Karlie Karlie
Ingresa a ciertas horas de la noche en cualquiera de esos wine bars exclusivos de la élite quíteña, de la flor y nata de la oligarquía correísta, y lo verás: el juego arrasa actualmente entre ellos. Además es muy fácil y sencillo de jugar. Simplemente se coloca un lápiz sobre una hoja de papel, en orientación horizontal, y a continuación, otro lápiz encima en orientación vertical, para que formen una cruz: el segundo lápiz debe tener su peso distribuido de modo que no toca el papel por ningún lado. Luego se invoca el espíritu del difunto economista fracasado con las palabras "Karlie, Karlie" (en algunas variantes "Marxie, Marxie"), y a continuación se le hace una pregunta. Si todo funciona bien, verás que el lápiz superior girará lentamente hasta señalar la respuesta de Karlie a la pregunta. ¡Ah!, me olvidé decir que para facilitarle la tarea de contestar - ya que Karlie hace mucho que no tiene voz propia - en el papel hay que dibujar también una cruz, y en cada uno de los cuadrantes resultantes colocar una respuesta posible, de este modo:
1 - una infame coalición de los sectores más rancios de la derecha oligárquica con cierta "izquierda" sin brújula y sin principios
2 - los incontestables logros de la Revolución Ciudadana, bajo el indómito liderazgo de Rafael Correa Delgado
3 - los medios corruptos
4 - los pobres y los sectores marginados, ávidos de justicia social tras la larga y triste noche del neoliberalismo
Así se le facilita la tarea a Karlie. O tal vez no. En fin, nunca lo sabremos, pues ante la triste y más que evidente incoherencia de ese supuesto espíritu de Karlie que anima el juego (a la pregunta "¿Qué comeré mañana?" me salió con Los Incontestables Logros, &c), habría en justicia que recordar la incoherencia que demostró el man estando vivo, que no fue poca: hasta predijo que el capitalismo se hundiría bajo el peso de sus propias contradicciones, que la revolución que propiciaría a largo plazo una sociedad comunista ocurriría en las economías más avanzadas (Inglaterra, Alemania), que previo a ello el nivel de vida del proletariado industrial experimentaría un descenso hacia la más ruda pobreza, a nivel internacional, que en la nueva sociedad socialista el Estado "se marchitaría" poco a poco, inaugurando una sociedad auténticamente libertaria, en que "el desarrollo libre de cada uno es la condición necesaria del desarrollo libre de todos", etcétera, etcétera, en fin, casi se puede decir que consiguió equivocarse sobre prácticamente todo (y dejemos de lado el tremendamente risible Labour Theory of Value, para no avergonzar a sus partidarios que quién sabe si alguno leerá este blog de cuando en cuando). Esa notoria falta de dotes para la profecía (y para la economía) no es óbice, evidentemente, para que el juego de Karlie Karlie saque a más de un columnista del Telégrafo del apuro: caso de no saber qué escribir, se le hace una pregunta al lápiz, se anota la respuesta, y casi listos, sólo hay que pulirlo y meterle verbo. Por ejemplo:
P: ¿Quíén ganará el año que viene el concurso de Miss Ecuador?
R: Una infame coalición de los sectores más rancios, &c.
Si esta nueva perspectiva sobre los concursos de belleza no le hace las delicias de Orlando Pérez, no sé qué lo hará.
Pero ya lo tengo dicho: Karlie ya hace tiempo "no tiene voz propia", y es en este sentido que, bueno, les confesaré que le tengo por eso un poquito de pena, a pesar de todo. Debe ser duro tener que seguir muerto y callado (salvo por un miserable lápiz) y ver cómo todo el mundo te maltrata y te malinterpreta, más allá de tus evidentes cojudeces. Entre los más frecuentes malentendidos: Marx nunca dijo que antes del capitalismo, la gente vivía maravillosamente bien, en el más perfecto Sumak Kawsay, en armonía con la naturaleza, y que había que regresar a ese estado más primitivo, aprovechándonos de "saberes ancestrales" y abjurando del progreso material. Tuvo palabras de elogio para el capitalismo como motor de desarrollo humano, más allá de que creía en la existencia futura de un sistema económico mejor y más "justo", que todavía esperamos saber en qué demonios consistirá, pero que según él necesitaba el capitalismo como fase anterior domador de la naturaleza y liberador de potencia creativa. Hasta su famosa cita sobre la religión como "opio del pueblo" ha sido arrancada, no sé si intencionadamente, de un contexto mucho más matizado y cabe decir nostálgico (look it up). Pero donde más le ha de doler es al ver cómo se menosprecia su taxonomía de las diferentes clases económicas (vieja aristocracia, burguesía, pequeñoburguesía, proletariado y lumpen), todo ello definido estrictamente según sus relaciones con los medios de producción, y se maneja hoy el mismo vocabulario muy a la ligera, pretendiendo describir con él las divisiones sociales, de estatus, de riqueza y patrimonio, etcétera, sin reparar en el aspecto económico que para él fue fundamental. Quiero decir que hoy día, eres "burgués" según el diario que lees, el carro que conduces, la zona donde vives, el político a quien votas, etcétera, y lo eres a pesar de que, previsiblemente, eres un simple asalariado que no dispone de un pinche medio de producción de ninguna clase (ni acciones siquiera: estamos en Ecuador), sino que tienes que vender tu labor al igual que un obrero victoriano en una fábrica de textil, sólo que con condiciones bastante más favorables. Para la sociedad ecuatoriana (y otras muchas sociedades) eres burgués porque vives bien: para Marx eres proletario porque tu vida (buena o mala) depende de que alguien te dé un puesto en su empresa: entre ti y la miseria media un simple despido fulminante, aunque en el día a día quisieras olvidarte de esta realidad.
¿Cómo llegamos a tamaña confusión conceptual? Creo que por un lado, lo que se estila es un vocabulario excluyente, porque pobres de nosotros, los desheredados del s.XXI, estamos tan espiritualmente jodidos que necesitamos permanentemente a quien o a quienes despreciar para sentirnos nosotros menos despreciables, así que un término pretendidamente objetivo y científico como "burgués" no nos sirve a menos que se le pueda extraer algo de veneno, y que se pueda pronunciar con sorna: de modo que esa solidaridad, esa hermandad de proletarios "en el fondo", "donde cuenta", ese reconocer en el otro el mismo dilema existencial ante la crueldad del mercado laboral que tú conoces, eso para los ilusos y los cojudos nomás, pues la consigna es odiar a quien te dé el mínimo motivo, por ejemplo, conduciendo un carro más nuevo que el tuyo, o votando a un político que no es tu preferido.
Por otro lado, creo que pasa lo mismo que con Freud (el "ego", otro término manoseado hasta el punto de causar revolcones en cierta tumba): el habla popular desecha lo que no sirve y se queda con lo útil. El concepto del proletariado (término que Marx prestó a no sé qué escritora, con el significado original de "esa clase de gente que lo único que sabe es hacer prole, o séase, bebés", menudo esnob era ese viejo Karlie) ya no sirve, pues describe a una clase de gente que, en rigor, dejó de existir hace mucho: la clase de los que, no contentos de trabajar en fábricas bajo régimen de unskilled labour, no podía aspirar a mejorar sustancialmente en el plano material, pues tenía en su contra la inexorable dialéctica de la historia que les condenaba a trabajar cada vez más por cada vez menos. Ya lo dijo hace tiempo Gregorio Peces-Barba: en España ya no queda un solo proletario auto denominado: ahora ya todos son "técnicos". Y quienes lamentan eso son los mismos Testículos de Jehová, perdón, Vanguardias de la Revolución, que con aburrida frecuencia anuncian el fin del mundo, perdón, del capitalismo, pues están todos los "señales", ves hermano, tal como predijo el profeta, terremotos, guerras, crisis económicas, burbujas de tulipanes o de propiedad inmobiliaria, en fin, todas esas cosas que nunca antes en la historia ha habido, sólo en nuestros días. Y si me dices lo contrario meteré los dedos en las orejas y diré la la la.
Y hablando de diálogos...
Si menciono el juego de Karlie Karlie es por algo. Concretamente, es porque algo me dice, vamos, lo intuyo, que cuando se dé el famoso "diálogo" que auspicia el Presidente, aparte de descartar (naturalmente) a todos los que no son "de buena fe" (o sea, los que no estén de acuerdo con el Presidente en todo lo importante), y a los "golpistas y subversivos" (o sea, a quienes no tengan intención de votar por Correa en las próximas elecciones) y a no sé cuántos más, a quienes quedan dentro del sancta sanctorum del diálogo gubernamental se les planteará, ya de entrada, más o menos el mismo elenco de respuestas posibles que al mismo Karlie se le plantea. De modo que, por ejemplo, a la pregunta "quién se verá perjudicado por la propuesta Ley de Herencias", mientras no se te ocurra contestar "los incontestables logros, &c" (bzzz) y tampoco "los pobres y los sectores marginados" (bzzz) entonces entre las dos respuestas restantes ya estás diciendo lo que ellos quieren. Así siempre se han manejado los "diálogos" desde el oficialismo (desde cualquier oficialismo) y para no caer en la trampa hay que saber dar un paso atrás, cuestionar términos, ortodoxias, idées recues, y lidiar con todo tipo de indignación fáctica y teatral incredulidad. No sé quién o quiénes estarían por la labor. Tengo la sensación de que nadie.
1 - una infame coalición de los sectores más rancios de la derecha oligárquica con cierta "izquierda" sin brújula y sin principios
2 - los incontestables logros de la Revolución Ciudadana, bajo el indómito liderazgo de Rafael Correa Delgado
3 - los medios corruptos
4 - los pobres y los sectores marginados, ávidos de justicia social tras la larga y triste noche del neoliberalismo
Así se le facilita la tarea a Karlie. O tal vez no. En fin, nunca lo sabremos, pues ante la triste y más que evidente incoherencia de ese supuesto espíritu de Karlie que anima el juego (a la pregunta "¿Qué comeré mañana?" me salió con Los Incontestables Logros, &c), habría en justicia que recordar la incoherencia que demostró el man estando vivo, que no fue poca: hasta predijo que el capitalismo se hundiría bajo el peso de sus propias contradicciones, que la revolución que propiciaría a largo plazo una sociedad comunista ocurriría en las economías más avanzadas (Inglaterra, Alemania), que previo a ello el nivel de vida del proletariado industrial experimentaría un descenso hacia la más ruda pobreza, a nivel internacional, que en la nueva sociedad socialista el Estado "se marchitaría" poco a poco, inaugurando una sociedad auténticamente libertaria, en que "el desarrollo libre de cada uno es la condición necesaria del desarrollo libre de todos", etcétera, etcétera, en fin, casi se puede decir que consiguió equivocarse sobre prácticamente todo (y dejemos de lado el tremendamente risible Labour Theory of Value, para no avergonzar a sus partidarios que quién sabe si alguno leerá este blog de cuando en cuando). Esa notoria falta de dotes para la profecía (y para la economía) no es óbice, evidentemente, para que el juego de Karlie Karlie saque a más de un columnista del Telégrafo del apuro: caso de no saber qué escribir, se le hace una pregunta al lápiz, se anota la respuesta, y casi listos, sólo hay que pulirlo y meterle verbo. Por ejemplo:
P: ¿Quíén ganará el año que viene el concurso de Miss Ecuador?
R: Una infame coalición de los sectores más rancios, &c.
Si esta nueva perspectiva sobre los concursos de belleza no le hace las delicias de Orlando Pérez, no sé qué lo hará.
Pero ya lo tengo dicho: Karlie ya hace tiempo "no tiene voz propia", y es en este sentido que, bueno, les confesaré que le tengo por eso un poquito de pena, a pesar de todo. Debe ser duro tener que seguir muerto y callado (salvo por un miserable lápiz) y ver cómo todo el mundo te maltrata y te malinterpreta, más allá de tus evidentes cojudeces. Entre los más frecuentes malentendidos: Marx nunca dijo que antes del capitalismo, la gente vivía maravillosamente bien, en el más perfecto Sumak Kawsay, en armonía con la naturaleza, y que había que regresar a ese estado más primitivo, aprovechándonos de "saberes ancestrales" y abjurando del progreso material. Tuvo palabras de elogio para el capitalismo como motor de desarrollo humano, más allá de que creía en la existencia futura de un sistema económico mejor y más "justo", que todavía esperamos saber en qué demonios consistirá, pero que según él necesitaba el capitalismo como fase anterior domador de la naturaleza y liberador de potencia creativa. Hasta su famosa cita sobre la religión como "opio del pueblo" ha sido arrancada, no sé si intencionadamente, de un contexto mucho más matizado y cabe decir nostálgico (look it up). Pero donde más le ha de doler es al ver cómo se menosprecia su taxonomía de las diferentes clases económicas (vieja aristocracia, burguesía, pequeñoburguesía, proletariado y lumpen), todo ello definido estrictamente según sus relaciones con los medios de producción, y se maneja hoy el mismo vocabulario muy a la ligera, pretendiendo describir con él las divisiones sociales, de estatus, de riqueza y patrimonio, etcétera, sin reparar en el aspecto económico que para él fue fundamental. Quiero decir que hoy día, eres "burgués" según el diario que lees, el carro que conduces, la zona donde vives, el político a quien votas, etcétera, y lo eres a pesar de que, previsiblemente, eres un simple asalariado que no dispone de un pinche medio de producción de ninguna clase (ni acciones siquiera: estamos en Ecuador), sino que tienes que vender tu labor al igual que un obrero victoriano en una fábrica de textil, sólo que con condiciones bastante más favorables. Para la sociedad ecuatoriana (y otras muchas sociedades) eres burgués porque vives bien: para Marx eres proletario porque tu vida (buena o mala) depende de que alguien te dé un puesto en su empresa: entre ti y la miseria media un simple despido fulminante, aunque en el día a día quisieras olvidarte de esta realidad.
¿Cómo llegamos a tamaña confusión conceptual? Creo que por un lado, lo que se estila es un vocabulario excluyente, porque pobres de nosotros, los desheredados del s.XXI, estamos tan espiritualmente jodidos que necesitamos permanentemente a quien o a quienes despreciar para sentirnos nosotros menos despreciables, así que un término pretendidamente objetivo y científico como "burgués" no nos sirve a menos que se le pueda extraer algo de veneno, y que se pueda pronunciar con sorna: de modo que esa solidaridad, esa hermandad de proletarios "en el fondo", "donde cuenta", ese reconocer en el otro el mismo dilema existencial ante la crueldad del mercado laboral que tú conoces, eso para los ilusos y los cojudos nomás, pues la consigna es odiar a quien te dé el mínimo motivo, por ejemplo, conduciendo un carro más nuevo que el tuyo, o votando a un político que no es tu preferido.
Por otro lado, creo que pasa lo mismo que con Freud (el "ego", otro término manoseado hasta el punto de causar revolcones en cierta tumba): el habla popular desecha lo que no sirve y se queda con lo útil. El concepto del proletariado (término que Marx prestó a no sé qué escritora, con el significado original de "esa clase de gente que lo único que sabe es hacer prole, o séase, bebés", menudo esnob era ese viejo Karlie) ya no sirve, pues describe a una clase de gente que, en rigor, dejó de existir hace mucho: la clase de los que, no contentos de trabajar en fábricas bajo régimen de unskilled labour, no podía aspirar a mejorar sustancialmente en el plano material, pues tenía en su contra la inexorable dialéctica de la historia que les condenaba a trabajar cada vez más por cada vez menos. Ya lo dijo hace tiempo Gregorio Peces-Barba: en España ya no queda un solo proletario auto denominado: ahora ya todos son "técnicos". Y quienes lamentan eso son los mismos Testículos de Jehová, perdón, Vanguardias de la Revolución, que con aburrida frecuencia anuncian el fin del mundo, perdón, del capitalismo, pues están todos los "señales", ves hermano, tal como predijo el profeta, terremotos, guerras, crisis económicas, burbujas de tulipanes o de propiedad inmobiliaria, en fin, todas esas cosas que nunca antes en la historia ha habido, sólo en nuestros días. Y si me dices lo contrario meteré los dedos en las orejas y diré la la la.
Y hablando de diálogos...
Si menciono el juego de Karlie Karlie es por algo. Concretamente, es porque algo me dice, vamos, lo intuyo, que cuando se dé el famoso "diálogo" que auspicia el Presidente, aparte de descartar (naturalmente) a todos los que no son "de buena fe" (o sea, los que no estén de acuerdo con el Presidente en todo lo importante), y a los "golpistas y subversivos" (o sea, a quienes no tengan intención de votar por Correa en las próximas elecciones) y a no sé cuántos más, a quienes quedan dentro del sancta sanctorum del diálogo gubernamental se les planteará, ya de entrada, más o menos el mismo elenco de respuestas posibles que al mismo Karlie se le plantea. De modo que, por ejemplo, a la pregunta "quién se verá perjudicado por la propuesta Ley de Herencias", mientras no se te ocurra contestar "los incontestables logros, &c" (bzzz) y tampoco "los pobres y los sectores marginados" (bzzz) entonces entre las dos respuestas restantes ya estás diciendo lo que ellos quieren. Así siempre se han manejado los "diálogos" desde el oficialismo (desde cualquier oficialismo) y para no caer en la trampa hay que saber dar un paso atrás, cuestionar términos, ortodoxias, idées recues, y lidiar con todo tipo de indignación fáctica y teatral incredulidad. No sé quién o quiénes estarían por la labor. Tengo la sensación de que nadie.
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