Gringo cojudo enloquece

DURAN (Redacción)

Ayer, en una casa del centro de Durán se produjo un altercado entre Teresita Pinchisaca, 56, y E.R., 49, de nacionalidad europea, tras la negativa de éste a pagar un tratamiento médico que le acababa de suministrar la dueña de la casa.

Cuenta la señora Pinchisaca que el extranjero había llamado a su puerta tras ser informado de que la farmacia de al lado, donde acababa de comprar una ampolla de Meloxican, no ofrecía servicio de inyecciones. En esos casos, al parecer, se suele recomendar los servicios de la señora Pinchisaca, por su proximidad y por ostentar ésta el título de Diplomada en Perforaciones de Nalgas, al haber completado un curso a distancia por el Colegio Médico Estatal de Babahoyo en el año 1970. Sin embargo, asegura la entrevistada que el extranjero, después de recibir la inyección y al ser informado del precio de este servicio, se negó a pagar, alegando que tal monto, que ascendía a $3,00, era excesivo y abusivo, y que además la inyección no se había administrado con el adecuado "profesionalismo".

Esto dio lugar a una discusión en que el forastero profirió, según testigos, varias expresiones insultantes, entre ellas, "bizca racista", "jugadora de dardos ambizurda", "cabeza de camarón desoladora", "mantis cuellivirada" y "floripondiosa lamesotanas". Al final, la dueña de la casa se vio obligada a llamar a las fuerzas del orden.

El oficial de la Policía Judicial J.R.I., quien se personó en escena tras la llamada, pudo comprobar que el precio motivo de la discusión no distaba de la tarifa normal de inyecciones para extranjeros. "Según la señora, el precio ecuatoriano es de cincuenta centavos, y como el cliente es gringo, se le aplicó un aumento de tan sólo el tres y el seis por ciento, que no está nada mal, lo que da el precio de $3,60, y de ahí se le rebajó el precio en seis por ciento porque dice la señora que el calzón del cliente olía a algo raro y que por eso no se le pudo acercar al realizar la inyección, motivo por el cual se vio obligada a tomar distancia antes de lanzar la jeringuilla."

El Sr. E.R., según testigos, lloró tras ser informado de los cargos de disturbio y de injurias que se le imputaba, y se excusaba diciendo que el día anterior en otra farmacia se habían negado a venderle cuatro aspirinas alegando que sólo podía venderse dicho producto en tiras de diez al precio de dos dólares, mientras que más tarde a su esposa le vendieron cuatro aspirinas por el precio total de veinte centavos, cosa que según él "no cuadraba". Aseguró que estaba harto de que le tomaran por "cojudo", por su aspecto, que según él no era de gringo sino de europeo. "Sólo quiero que alguien me quiera", agregó entre sollozos.

El teniente J.J.Q, que está al cargo del caso, comentó a nuestra redacción: "A veces en este trabajo ves cada payaso. El man es gringo, no me vas a decir a mí que no es gringo con esos dientes como medio podridos y esa cara de espantajo, no te engañes, éste nomás se hace, seguro que tiene harta plata."

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