En aras de diálogo....

Agradecería mucho que alguien me explique por qué existe un problema con el sueldo de Guillermo Lasso. Según la cuenta Twitter del Presidente, este sujeto habría ganado 15 millones de dólares en el 2014. El Presidente lo dice, los redactores del Telégrafo lo dicen y además lo ponen en portada día tras día como dato de enorme relevancia. Me imagino que será verdad. El man se gana un dineral. Y yo digo: bien por él. ¿Cuál es el problema? Admito que la cifra reviste cierto aire de misterio para mí, ya que al tal Lasso le tengo por un ex gerente del Banco de Guayaquil, un pésimo orador, un dead ringer por William H. Macy en la película Fargo, un desconocedor de la obra de Pablo Palacio y poca cosa más. Ni remotísima idea de cuál será ese trabajo el cual desempeña tan pingüe y eficientemente como para ganarse ese dinero. Y me parece bien curioso el hecho de que el Telégrafo tanto escándalo arma por el salario y ni pío se dice acerca del origen de esas cantidades que tan alegremente difunde como dato de interés público. Parece que el preciso mecanismo según el cual una persona puede llegar a convertirse en "un rico" no interesa que se sepa. Lo único que importa es el resultado y la reacción que genera. Un periodismo que oculta las causas y el trasfondo de los hechos y se limita a cebarse en el estereotipo y en la sensación creo que tiene un nombre: eso, lo dejo a la sagacidad de mis lectores. Y repito: de todos modos, y sea cual sea el misterioso trabajo de don Guillermo Lasso, al cual se dedica cuando no está haciendo discursitos truchos con esa cara impagable de ayer murió mi perro - ¿cuál es el problema?

Por supuesto que si algunitos ganan (o heredan) 15 millones y otros apenas llegan a 150 mensuales, hay "desigualdad". Pero sinceramente, no alcanzo a ver el problema en eso. Es como si yo dijera: mira, algunos van por el mundo con los pulmones tan sanos que hasta son capaces de ganar carreras de maratón, mientras que yo tengo dificultad hasta para subir unas escaleritas: ¡esto no es justo! ¡Se tendría que coger algunos alvéolos de los pulmones de esa gente y trasplantarlos a los míos! Y no crean: la analogía da para más, pues cualquier médico te asegurará que en caso de realizar tan temeraria operación, esos alvéolos lo único que harán es marchitarse y pudrirse, pues no existe manera de hacer que funcionen dentro de otro cuerpo que no sea el que los vio nacer. Es lo que suele pasar, de igual modo, con las "redistribuciones": ya fuera de esas manos talentosas que lo hicieron brotar de la dura roca, ese dinero se vuelve inerte, incapaz de reproducirse: se "gasta", se despilfarra, se pierde. Lo vimos en la colectivización de la agricultura de la Unión Soviética, tragedia histórica de que algunos parecen no querer aprender nada, pese a tener cerca de sus costas otros experimentos caros y fallidos, como el cubano o el venezolano: si ni con esos ejemplos aprenden, no aprenderán con nada, digo yo.

Y la analogía se completa con las siguientes observaciones: mi insuficiencia pulmonar no es castigo de los dioses (por mucho que estén en contra del neoliberalismo, de acuerdo con ese argentino que quiere hacernos visita el mes que viene) sino que se debe a una combinación de la genética, la mala suerte y la tozuda irresponsabilidad de un servidor, todo en justa proporción. De modo que aunque fuera posible reavivar mis pulmones jodiendo a otros, ¿dónde estaría la justicia? Otros se cuidan su cuerpo, yo destrozo el mío, y luego reclamo que me "deben" salud, ¿eso es justicia? Y aunque no fuera así, ¿justicia es castigar a los que tuvieron la fortuna de gozar, por ejemplo, de padres que inculcaron buenos hábitos? Según alguna columnista del Telégrafo, no, pues lo "heredado" en formación y hábitos es herencia legítima: ¿por qué no lo otro? En fin, son muchas preguntas, pero lo medular es esto, y tengo que insistir en ello porque nadie más lo está haciendo: por muy "injusto" que consideres la repartición de los recursos en el mundo, eso no da derecho a nadie, y menos al Estado, de tocar lo que no le pertenece, lo que no se ganó con su esfuerzo ni se compró en el libre mercado. Y esta simple apreciación, base de cualquier moralidad que no sea esperpento y superchería, bien que les arde a los apóstoles de la redistribución forzosa estatal, pues no hacen más que intentar justificarse con malos argumentos: que si "los ricos" se aprovecharon de las obras estatales, que si los herederos no trabajaron por ganarse lo heredado (argumento que ignora que si el dinero no puede regalarse, ya no es dinero: es simple carta de servidumbre al Estado), que si no vivimos en una sociedad "meritocrática" (menos mal, digo yo, else who should 'scape whipping?), que si tenemos de la autoridad nada menos que de Carlos Marx (Carrasco, o el otro, ya poco importa) que el dinero de "los ricos" se basa en la "explotación", o sea, que nunca fue legítimamente de ellos, sino de todos ustedes, los explotados: argumento hoy en día intelectualmente insostenible, pero no deja de seducir a los económicamente analfabetos, por razones que estimo obvias.

Todo esto también tiene un nombre, señores: se llama demagogia, y el resultado de su abuso a largo plazo a la vista está, no hace falta más que dirigir la mirada a Venezuela. País que, aunque hubiera conseguido salirse a flote económicamente, cosa que no ha sucedido, no sería por eso país menos feo y repulsivo para vivir. Una sociedad basada en el odio, en la envidia, en la pereza y en la viveza criolla: ¿eso quieren ustedes? Pues sigan por el mismo camino, y no digo más.

Bueno, sí, una última cosa. Confieso que me da ternura el repentino catolicismo apostólico y romano de algunos comentaristas ("algunos", se me está contagiando el estilo) que hasta son capaces de tildar de fascistas los (supuestos) inconformes con la visita papal (cosa que tiene su ironía, ya que la Iglesia Católica siempre estuvo la mar de cómoda con el fascismo). Inconformes que, por otro lado, no tengo idea de quiénes serán, pero en fin. Camisa negra no hay en mi armario, por si acaso. Por mí que venga el papa éste y todos los papas que quisieran, bienvenidos sean, pero ¿días feriados? ¿Seguridad a cargo del Estado? ¿Despilfarro de recursos estatales para dar la bienvenida a un simple líder religioso y jefe de un microestado? ¿Dónde se ha visto tal cosa en un supuesto estado laico? El ambiente de tercermundismo que se respira aquí a veces se vuelve insufrible. Si hay oxígeno por algún lado, me avisarán.



William H. Macy
 
 
Guillermo Lasso

Are they in some way related? I think we should be told.

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