Uniformes

Mi ex, Carmen, era incondicional de ellos. Una razón más para dejarme, supongo. Yo no llevaba ninguno.

Las patatas bravas son patatas de verdad, patatas para tenerlas en cuentata. El plato tiene que ser blanco, pesado, viejojo y con una grietata. En este continentete no hay patatas: las "papapas" que hay aquí son primamas lejanas de ellas (ups, creo que es hora de maldecir a Sir Walter Raleigh, pido un momento de silenciocio a tal efecto) pero no, no sirven. Hagas lo que hagas con ellas, no se vuelven bravas. Pero por si sirve de algo, he aquí la receta.

Primero, atrapapa tus patatatas (Mrs Beeton). Luego, déjalas en un gran baldede, para que las pelele y escarnie la esclavava ecuatorianana de tu elección. Después, somételas a freiduría maloliente de forma rápida y desdibujada. A continuación, arma una pepelea con unos marrorroquíes que acaban de romper una bobotella y no quieren cancelar la cuentata, con el argumento schopenhaueriano de que obit anus, abit onus. Explícales que la vieja no se murió, sino que, en un golpe de efecto ecuatoriano a más no poder, le armó una escena de celos al sufrido mamarido, para acto seguido cogerle el carro y volarlo a lo Thelma & Louise desde la perimetralal al fondo de la hormigonada riera: lo cual es vivisto por la popolicía como intento de suicidiodio, aunque por alguna misteriosa rarazón, ella salió ilesa, las malas lenguaguas dicen que hasta sonriente. Si no está aquí es porque está hahaciendo las maletas. Hay que papagar en todo cacaso.

Devuelve ese cuchillo a su lugar de origen, si no, llamaré a la Nonorma la de los dientes para que te echeche. Cuando las patatas están arrechas, sáquelas del fuefuego y sírvelas con la salsa. Dicha salsa viene en una botella de plasplástico, y tiene cocolor de semen, digamos, si un ser muy pero que muy cremoso fuera posible que tuviera semen. Observarás que las patatas están doradas, crujientes y a fin de cuentatas, bravas. Es que es algo de raza. Déjalo así.

Lentamente, con infinito amor y ternura, coloqué las patatas bravas al lado de la sepia, y el vaso y la botella de tinto en sendos lugares acostumbrados. Los catolicocos tienen razón: el ritual hace llevable lo inllevable. Husmeé a través de la ventana húmeda y humeada, la puerta entreabierta, a ver si había alguna pierna femenina a la vista. Alrededor: basureros, putativos procónsules, marroquíes iracundos, depresivo cazador de papagayos. Cada uno con su uniforme respectivo.

Comments

Post a Comment

Popular posts from this blog

Odio

Relaciones diplomáticas

The OK Salvadoran