City University of Newcastle upon Tyne

Estoy por borrar el blog político en inglés, el de los guineos, ya que no hay tiempo ni entusiasmo. Hay un umbral de dolor físico y espiritual que nos separa de la sociedad y por ende de la política. En cambio, echo en falta tener otro blog en inglés para temas como éste, pues mi vocabulario de insultos en castellano es muy pobre y se limita prácticamente a suposiciones sobre el linaje del sujeto en cuestión, suposiciones seguramente infundadas en este caso, pues algo me dice que el papá y la mamá del tipo al que me refiero son, o habrán sido, excelentes personas. Que él no haya salido así no es tan de extrañar, pues los seres humanos raramente cumplimos con el prototipo. Lo que sí me causó algo de asombro fue la agresividad y la celeridad con la que demostró su pertenencia a la casta de los City University of Newcastle upon Tynes, es decir, de aquella gente de la que uno se despide con un "hasta el martes que viene".

Se trata de una reunión que duró todo el sábado, de ocho a seis, en la que, como es costumbre en cualquier reunión de trabajo, no se aprendió nada que no pudiera haber sido difundido mediante un documento de dos hojas enviado por correo. Al tipo lo conocí allí. Sucedieron las presentaciones, en las que un amigo tuvo el capricho de presentarme como alguien "muy reservado pero muy inteligente". Cuando tocó la hora de comer, el City University se me acercó y me interrogó de una manera rara, con una especie de bonhomie forzada, sobre dónde vivía, si era casado y tenía hijos, ese tipo de cosas. Cuando por educación quise devolver alguna de sus preguntas, abruptamente me dio la espalda. No le di importancia. El tipo ya se había demostrado, en la reunión, como un ser extrovertido y exigente de atención. A veces ese tipo de persona cree que a los que están solos, aunque sea por razones prácticas de estar comiendo, hay que hacerles obras de caridad, de "inclusión social" como dicen los políticos. El verdadero golpe de Newcastle cayó cerca del final de la reunión, la cual vertía sobre un conato de estandarización tipo ISO de ésas que sólo generan burocracia, papeleo inútil y mediocridad. Yo, que poco había dicho a lo largo del día, quise protestar en algún momento contra una medida altamente contraproducente por no decir imposible de cumplir. No voy a entrar en demasiados detalles, pero me sorprendió, repito, la agresividad con la que el tipo me interrumpió para decirme, no que a él le parecía bien, tampoco que yo estaba equivocado, sino para insinuar que si no me parecía bien era porque yo era vago, y además, para informarme de que era el único vago en esa sala, pues "toda esta gente", me informó serio y adusto, "toda esta gente que ves hace las cosas de otra manera que tú".

Si eso hubiera sido una conversación, un diálogo, hubiera sido tentador demostrarle, con nombres y hechos, que lo que acababa de decir era falsedad (mi conocimiento de la mitad de los presentes me bastaba para ello) además de presumir de un conocimiento de mí y de mi trabajo que él distaba mucho de tener. Pero no se trataba de un diálogo, sino de un confuso intento de incidir en una especie de briefing de mayor envergadura, en que salirse del tema de exposición principal hubiera sido una descortesía hacia los presentes. Me callé, pero me quedé con un mal sabor de boca para sumarle a los sinsabores de mi actual estado de salud.

El hecho de que raramente conozco a personas así, a gente digamos que venenosa, me inclino a verlo como evidencia de que realmente no son demasiado comunes. Pero podría ser también porque uno se autoprotege habitual y diariamente sin darse cuenta.

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