Reece sobre Orwell

El artículo no es nada del otro mundo, pero me hizo reir precisamente acá:

Los perros son la policía de la granja, los corderos repiten todo lo que les dice el cerdo dictador… no es por molestar, así escribió Orwell, no es mi culpa...

En realidad son ovejas, pero quedémonos con la gracia. No se me había producido esta asociación de ideas, las restricciones en la venta de alcohol con Animal Farm, tal vez en parte porque en el mundo más terrorífico de 1984 sí hay alcohol, bajo la forma de una ginebra estatal asquerosa de casi obligada consumición. Orwell, eso sí, era elocuente en su desprecio hacia los "bebedores de zumos de frutas" y demás fauna que siguen tan campantes en la Inglaterra actual como en ese entonces:

"One sometimes gets the impression that the mere words 'Socialism' and 'Communism' draw towards them with magnetic force every fruit-juice drinker, nudist, sandal-wearer, sex-maniac, Quaker, 'Nature Cure' quack, pacifist, and feminist in England."

Bueno, los sex-maniacs hace tiempo que practicamos (algunos) una cisma con la iglesia socialista, y "communism" se ha transformado en una simple muletilla de ultraconservadores apoplécticos de una cierta edad, pero por lo demás, pasa. Uno se pregunta qué pensaría ahora al deambular por los pasillos de la BBC o hojearse una copia de The Grauniad.

En donde se cae Reece es en "No siempre entender las razones que llevan a los editores a no traducir con precisión los títulos de los libros." Vamos, eso de quejarse de las "malas" traducciones para presumir de su conocimiento de la lengua original queda muy como del otro siglo, ¿no le parece? Cualquiera aprecia enseguida que como el oficio de un editorial es vender, la tentación de adaptar un título poco comercial es en estos casos la mar de comprensible, y sería difícil encontrar un título más apocado y desabrido en castellano que "(la) Granja de (los) Animales", que en realidad es una mala traducción precisamente por esa razón, pues en inglés tiene otras virtudes que no sobreviven al viaje lingüístico, entre ellas la de la brevedad. Me pregunto lo que haría Reece con la traducción de Much Ado About Nothing, que en su pristina pureza no dice nada sobre nueces, o si para Gone with the Wind él nos aconsejaría Ido con el Viento. Hace unos años hicieron un concurso para decidir el título en catalán de la película Some Like It Hot, que en castellano ya quedaba consagrada como Con Faldas y a lo Loco, y una perspicaz novia mía se adelantó al ganador y la decisión de los jueces con la inevitable respuesta: Ningú no és perfecte (las últimas palabras de la película). Curioso que a nadie se le ocurrió A Alguns els Agradan Calent. Vamos, sería como para matar al ocurrente con una ráfaga de metralladora desde el interior de un pastel de cumpleaños gigante.

Y vuelve a tropezar aquí:

"El vino (...) tiene algo de inaprensible que les resulta intolerable a los autoritarios, por eso quieren controlarlo… (...). Esto es al principio, por supuesto, cuando los cerdos recién han llegado al poder, después no solo que no lo prohíben, sino que hasta lo fomentan, como pasó en la granja orwelliana"...

Que vuelva a leer el libro. No es que los cerdos lo "fomenten", sino que lo acaparan. En ningún momento invitan a los demás animales a compartir su nueva afición por el whisky, sino que encuentran la excusa y la justificación para que sea privilegio en exclusivo de los gobernantes. Algo parecido ha pasado (y ¡en cuán poco tiempo!) con la farsa de las medidas reguladoras acá, donde de repente a alguno de los de la casta gobernante se le ocurrió que podría hallarse ante un excelente salmón Meauniere en algún exclusivo restaurante algún domingo con alguna deliciosa embajadorcita y, oh horror, no poder acompañarlo con un Chablis que le haga juego... y así resulta que la venta de alcohol los domingos no entraña incontrolables accesos homicidas, como antes se había querido demostrar, mientras se acompaña, eso sí, de comida. No recuerdo la fraseología exacta, pero sólo les faltó decir "...y que sea Appelation Controlée, faltaría plus".

Es que ustedes no entienden. El alcohol no es malo, por supuesto que no, con tal de que los que lo disfrutan tengan su propio chauffeur.

Comments

  1. En efecto, los cerdos se reservaron el consumo del Whiskey como un privilegio para la casta dirigente mientras se lo prohibía al resto de animales "no tan iguales".

    Leer a Orwell cuando vives un "proyecto" de transformación en tu propio país hacia el totalitarismo, es algo de no perderse; En un momento uno no sabe si Orwell conocía de memoria las mentes torcidas de "los cerdos" o si los cerdos del siglo XXI leyeron a Orwell y nos aplican la receta. La verdad del caso es que el libro y nuestra realidad guardan una relación de coincidencia brutal.

    Entre los mandamientos de los cerdos podemos citar:

    "Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo."
    Que en el actual régimen bien lo podríamos reemplazar "camina con dos pies" por "piensa diferente a nosotros" y quedamos servidos.

    "Ningún animal dormirá en una cama." El que fue reemplazado por: "Ningún animal dormirá en una cama con sábanas". Cuando los cerdos fueron descubiertos durmiendo en las camas de los humanos; Tal como, por citar un ejemplo, las Transnacionales son explotadoras del trabajador solo si no trabajan para la revolución ciudadana. Todos los vicios de la “partidocracia” son malos hasta que se descubren como métodos cotidianos utilizados por la revolución ciudadana.

    Aquello de TODOS LOS ANIMALES SON IGUALES, PERO ALGUNOS ANIMALES SON MÁS IGUALES QUE OTROS. Le viene como mandado a hacer a esta revolución ciudadana, pues los no tan iguales disfrutan de millonarios contratos de publicidad, contratos a dedo, paseos internacionales y un largo etcétera que ha puesto a esta casta dirigente en sitios de privilegio y con los bolsillos llenos.

    En fin, que a veces uno se puede confundir: Que fue primero, el libro de Orwell: "Rebelión en la granja" o la revolución socialista del siglo XXI?

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  2. A Orwel hay que darle crédito en su capacidad para identificar, reconocer y describir a los cerdos que gobiernan. No obstante, un cerdo seguirá siendo tal per saecula saeculorum. Lo cual nos lleva a la inevitable conclusión de que no se trata de una coincidencia, sino de una nueva ocurrencia real del mismo evento ficticio narrado por Orwell.

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  3. El poder político siempre atrae cerdos. Es inevitable: hay que ser bastante cerdo para tener aspiraciones políticas.

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