que no, gracias, señor Parducci, rectificaré en seguida". O quizás no dirán eso exactamente, pero qué importa, lo que cuenta es el pensamiento.

Hay que repensar el mundo. Hay que cambiar el mundo.

Ya lo dije hace tiempo, lo que yo creo a propósito de tales eslóganes: antes de proponer cambiar el mundo, más vale que primero propongamos cambiar nuestras medias. Lo digo porque, mientras el primer propósito está destinado al eterno fracaso, el segundo, con algo de constancia, tiene visos de poder cumplirse. Y de no resultar tampoco todo lo fácil que parece, tal vez porque ya no hay medias limpias o porque tienen todos más agujeros que un informe de la IPCC, nos daremos cuenta tal vez de la inmensa estupidez que encierra cualquier propósito de cambiar aquello que ni conocemos en su totalidad, peor entendemos, y de que ni somos nosotros dueños absolutos ni siquiera en un 0.000001%, como para que vayamos alegremente queriendo cambiarlo o repensarlo. Sin embargo, tal pensamiento megalómano, psicótico, desquiciado, se ha vuelto tan común desde que los centros educativos empezaron hace medio siglo a impartir la teoría de que todos somos dueños de todos los demás, en una especie de esclavitud recíproca a que se le da el nombre caprichoso de sociedad.

Y claro, en ese mass-debating session global e incluyente que con tanta solemnidad se propone, que no falten las religiones. Faltaría más.

Lo siguiente es imperdible:

¿Cuál puede ser la contribución de las religiones a la gobernabilidad mundial? y propone: Educar en las actitudes éticas democráticas fundamentales y en el consumo responsable, favoreciendo el diálogo a todos los niveles.
También reconoce que los dos grandes ámbitos de importante aportación de las tradiciones religiosas son la construcción de una cultura que tenga cuidado y respeto hacia el ser humano y su hábitat natural, así como la construcción de una cultura de la paz.

No sé cómo decirlo. Si la policía me pusiera delante de una fila de sospechosos de haber, alguna vez, "educado en actitudes éticas democráticas", o de haber "favorecido el diálogo", o de haber "respetado al ser humano" o de haber "construido una cultura de la paz", ni que sólo fueran diez sospechosos, o cinco, ni que los demás fueran todos asesinos a sueldo: en mil años no identificaría a la religión por tal descripción. Se rumorea, eso sí, que existen en el mundo religiones simpáticas - el taoismo, el budismo - pero lo siento, me educaron en Occidente, y acá lo primero que te enseñan de las religiones en la escuela es que son, desde siempre, la mejor y más potente excusa jamás inventada por la humanidad para convalidar a los tiranos, para descalificar al que piensa diferente y amenazarlo con sufrimientos eternos, para torturar y matar a personas inocentes, y para sumar a los pueblos en guerras inútiles y fratricidas. Mil disculpas, religiones, tuvieron su oportunidad y la cagaron. Que tengan algo positivo que contribuir en el mundo actual es una proposición absolutamente rebatible desde cualquier ángulo histórico. En el caso del cristianismo, remito al discurso de Stephen Fry posteado hace poco. En el caso del Islam, al 11 de septiembre. La religión, en el mundo de hoy, es prácticamente sinónimo de intolerancia y odio. No tiene nada que enseñarnos. No es más que una despreciable superchería.

Hay que procurar identidades relacionales e impedir identidades aisladas y la polarización entre comunidades religiosas.


Eso es un poco como decir que hay que evitar la polarización entre seres humanos y neumococcos. Seamos razonables. El cristianismo enseña a sus fieles que cualquier ser humano que no siga su particular interpretación de la Biblia está destinado a ser torturado eternamente por un Dios bondadoso. En tales circunstancias, polarizarse es prácticamente un deber. Otras religiones, si no van tan lejos, se limitan a masacrar a los infieles cada vez que se da una oportunidad, pues a los dioses desde siempre les ha encantado el olor a carne chamuscada. Es lo que hay. Pedir que los sumos sacerdotes de las diferentes religiones se asocien a un putativo movimiento de regeneración mundial es tan "revolucionario" - para contestar a la pregunta habitual de Parducci - que revoluciona hasta la lógica. Tan lejos, a tales terrenos de autonegación mística, no creo que nunca podré llegar.

Comments

Popular posts from this blog

Odio

Relaciones diplomáticas

The OK Salvadoran