No soy parte de la lucha contra el SIDA

Según me informa Ecuavisa esta mañana, lo correcto para hoy es llevar una cinta roja, que simboliza que “todos somos parte de la lucha contra el SIDA”. Se trata de uno de tantos recordatorios de que no soy elemento de ese conjunto que se dice “todos”, y que, por tanto, no soy nada. (Don’t get me wrong, es divertido no ser nada. You should try it sometime.)

No soy parte de la lucha contra el SIDA. Claro que admiro a esa gente que toma precauciones, y me parece muy bien que investiguen una posible cura o vacuna; incluso es posible que alguna vez haya hecho sonar una moneda en una lata al frente de un supermercado, a efectos de “ayudar” (eso de ayudar me encanta) en tal búsqueda; pero ¿luchar? ¿Alguna vez habré luchado contra el SIDA? No creo, no recuerdo nada de eso. Es más, ni siquiera soy de los precautelosos, ahora que lo pienso: en mis mocedades era de aquella especie de criaturas que, en palabras de la escritora Jeanette Winterson, “basta con que vean algún hueco en alguna parte y ya quieren meter ahí el pene” (ella los llama, con entrañable ligereza de pluma, “hombres”). Así que lo único que ha impedido que yo haya colaborado, inconscientemente, con la expansión de esa enfermedad, ha sido la suerte (y el ser feo, eso también ayuda que no veas).

No he luchado contra el SIDA. ¿Contra qué, entonces? Bueno, esta mañana luché contra la computadora. Fue una lucha desigual: escribí un post de bastantes párrafos, y en el momento en que quise arreglar una falta ortográfica en el título, en lugar de pulsar MAYÚS-N, lo cual fue mi intención, pulsé CTRL-N, con lo cual el puto navegador me llevó a la página anterior. Cuando, un par de minutos más tarde, recordé que el post se guarda a medida que uno va escribiendo, y quise recuperarlo, lo único que recuperé fue la siguiente reflexión:

FUCK; FUCK; FUCK

Pues eso es lo que escribí tras haberle dado otra vez a “pagína siguiente” y comprobado que no quedaba nada de lo escrito.

Probablemente, habría sido uno de mis mejores posts.

También lucho contra otras cosas. Contra el sueño, a veces; contra la tentación de insultar a mi jefa; contra el tráfico en Guayaquil. No sé si la palabra “lucha” es la más adecuada en ninguna de estos casos, pero por lo menos se puede justificar formalmente siguiendo a aquella generosa definición de “lucha” que da la RAE, donde hable de “esfuerzo”. En cambio, estoy casi seguro que el único esfuerzo que he realizado en toda la vida en contra del SIDA ha sido el de meter la mano en el bolsillo, un par de veces a lo mejor. No, no sirve. No formo parte de esa lucha. Es más; creo que si algún día se pone de moda mi enfermedad particular, la enfisema, y empiezo a ver gente que lleve lacitos de color marrón ennegrecido para dar a entender que ellos también “luchan” contra esa enfermedad, mi reacción verbal contendría por lo menos un asterisco grande, un espiral y un símbolo de cinco octavos.

No tengo tiempo para explayarme en este tema, pero creo que ha de llegar el día, tarde o temprano, cuando tendremos, a la fuerza, que empezar a distinguir entre lo que es una lucha, palabra que connota esfuerzo y sacrificio, de esa otra cosa que no es más que unas ganas de subirse al carro, a cualquier carro, con tal de poder presumir o con tal de seguir creyéndose parte de esa grande y feliz familia que últimamente ha dado en llamarse “todos”.

Buenos días a todos.

Comments

  1. Ay Don Endivio... como dice el dicho... "En todas partes se cuecen habas"
    Lo mismito sucede en el gobierno de mi país. Sueldos millonarios para los representantes del pueblo... que pasan más tiempo durmiendo en susu curules... cuando van... que trabajando... pero eso sí... se señala con dedo flamígero al que creció su peculio "inexplicablemente".

    Si no es cuestión de nacionalidades... ¿será entonces cuestión del género humano más bien?

    Un beso

    ReplyDelete
  2. Ups!... perdón... equivoqué la entrada para mi respuesta :s

    ReplyDelete

Post a Comment

Popular posts from this blog

Odio

Relaciones diplomáticas

The OK Salvadoran