Mi Pozo en un pozo
Adiós, Lotería. La verdad es que me sorprendió levemente enterarme de la medida, pues siempre había supuesto que la Lotería Nacional aportaba dinero al Estado. Ahora, sin embargo, echo un vistazo a la página de ellos y veo que adonde aporta es a la Junta de Beneficencia de Guayaquil. Ajá. No hace falta más explicación. El odio que el actual gobierno tiene hacia la ciudad de Guayaquil es algo fascinante por lo patológico, y hasta llega a tener ribetes épicos, como la historia de los Hatfield y los McCoy. Sin embargo, uno se pregunta qué tipo de extraña ceguera es ésta que impulsa a un gobierno que preside un desempleo también épico a privar de su único medio de subsistencia, primero a los licoreros que dependan de las ventas nocturnas, y acto seguido de tantos vendedores de boletos de lotería que diariamente deambulan por la ciudad. Es como si la escalada actual de delincuencia no les bastara. Quieren más. Adónde llevará todo esto, no lo sé, pero desde hace días tengo una especie de malestar sicosomático que me obliga a preocuparme primero por el futuro de mi hijo, por ende de mí mismo.
Hoy visitó con su mamá a un neurólogo que dijo que no se puede descartar el autismo, y mandó una extraña prueba llamada "tamizaje metabólico ampliado" que según parece requiere que una muestra de su sangre vaya a Alemania. Me pregunto si las leyes migratorias, sobre todo aquéllas que no le permitieron viajar en otra ocasión por falta de los requisitos burocráticos ecuatorianos, perdonarán a quien emprenda un viaje solamente hemático, quedándose huesos y órganos en el país de origen. Ya veremos.
Por lo menos parte de él (si se da prisa) estará allá para celebrar la inevitable victoria tedesca sobre el inútil equipo del gordinflón Rooney el domingo que viene. Vislumbro un dos a cero. (Esperen, esperen, no es un juego, no aposté nada. Soy inocente...)
Hoy visitó con su mamá a un neurólogo que dijo que no se puede descartar el autismo, y mandó una extraña prueba llamada "tamizaje metabólico ampliado" que según parece requiere que una muestra de su sangre vaya a Alemania. Me pregunto si las leyes migratorias, sobre todo aquéllas que no le permitieron viajar en otra ocasión por falta de los requisitos burocráticos ecuatorianos, perdonarán a quien emprenda un viaje solamente hemático, quedándose huesos y órganos en el país de origen. Ya veremos.
Por lo menos parte de él (si se da prisa) estará allá para celebrar la inevitable victoria tedesca sobre el inútil equipo del gordinflón Rooney el domingo que viene. Vislumbro un dos a cero. (Esperen, esperen, no es un juego, no aposté nada. Soy inocente...)
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