Reescribir la historia (1)
Cuando se dio el asesinato de Miguel Angel Blanco a manos de ETA, allá en 1997, yo vivía en España, y como prácticamente todo el mundo participé en las manifestaciones y vigilias, que recuerdo como la muestra de rechazo popular contra la barbarie más contundente que jamás he presenciado. Aquellos días, no recuerdo si antes o después, también se me ocurrió hacer otra cosa, que fue indagar en las páginas web de que entonces disponía la organización terrorista. No sé si lo habré comentado en otro lugar, pero hice allí un descubrimiento interesante, que tiene que ver con un nivel de hipocresía flagrante que, ingenuo de mí, no hubiera asociado con una organización de esas características.
Me explico. Obviamente cuando uno se hace terrorista, "algo se muere en el alma", es decir tiene que despedirse de gran parte de su humanidad (los afortunados ni se darán cuenta de ello hasta mucho más tarde) y a partir de ese momento, dejar de ver a los seres humanos como lo que son, irrepetibles conciencias hechas de gozos y sufrimientos al igual que uno mismo, y empezar a verlos como piezas en un juego de ajedrez, como instrumentos, como medios para conseguir un determinado fin. La inhumanidad fundamental de todo el proyecto, naturalmente, se enmascara con palabras. Se aprende una jerga bizantina que justifica la tortura y el asesinato en aras del "movimiento", de la "independencia"; de la "revolución", etcétera, junto con unos malabarismos intelectuales que pretenden trasladar culpas y responsabilidades al "enemigo". La mala fe de esas organizaciones se mide por el número de boletines internos que circulan entre sus miembros, dentro del mayor hermetismo por supuesto, donde cada uno tiene su "apodo revolucionario", y donde se discute, con un léxico marxistoide y gran alarde de pretenciosidad, cual es la actual "coyuntura", si es "revolucionaria" o no, cómo está "el sentir de las masas", etcétera, y se le recuerda a los pusilánimes que aquello que aparenta ser un Estado de Derecho con mecanismos democráticos y libertad de opinión en realidad es un enorme aparato de represión cuyo salvajismo justifica de antemano cualquier respuesta violenta. Es uno de los atractivos de ser un despiadado asesino: por lo menos te sientes parte de algo importante y secreto, algo que en la posterioridad será celebrado por todos los juglares del mundo.
Bien. Mi punto es que todo terrorista es, según el vocabulario de Lessing, "el buen terrorista". Tiene todas sus defensas conceptuales permanentemente a punto, bien engrasadas, listas para todo. Eso de que el asesinato de un inocente se puede justificar "dentro del panorama político más amplio" se lo traga y se lo cree a pies juntillas. Si no, su mundo se derrumbaría ante la enormidad de lo acometido y terminaría suicidándose, como hizo uno de los secuestradores de Blanco, años después.
Por lo menos es lo que siempre supuse, hasta ver esa página web que ETA tenía colgada en algún servidor foráneo (algunas semanas después, ya la habían eliminado). Lo que recuerdo haber visto allí es lo siguiente:
Una historia de ETA donde se enumera cada uno de los actos represivos del Estado español desde la fundación de la organización, allá por los años sesenta, en contra del sufrido pueblo vasco. Unas vagas puntualizaciones sobre las "respuestas armadas" emprendidas por la organización en el mismo período. Al principio se expone con claridad que ETA nació bajo una dictadura que, por ser tal, se podía permitir ciertos excesos. Se sigue con la historia. Tal acción infame de las fuerzas represoras españolas. Tal legítima respuesta armada de la heroica resistencia vasca. Ping, pong, ping, pong. Hasta llegar a nuestros días. "La lucha sigue. Y usted puede ayudarnos. Si desea más información..."
La página era escrita en inglés, no recuerdo con qué nivel de corrección. Me quedé pensando después de terminar con esa lectura. ¿Qué es lo que ahí faltaba? La pregunta se contestaba antes de terminar de formularse. Claro: se olvidaron de mencionar que España ya no era una dictadura.
¿Se olvidaron? Consideren lo siguiente: una página en inglés era destinada a ser leída, sobre todo, por "liberals" estadounidenses, de ésos que llevan apellidos irlandeses y de vez en cuando les gusta hacer una contribución financiera "por la causa", pues ellos con su educación superior saben que todo lo malo que se cuenta sobre la IRA es mentira, son buenos chicos que solamente quieren ver a su país libre del yugo monarquista. Así que, organización terrorista que se respete, no vamos a ser menos: metámosle también el cuento y a ver si por ese lado también recaudamos algo de fondos. A nuestro favor, desde el punto de vista propagandístico, es haber nacido bajo la dictadura. En nuestra contra, el haber seguido con la lucha armada cuando ya existía la posibilidad de un reencauce democrático de nuestras demandas. Pues simplemente omitiendo ese detalle, y confiando en la proverbial ignorancia del yanqui que difícilmente situaría a África en un mapamundi, la cosa ya marcha. De modo que, sin mentir salvo por omisión, la página de ETA daba a entender que la dictadura franquista de los 60 y el actual gobierno español de esos días era una misma cosa.
Eso es lo que yo llamo "reescribir la historia": no necesariamente mentir en el sentido de propugnar falsedades, sino aprovecharse de la ignorancia del público, atributo en que hoy día se puede confiar tal vez como nunca antes, y sobre todo en la falaz sensación de continuidad que nos impide establecer importantes diferencias. Tengo la intención de seguir con este tema, pero en otra dirección más contemporánea. Ahora mismo, empero, me toca salir por cigarrillos.
Me explico. Obviamente cuando uno se hace terrorista, "algo se muere en el alma", es decir tiene que despedirse de gran parte de su humanidad (los afortunados ni se darán cuenta de ello hasta mucho más tarde) y a partir de ese momento, dejar de ver a los seres humanos como lo que son, irrepetibles conciencias hechas de gozos y sufrimientos al igual que uno mismo, y empezar a verlos como piezas en un juego de ajedrez, como instrumentos, como medios para conseguir un determinado fin. La inhumanidad fundamental de todo el proyecto, naturalmente, se enmascara con palabras. Se aprende una jerga bizantina que justifica la tortura y el asesinato en aras del "movimiento", de la "independencia"; de la "revolución", etcétera, junto con unos malabarismos intelectuales que pretenden trasladar culpas y responsabilidades al "enemigo". La mala fe de esas organizaciones se mide por el número de boletines internos que circulan entre sus miembros, dentro del mayor hermetismo por supuesto, donde cada uno tiene su "apodo revolucionario", y donde se discute, con un léxico marxistoide y gran alarde de pretenciosidad, cual es la actual "coyuntura", si es "revolucionaria" o no, cómo está "el sentir de las masas", etcétera, y se le recuerda a los pusilánimes que aquello que aparenta ser un Estado de Derecho con mecanismos democráticos y libertad de opinión en realidad es un enorme aparato de represión cuyo salvajismo justifica de antemano cualquier respuesta violenta. Es uno de los atractivos de ser un despiadado asesino: por lo menos te sientes parte de algo importante y secreto, algo que en la posterioridad será celebrado por todos los juglares del mundo.
Bien. Mi punto es que todo terrorista es, según el vocabulario de Lessing, "el buen terrorista". Tiene todas sus defensas conceptuales permanentemente a punto, bien engrasadas, listas para todo. Eso de que el asesinato de un inocente se puede justificar "dentro del panorama político más amplio" se lo traga y se lo cree a pies juntillas. Si no, su mundo se derrumbaría ante la enormidad de lo acometido y terminaría suicidándose, como hizo uno de los secuestradores de Blanco, años después.
Por lo menos es lo que siempre supuse, hasta ver esa página web que ETA tenía colgada en algún servidor foráneo (algunas semanas después, ya la habían eliminado). Lo que recuerdo haber visto allí es lo siguiente:
Una historia de ETA donde se enumera cada uno de los actos represivos del Estado español desde la fundación de la organización, allá por los años sesenta, en contra del sufrido pueblo vasco. Unas vagas puntualizaciones sobre las "respuestas armadas" emprendidas por la organización en el mismo período. Al principio se expone con claridad que ETA nació bajo una dictadura que, por ser tal, se podía permitir ciertos excesos. Se sigue con la historia. Tal acción infame de las fuerzas represoras españolas. Tal legítima respuesta armada de la heroica resistencia vasca. Ping, pong, ping, pong. Hasta llegar a nuestros días. "La lucha sigue. Y usted puede ayudarnos. Si desea más información..."
La página era escrita en inglés, no recuerdo con qué nivel de corrección. Me quedé pensando después de terminar con esa lectura. ¿Qué es lo que ahí faltaba? La pregunta se contestaba antes de terminar de formularse. Claro: se olvidaron de mencionar que España ya no era una dictadura.
¿Se olvidaron? Consideren lo siguiente: una página en inglés era destinada a ser leída, sobre todo, por "liberals" estadounidenses, de ésos que llevan apellidos irlandeses y de vez en cuando les gusta hacer una contribución financiera "por la causa", pues ellos con su educación superior saben que todo lo malo que se cuenta sobre la IRA es mentira, son buenos chicos que solamente quieren ver a su país libre del yugo monarquista. Así que, organización terrorista que se respete, no vamos a ser menos: metámosle también el cuento y a ver si por ese lado también recaudamos algo de fondos. A nuestro favor, desde el punto de vista propagandístico, es haber nacido bajo la dictadura. En nuestra contra, el haber seguido con la lucha armada cuando ya existía la posibilidad de un reencauce democrático de nuestras demandas. Pues simplemente omitiendo ese detalle, y confiando en la proverbial ignorancia del yanqui que difícilmente situaría a África en un mapamundi, la cosa ya marcha. De modo que, sin mentir salvo por omisión, la página de ETA daba a entender que la dictadura franquista de los 60 y el actual gobierno español de esos días era una misma cosa.
Eso es lo que yo llamo "reescribir la historia": no necesariamente mentir en el sentido de propugnar falsedades, sino aprovecharse de la ignorancia del público, atributo en que hoy día se puede confiar tal vez como nunca antes, y sobre todo en la falaz sensación de continuidad que nos impide establecer importantes diferencias. Tengo la intención de seguir con este tema, pero en otra dirección más contemporánea. Ahora mismo, empero, me toca salir por cigarrillos.
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