Nellie the Mexican
Nellie the Mexican packed her trunk and said goodbye to Miss Universe:
Off she went with the crumpet, and dumped Trump, Trump, Trump. (Reuters)
¿Ven ustedes? La libertad de expresión irrestricta sí funciona. En este caso, funcíonó para que el mundo (incluidos los votantes hispanos de EEUU) se enterara de los extraños prejuicios del magnate, lo que a su vez servirá para evitar que tan siniestro personaje llegue a la presidencia, o que alguna incauta hispana llegue a ostentar la corona de Miss USA sólo para ser tildada por el organizador de dicho certamen como narcotraficante o violenta. Siempre lo he dicho: las cosas funcionan mejor cuando podemos saber lo que la gente piensa (o lo que ellos tienen en lugar de pensamiento). ¿Cuántos hubieron votado a Correa si desde el principio él se hubiese sincerado sobre sus prejuicios y en especial su obsesivo odio contra "los ricos"? Hablando la gente se entiende. Eso, a menos que creas en la teoría de que todos somos como el gobierno de Ecuador, mórbidamente desestabilizables, necesitados de "trigger warnings", de comités censores y niñeras gubernamentales para evitar que estemos expuestos en algún momento a alguna falsedad, a alguna "ofensa" o al sonido de alguna campanita que no sea la que nos toca el maestro Pavlov, la que nos conviene.
En caso de que sí creas eso, pues enhorabuena, tienes el principio de una teoría o ideología política viable, no exenta de sustento empírico: crees que la gente (los ecuatorianos, la gente en general, el "pueblo", "las masas") son como niños, pues no faltan datos a tu favor: ahora lo único que te queda para pulir o perfeccionar tu teoría es explicar bajo qué extraño mecanismo esas personas que no son "como niños", aquéllos que pueden servir como censores porque ellos no necesitan que les censuren la información, aquéllos que deciden en su inmensa sabiduría cuánto han de pagar "los ricos" para que haya "equidad", de algún modo siempre surgen cuando se les necesita, milagrosamente inmunes a todas esas nefastas influencias que a nosotros, a los niños, nos imposibilita el ejercicio responsable de un criterio propio. Recuerdo que en una columna del T. hace tiempo un tal Arellano Raffo nos propuso la teoría de que esas personas especiales son forjadas "en el silencio de las cumbres solitarias, siempre envueltos con la purísima virginidad de aromas espirituosos que los protegen de todo mal". Interesante idea. De hecho, la publicidad del gobierno parece abundar en dicha teoría al enseñarnos, en representación del Líder de la Revolución, a un tipo que deambula por la cima de una colina, a solas, levantando un puño iracundo, estilo Prometeo, en desafío hacia un lacónico cielo. De modo que hemos de creer que Correa, por ejemplo, antes de ser Presidente realizó una especie de travesía del desierto, donde fue tentado por el Demonio (tb. conocido como "la Escuela de Chicago"), etcétera, y en medio de esas vastas soledades fue donde le fue concedida esa inmensa sabiduría, esa infalibilidad, y todos esos dones que le elevan intelectual como espiritualmente por encima de ese pueblo que él fue llamado a pastorear.
En realidad, esa travesía del desierto o Waste Land, esa noche escura, ese tener que dormir sobre tu escudo y salir a matar al dragón, todos esos son mitos de la humanidad bastante conocidos y muchas veces evocados en el contexto de la transición entre infancia y edad adulta, la que antaño se suponía que todo el mundo hacía (exceptuando, en distintas épocas, esas eternas infancias que eran resumidas en palabras como "mujeres", "siervos", "súbditos", etcétera), la que tradicionalmente se marca con alguna ceremonia y además recibe el reconocimiento social en forma de privilegios y responsabilidades que corresponden a la "mayoría de edad", la cual pocas veces coincide con la auténtica maduración, que suele culminar en alguna experiencia personal forzosamente dramática y subversiva de paradigmas. Ahora bien, no cabe duda de que la tendencia en Occidente en el s.XXI es hacia una sociedad infantilizada, donde progresivamente se le perdona a los individuos cualquier responsabilidad sobre su vida, hasta el punto de crear ministerios gubernamentales con la expresa responsabilidad de procurar "la felicidad" del ciudadano común, manifiestamente incapacitado de buscarla por sus propios medios. Y hay que admitir que ese tipo de sociedad tiene ciertos méritos: es más fácil de "gobernar", además de que puede presentar ante los ojos del estadístico una agradable simetría ("equidad") caso de que se valore tal euclidiana geometría social. Al argumentar contra ella, uno se siente como si estuviera hablando con la madre de uno de esos niños grandullones que en ciertas latitudes ya pululan (en España hay por montones) que con treinta y pico de años todavía viven con Mamá, quien les lava la ropa y quién sabe si les limpia también el culo cuando van al wáter. "¿Por qué tendría que dejarlo madurar?" te preguntan con cara acusatoria. "Si a mí siempre me tendrá para cuidarlo".
Por eso es por lo que podemos estar seguros, segurísimos, que por muchas manifestaciones que haya, tenemos Correa para rato: pues el ecuatoriano promedio (y el ciudadano-mundo promedio) es como ese niño grande, que prefiere que Mamá se lo haga todo y únicamente contemplaría deshacerse de ella en caso de que haya otra Mamá-sustituta esperando ocupar el mismo lugar. Quiero decir que nos falta todavía, desgraciadamente, un nuevo Mesías, un nuevo tipo infalible con ceño adusto y lengua castigadora, que nos haga sufrir por nuestro bien, a igual que éste. No lo veo ni asomarse por el horizonte: ¿tú sí?
Porque madurar da pereza, y siempre habrá mañana para hacerlo.
No puedo dejar el tema sin referirme a otro hilarante artículo del T., esta vez de un tal Edmundo Vera, quien digamos que descubrió América hace poco, y naturalmente quiere hacernos partícipe de tan original hallazgo. Resulta que si una persona tiene libertad, y haciendo uso de tal libertad perjudica a otra(s) persona(s), eso está mal. Eso es lo que Vera alcanza a hacernos entender, y bien agradecido estoy por dicha lección, pues yo hubiera dicho que perjudicar a otras personas era un modo de proceder excelente y encomiable. Ahora me encuentro más ilustrado sobre este tema: gracias, Edmundo. Lo que no alcanza a explicar el Sr Vera es cuál alternativa considera mejor: que las personas tengan libertad, pero lo usen de una forma responsable, sin perjudicar a los demás (para lo cual necesitaríamos otro tipo de sociedad, no una infantilizada, sino una sociedad de adultos responsables: suena terriblemente difícil, ¿verdad?); o bien, que las personas tengan libertad pero dentro de un régimen de leyes punitivas que pretende microrregular la conducta de los individuos a través del miedo; o bien, que el mecanismo rector de la conducta sea la imitación y el borrego conformismo (más o menos lo que se da en ciertas sociedades tradicionales de Oriente, y a nivel creciente en Occidente también); o bien, que se intente apartar definitivamente la tentación de actuar libremente, mediante un sistema totalitario que pretende en lo posible que las personas nunca se enfrenten a múltiples opciones o a decisiones personales de ninguna clase: digamos, por ejemplo, prohibiendo la venta de alcohol los domingos, ese tipo de cosas. En fin, he aquí una muestra del estilo del Sr Vera:
¿Le parece bien que cada quien tuviera la libertad y el derecho a matar, robar, invadir hogares y países, no pagar impuestos, pagar los salarios de acuerdo a su estado de ánimo y acumular la riqueza que quiera?
Por si acaso esto pretende ser una llamada a ese famoso "diálogo" propuesto por Su Majestad, bueno, morderé:
¿Le parece bien que cada quien tuviera la libertad y el derecho a matar
NO. Ni el gobierno siquiera
, robar,
NO. Ni el gobierno siquiera
invadir hogares y países,
NO. Ni el gobierno siquiera
no pagar impuestos,
POR SUPUESTO QUE SÍ. A este respecto, consulte con su colega Samuele Mazzolini, que hace poco recomendó que rescatáramos la figura de Robin Hood, personaje que se puede decir que fue, discutiblemente, el primer gran evasor de impuestos de la ficción anglosajona: no solamente se limitó a no pagar los impuestos, sino que liberaba los impuestos pagados y los devolvía a sus "contribuyentes" originales. Gran tipo.
pagar los salarios de acuerdo a su estado de ánimo
PARA ESO HAY CONTRATOS LABORALES.
y acumular la riqueza que quiera?
POR SUPUESTO. Si no, ¿para qué levantarse un lunes por la madrugada?
En fin. Esa libertad de que hizo gala Trump para decir tonterías, y Nellie the Mexican, para enseñarle un precioso dedo medio a éste y enviar a casa de la verga a su Miss USA y Miss Whatever, sin que tengan que intervenir estados ni leyes en momento alguno para que se haga perfecta justicia, ésa misma. Para mí. Your mileage may differ.
Off she went with the crumpet, and dumped Trump, Trump, Trump. (Reuters)
¿Ven ustedes? La libertad de expresión irrestricta sí funciona. En este caso, funcíonó para que el mundo (incluidos los votantes hispanos de EEUU) se enterara de los extraños prejuicios del magnate, lo que a su vez servirá para evitar que tan siniestro personaje llegue a la presidencia, o que alguna incauta hispana llegue a ostentar la corona de Miss USA sólo para ser tildada por el organizador de dicho certamen como narcotraficante o violenta. Siempre lo he dicho: las cosas funcionan mejor cuando podemos saber lo que la gente piensa (o lo que ellos tienen en lugar de pensamiento). ¿Cuántos hubieron votado a Correa si desde el principio él se hubiese sincerado sobre sus prejuicios y en especial su obsesivo odio contra "los ricos"? Hablando la gente se entiende. Eso, a menos que creas en la teoría de que todos somos como el gobierno de Ecuador, mórbidamente desestabilizables, necesitados de "trigger warnings", de comités censores y niñeras gubernamentales para evitar que estemos expuestos en algún momento a alguna falsedad, a alguna "ofensa" o al sonido de alguna campanita que no sea la que nos toca el maestro Pavlov, la que nos conviene.
En caso de que sí creas eso, pues enhorabuena, tienes el principio de una teoría o ideología política viable, no exenta de sustento empírico: crees que la gente (los ecuatorianos, la gente en general, el "pueblo", "las masas") son como niños, pues no faltan datos a tu favor: ahora lo único que te queda para pulir o perfeccionar tu teoría es explicar bajo qué extraño mecanismo esas personas que no son "como niños", aquéllos que pueden servir como censores porque ellos no necesitan que les censuren la información, aquéllos que deciden en su inmensa sabiduría cuánto han de pagar "los ricos" para que haya "equidad", de algún modo siempre surgen cuando se les necesita, milagrosamente inmunes a todas esas nefastas influencias que a nosotros, a los niños, nos imposibilita el ejercicio responsable de un criterio propio. Recuerdo que en una columna del T. hace tiempo un tal Arellano Raffo nos propuso la teoría de que esas personas especiales son forjadas "en el silencio de las cumbres solitarias, siempre envueltos con la purísima virginidad de aromas espirituosos que los protegen de todo mal". Interesante idea. De hecho, la publicidad del gobierno parece abundar en dicha teoría al enseñarnos, en representación del Líder de la Revolución, a un tipo que deambula por la cima de una colina, a solas, levantando un puño iracundo, estilo Prometeo, en desafío hacia un lacónico cielo. De modo que hemos de creer que Correa, por ejemplo, antes de ser Presidente realizó una especie de travesía del desierto, donde fue tentado por el Demonio (tb. conocido como "la Escuela de Chicago"), etcétera, y en medio de esas vastas soledades fue donde le fue concedida esa inmensa sabiduría, esa infalibilidad, y todos esos dones que le elevan intelectual como espiritualmente por encima de ese pueblo que él fue llamado a pastorear.
En realidad, esa travesía del desierto o Waste Land, esa noche escura, ese tener que dormir sobre tu escudo y salir a matar al dragón, todos esos son mitos de la humanidad bastante conocidos y muchas veces evocados en el contexto de la transición entre infancia y edad adulta, la que antaño se suponía que todo el mundo hacía (exceptuando, en distintas épocas, esas eternas infancias que eran resumidas en palabras como "mujeres", "siervos", "súbditos", etcétera), la que tradicionalmente se marca con alguna ceremonia y además recibe el reconocimiento social en forma de privilegios y responsabilidades que corresponden a la "mayoría de edad", la cual pocas veces coincide con la auténtica maduración, que suele culminar en alguna experiencia personal forzosamente dramática y subversiva de paradigmas. Ahora bien, no cabe duda de que la tendencia en Occidente en el s.XXI es hacia una sociedad infantilizada, donde progresivamente se le perdona a los individuos cualquier responsabilidad sobre su vida, hasta el punto de crear ministerios gubernamentales con la expresa responsabilidad de procurar "la felicidad" del ciudadano común, manifiestamente incapacitado de buscarla por sus propios medios. Y hay que admitir que ese tipo de sociedad tiene ciertos méritos: es más fácil de "gobernar", además de que puede presentar ante los ojos del estadístico una agradable simetría ("equidad") caso de que se valore tal euclidiana geometría social. Al argumentar contra ella, uno se siente como si estuviera hablando con la madre de uno de esos niños grandullones que en ciertas latitudes ya pululan (en España hay por montones) que con treinta y pico de años todavía viven con Mamá, quien les lava la ropa y quién sabe si les limpia también el culo cuando van al wáter. "¿Por qué tendría que dejarlo madurar?" te preguntan con cara acusatoria. "Si a mí siempre me tendrá para cuidarlo".
Por eso es por lo que podemos estar seguros, segurísimos, que por muchas manifestaciones que haya, tenemos Correa para rato: pues el ecuatoriano promedio (y el ciudadano-mundo promedio) es como ese niño grande, que prefiere que Mamá se lo haga todo y únicamente contemplaría deshacerse de ella en caso de que haya otra Mamá-sustituta esperando ocupar el mismo lugar. Quiero decir que nos falta todavía, desgraciadamente, un nuevo Mesías, un nuevo tipo infalible con ceño adusto y lengua castigadora, que nos haga sufrir por nuestro bien, a igual que éste. No lo veo ni asomarse por el horizonte: ¿tú sí?
Porque madurar da pereza, y siempre habrá mañana para hacerlo.
No puedo dejar el tema sin referirme a otro hilarante artículo del T., esta vez de un tal Edmundo Vera, quien digamos que descubrió América hace poco, y naturalmente quiere hacernos partícipe de tan original hallazgo. Resulta que si una persona tiene libertad, y haciendo uso de tal libertad perjudica a otra(s) persona(s), eso está mal. Eso es lo que Vera alcanza a hacernos entender, y bien agradecido estoy por dicha lección, pues yo hubiera dicho que perjudicar a otras personas era un modo de proceder excelente y encomiable. Ahora me encuentro más ilustrado sobre este tema: gracias, Edmundo. Lo que no alcanza a explicar el Sr Vera es cuál alternativa considera mejor: que las personas tengan libertad, pero lo usen de una forma responsable, sin perjudicar a los demás (para lo cual necesitaríamos otro tipo de sociedad, no una infantilizada, sino una sociedad de adultos responsables: suena terriblemente difícil, ¿verdad?); o bien, que las personas tengan libertad pero dentro de un régimen de leyes punitivas que pretende microrregular la conducta de los individuos a través del miedo; o bien, que el mecanismo rector de la conducta sea la imitación y el borrego conformismo (más o menos lo que se da en ciertas sociedades tradicionales de Oriente, y a nivel creciente en Occidente también); o bien, que se intente apartar definitivamente la tentación de actuar libremente, mediante un sistema totalitario que pretende en lo posible que las personas nunca se enfrenten a múltiples opciones o a decisiones personales de ninguna clase: digamos, por ejemplo, prohibiendo la venta de alcohol los domingos, ese tipo de cosas. En fin, he aquí una muestra del estilo del Sr Vera:
¿Le parece bien que cada quien tuviera la libertad y el derecho a matar, robar, invadir hogares y países, no pagar impuestos, pagar los salarios de acuerdo a su estado de ánimo y acumular la riqueza que quiera?
Por si acaso esto pretende ser una llamada a ese famoso "diálogo" propuesto por Su Majestad, bueno, morderé:
¿Le parece bien que cada quien tuviera la libertad y el derecho a matar
NO. Ni el gobierno siquiera
, robar,
NO. Ni el gobierno siquiera
invadir hogares y países,
NO. Ni el gobierno siquiera
no pagar impuestos,
POR SUPUESTO QUE SÍ. A este respecto, consulte con su colega Samuele Mazzolini, que hace poco recomendó que rescatáramos la figura de Robin Hood, personaje que se puede decir que fue, discutiblemente, el primer gran evasor de impuestos de la ficción anglosajona: no solamente se limitó a no pagar los impuestos, sino que liberaba los impuestos pagados y los devolvía a sus "contribuyentes" originales. Gran tipo.
pagar los salarios de acuerdo a su estado de ánimo
PARA ESO HAY CONTRATOS LABORALES.
y acumular la riqueza que quiera?
POR SUPUESTO. Si no, ¿para qué levantarse un lunes por la madrugada?
En fin. Esa libertad de que hizo gala Trump para decir tonterías, y Nellie the Mexican, para enseñarle un precioso dedo medio a éste y enviar a casa de la verga a su Miss USA y Miss Whatever, sin que tengan que intervenir estados ni leyes en momento alguno para que se haga perfecta justicia, ésa misma. Para mí. Your mileage may differ.
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