Muletas y muletillas
Mi estado de deterioro físico ya es de chiste. Hagamos un breve repaso:
coronilla: herida discreta derivada de una rejilla de ventilación metálica medio caída en un autobus.
ojos: hace semanas que no veo bien, en parte por lo rayado que tengo los lentes. La semana pasada tuve que pedir a mi esposa que me dictara el texto que tenía que traducir. Tengo la sensación de estar perdiendo nitidez a pasos agigantados.
oídos: desde hace cosa de diez años me molestan con picores infernales. Creo que esta enfermedad permanente me la pasó una gata que tenía allá en España. Los esferos son mi aliado constante.
muelas: la población de osos polares que residen en mi boca está en peligro de extinción. Hay cada vez menos tierra firme. Hace unos días, se abrió una enorme cueva en una muela inferior. A veces me entretengo sacando comida de allí e intentando adivinar de qué día fue.
hombros: supongo que será artritis lo que está atacando esas articulaciones. Alerta amarilla de momento.
pulmones: el Eje del Mal.
barriga: Desde hace tres días este último brote de diarrea va en aumento. Hoy mis visitas al baño han llegado a un promedio de una cada 15 minutos. Esta vez el mal se resiste hasta al Bactrin Forte. El efecto de la diarrea sobre la comodidad del ano debería ser objeto de estudio a nivel posgrado.
espalda: la ciática ya la tenía cuando cumplí los 26. Es una vieja compañera a la que uno aprende a perdonar todo.
canario: el proceso detallado en el primer post de este blog sigue inexorablemente. Pronto necesitaré lupa.
piernas: sorprendentemente, la izquierda no presenta ninguna anomalía. La derecha, en cambio, desde hace cosa de un mes, mes y medio, dejó de colaborar. Se pasa el tiempo doliendo de manera aburrida. Creo que estiré un tendón detrás de la rodilla, pues el dolor sólo se vuelve feroz cuando hago esfuerzo para doblarla. Tiendo desde entonces a subir y bajar escaleras a velocidad de centrocampista inglés (o para los no espectadores de los mundiales, digamos que de caracol).
pies: soy ganador de varios premios internacionales en la categoría de "pies más feos". No son sólo los juanetes, sino la acumulación de brotes de piel dura que resiste hasta a las más afiladas tijeras de oficina y cuchillos de cocina.
El lector notará que no dije nada sobre ese órgano tan apreciado que es el cerebro. Es de suponer (ya que no todos somos Stephen Hawking) que el deterioro general habrá afectado también a ese órgano. Pero lo interesante es que (pace Monty Python) como el órgano en cuestión es casi el único que no "duele", es difícil saber en qué estado se encuentra. Digo interesante porque hace pensar que quizás en una sociedad más racional e ilustrada, cualquier anomalía en el funcionamiento del mismo sería motivo de comentarios y de avisos por parte del prójimo. "Perdón, no quiero parecer entrometido, pero me da la sensación de que usted padece de alguna alteración cerebral posiblemente maligna, ya que lleva meses sin decir nada mínimamente coherente." De hecho, estos avisos se dan, no hace falta más que mirar la caja de comentarios de cualquier bloguero de los más populares, pero como todo hoy en día ("como todo hoy en día" - ¿no será síntoma esta frase?) este tipo de aviso se ha desvirtuado, convirtiéndose en un vulgar insulto. De ahí que uno se vuelve tal vez un poco hipersensible a todas esas artimañas y estratagemas con que los gobiernos pretenden relevarnos de la necesidad de pensar por nosotros mismos, es decir, de utilizar el cerebro. No quiero extenderme sobre el tema, pues este artículo resume bastante bien a lo que me refiero. La cuestión es que vivimos, cada vez más, en una sociedad como la descrita en una canción de Half Man Half Biscuit, en donde un héroe de guerra sin piernas se dedica a asegurarse de que el resto de la población tampoco tenga piernas. Es decir, una sociedad en que el cerebro simplemente sobra, y donde en cierto momento uno se encuentra como rodeado de muletas oficiosamente proferidas. Sucede, en mi caso, que ninguna está hecha a la medida.
¿Qué ley, qué decreto, qué artículo de la Constitución protege los derechos de los cojos diarréicos crónicamente infracanarizados y ahogados de trabajo, de tareas y de deterioro pulmonar?
Ninguna, si se acepta que el único derecho relevante en tal caso sería el de tomar una semana de vacaciones en algún lugar idílico rodeado de fembras plazenteras con sendos abanicos hechos de palmeras y plumas de avestruz.
Todo indica que tendré que seguir así. No hay tiempo para otra cosa. Lo único que pido es que si empiezo a brotar muletillas, como "no hay derechos sin responsabilidades" o "la vuvuzela dista mucho de ser un instrumento africano autóctono" o "quiero que me devuelvan mi vida" o "la diversión y el goce egoistas son incompatibles con el Buen Vivir", que alguien me avise. Todavía estoy a tiempo para empezar a comer pescado en serio.
coronilla: herida discreta derivada de una rejilla de ventilación metálica medio caída en un autobus.
ojos: hace semanas que no veo bien, en parte por lo rayado que tengo los lentes. La semana pasada tuve que pedir a mi esposa que me dictara el texto que tenía que traducir. Tengo la sensación de estar perdiendo nitidez a pasos agigantados.
oídos: desde hace cosa de diez años me molestan con picores infernales. Creo que esta enfermedad permanente me la pasó una gata que tenía allá en España. Los esferos son mi aliado constante.
muelas: la población de osos polares que residen en mi boca está en peligro de extinción. Hay cada vez menos tierra firme. Hace unos días, se abrió una enorme cueva en una muela inferior. A veces me entretengo sacando comida de allí e intentando adivinar de qué día fue.
hombros: supongo que será artritis lo que está atacando esas articulaciones. Alerta amarilla de momento.
pulmones: el Eje del Mal.
barriga: Desde hace tres días este último brote de diarrea va en aumento. Hoy mis visitas al baño han llegado a un promedio de una cada 15 minutos. Esta vez el mal se resiste hasta al Bactrin Forte. El efecto de la diarrea sobre la comodidad del ano debería ser objeto de estudio a nivel posgrado.
espalda: la ciática ya la tenía cuando cumplí los 26. Es una vieja compañera a la que uno aprende a perdonar todo.
canario: el proceso detallado en el primer post de este blog sigue inexorablemente. Pronto necesitaré lupa.
piernas: sorprendentemente, la izquierda no presenta ninguna anomalía. La derecha, en cambio, desde hace cosa de un mes, mes y medio, dejó de colaborar. Se pasa el tiempo doliendo de manera aburrida. Creo que estiré un tendón detrás de la rodilla, pues el dolor sólo se vuelve feroz cuando hago esfuerzo para doblarla. Tiendo desde entonces a subir y bajar escaleras a velocidad de centrocampista inglés (o para los no espectadores de los mundiales, digamos que de caracol).
pies: soy ganador de varios premios internacionales en la categoría de "pies más feos". No son sólo los juanetes, sino la acumulación de brotes de piel dura que resiste hasta a las más afiladas tijeras de oficina y cuchillos de cocina.
El lector notará que no dije nada sobre ese órgano tan apreciado que es el cerebro. Es de suponer (ya que no todos somos Stephen Hawking) que el deterioro general habrá afectado también a ese órgano. Pero lo interesante es que (pace Monty Python) como el órgano en cuestión es casi el único que no "duele", es difícil saber en qué estado se encuentra. Digo interesante porque hace pensar que quizás en una sociedad más racional e ilustrada, cualquier anomalía en el funcionamiento del mismo sería motivo de comentarios y de avisos por parte del prójimo. "Perdón, no quiero parecer entrometido, pero me da la sensación de que usted padece de alguna alteración cerebral posiblemente maligna, ya que lleva meses sin decir nada mínimamente coherente." De hecho, estos avisos se dan, no hace falta más que mirar la caja de comentarios de cualquier bloguero de los más populares, pero como todo hoy en día ("como todo hoy en día" - ¿no será síntoma esta frase?) este tipo de aviso se ha desvirtuado, convirtiéndose en un vulgar insulto. De ahí que uno se vuelve tal vez un poco hipersensible a todas esas artimañas y estratagemas con que los gobiernos pretenden relevarnos de la necesidad de pensar por nosotros mismos, es decir, de utilizar el cerebro. No quiero extenderme sobre el tema, pues este artículo resume bastante bien a lo que me refiero. La cuestión es que vivimos, cada vez más, en una sociedad como la descrita en una canción de Half Man Half Biscuit, en donde un héroe de guerra sin piernas se dedica a asegurarse de que el resto de la población tampoco tenga piernas. Es decir, una sociedad en que el cerebro simplemente sobra, y donde en cierto momento uno se encuentra como rodeado de muletas oficiosamente proferidas. Sucede, en mi caso, que ninguna está hecha a la medida.
¿Qué ley, qué decreto, qué artículo de la Constitución protege los derechos de los cojos diarréicos crónicamente infracanarizados y ahogados de trabajo, de tareas y de deterioro pulmonar?
Ninguna, si se acepta que el único derecho relevante en tal caso sería el de tomar una semana de vacaciones en algún lugar idílico rodeado de fembras plazenteras con sendos abanicos hechos de palmeras y plumas de avestruz.
Todo indica que tendré que seguir así. No hay tiempo para otra cosa. Lo único que pido es que si empiezo a brotar muletillas, como "no hay derechos sin responsabilidades" o "la vuvuzela dista mucho de ser un instrumento africano autóctono" o "quiero que me devuelvan mi vida" o "la diversión y el goce egoistas son incompatibles con el Buen Vivir", que alguien me avise. Todavía estoy a tiempo para empezar a comer pescado en serio.
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