El Darloseism y sus consecuencias

Desde hace treinta años he creido en la teoría de que la impactante ausencia de democracia en EEUU es un detalle sin importancia, pues detrás de esa falta de democracia, hay democracia. Como me lo dijo un compañero de universidad nativo de Ohio: el gobierno federal es un mal menor. Que sea grotesco e incompetente tal vez sea un feature, no un bug, pues sirve para recordar lo indeseable de todo gobierno. Lo importante es que a nivel local, lo controlemos todo, y que donde realmente cuenten los votos - organizaciones a nivel de pueblo o ciudad - pongamos los ciudadanos las normas.

Sin embargo, a nivel mundial, hay tanto apego a esa idea de que "cada voto cuenta", y tanta ilusión se genera por el elenco de supuestamente diferenciados candidatos presidenciales, los nuestros si toca o si no, los de algún vecino país, que no deja de ser obstinadamente llamativo el hecho de que en un país tan grande y diverso se dén a escoger solamente dos opciones, a los que por lo general hay que mirar con lupa para ver las diferencias programáticas o ideológicas.

Claro que uno puede quedarse deslumbrado por el lado showbusiness y personalista del asunto. ¡Mira, un candidato negro! ¡Mira, una mujer! ¡Mira, un veterano de guerra! ¡Mira, éste dice que su mano derecha está en contra del aborto, y tres cuartos de su mano izquierda se lo están pensando! ¡Mira, éste toca el saxo! ¡Mira, este otro tiene una esposa que se viste elegante! ¡Mira, éste está a favor del pastel de manzana y de la maternidad!... De alguna manera, como el milagro del pan y de los peces, de dos (2) opciones, que en lo esencial suelen reducirse a una (1), la del business as usual, se consigue dar la sensación de estar dentro de una colorida cornucopia de emocionantes alternativas.

A estas alturas, sin embargo, con un Presidente tan perro del hortelano como Barak Hussein Obama, ¿quién no preferiría al otro, al loser ése de McCain?

Pero hay que ver la lógica en todo esto. El sistema político estadounidense lo que hace es buscar y aislar el más loser de todos, y elevarlo a líder nacional. El proceso empieza en las Primarias de cada partido. De alguna manera cuyos detalles se me escapan, se consigue que el candidato de cada partido sea la persona más inepta, la más desprovista de principios, la más cabeza hueca, la más títere, la más oportunista, la más mendaz. Luego se enfrentan estos candidatos, y el que más estupidez demuestra en un corto tiempo, gana. Este fenómeno se merece un nombre: se me ocurre Darloseism, o la supervivencia de los menos aptos.

Quizás el sistema sea intencionado y no sin sus virtudes: como decía mi compañero, sirve para recordarnos las deficiencias de todo gobierno y los peligros del poder.

Pero uno se compadece de los ilusos e inocentes americanos que quisieran que su representante en el "escenario internacional" sea un hombre o una mujer de pro, que inspire respeto. El anterior presidente causaba incredulidad transnacional por sus nulos dotes intelectuales: éste, mayormente por su incompetencia. Quiso ser "popular", y no se le ocurrió nada mejor que primero organizar una gira de disculpas, para luego, en un acceso de autosuficiencia moralista, dar al traste con casi todas las alianzas y amistades de que su país gozaba en el mundo. En poco tiempo ha conseguido caerles mal a los israelíes, a los británicos (parece que Obama es el único que piensa que BP tras su merger con Amoco y con su actual paridad de accionistas británicos y americanos, siga siendo una empresa inglesa, y el único que ve algo de bueno en la cercana perspectiva de un BP fénix en manos chinos y con refinerías fuera del territorio americano), a los hindúes y un etcétera de todavía inciertas dimensiones. Encima, heredó una deuda nacional monstruosa y lo único que se le ocurrió fue elevarlo en un 30% con políticas populistas que, a diferencia de las políticas populistas de otros países, tenían la extraña singularidad de ser impopulares (entre ellas, el pork barrelling y el desastroso y soberanamente incompetente Plan de Salud).

Frente a todo esto, el fenómeno del movimiento Tea Party, que pese a tanto populismo y conservadurismo ultra de tinte evangélico, no deja de ser admirable y aleccionador para países como éste. Allá, por lo menos, existe conciencia de que cuando los gobiernos son malos, reemplazarlos con otros gobiernos que prometan ser menos malos no es la única opción: en lugar de ello, lo que hay que hacer es ir reduciendo el tamaño de la cancha en donde esa maldad se da libre juego.

"Un programa electoral que no quepa en el dorso de una postal nunca será escogido por los votantes", leí en alguna parte estos días. Entonces, "quita las manos". Por ejemplo: "Esa cerveza es nuestra. Manos fuera."

Aquí, desgraciadamente, todavía no se distingue entre desobediencia civil y sabiduría criolla.

Comments

Popular posts from this blog

Odio

Relaciones diplomáticas

The OK Salvadoran