Fair Comment? (4)
La cosa se torna interesante. Acaban de declarar inocente a Fidel Araujo.
Puesto que la culpabilidad de Araujo en los hechos ocurridos el 30-S era artículo de fe para el gobierno, era una de esos "hechos" "evidentes" que conformaban su versión de lo sucedido, alegremente transmitido en innumerables cadenas "informativas" (que ahora resultan haber sido calumniosas en alto grado, por lo que a Araujo se refiere), que si lo cuestionabas eras claramente un mentiroso y un traidor a la patria, y puesto que era pieza clave de la teoría golpista, pues resulta que esa Verdad que Correa, en su querella, defiende en contra de las supuestas mentiras de El Universo, no es tal. Eso ya lo sabíamos, pero ahora resulta que hasta algún juez se ha dado cuenta.
Resumiendo, hasta ahora:
La querella se escuda en una versión de los hechos del 30-S que se presenta como verdad única, por lo que cualquier afirmación que la contradiga, por parte de algún columnista, se deduce mentira calumniosa. Esta versión única del gobierno acaba de ser declarada en parte falsa por un juez competente.
Correa se apoya en referencias a doctrinas legales de ultramar, que cuando son examinadas de cerca, destruyen su propio argumento, ya que implacablemente le instan a probar la mala fe, "real malicia" o "animus iniuriandi" del querellado, cosa que no puede hacer, ya que no puede probar lo más elemental, es decir, el conocimiento por parte del querellado de la falsedad de lo expresado.
Correa se niega a reconocer que, como servidor público, no le corresponde interferir en la legítima expresión de opiniones y especulaciones por parte de los ciudadanos que pagan su salario, ni que éstos están en su derecho de decir sobre él y sobre su actuación todo lo que les dé la gana, en contrapartida muy insuficiente de ese poder enorme que se le ha concedido sobre ellos, el cual él considera que es suyo por derecho y que no conlleva responsabilidad alguna, siquiera la de tratar con educación y cortesía a sus mandantes (esos "idiotas", "pitufos", "majaderos" y demás especies). Además, su esquizofrenia llega a tal punto que puede hasta afirmar, con mayúsculas y en negrita, que la Constitución NO RECONOCE EL DERECHO AL INSULTO... es decir, no reconoce la principal labor que él ha venido ejerciendo en estos últimos años.
Y por si todo eso fuera poco...
(continuará)
Recordemos que para este gobierno de desalmados cínicos las lágrimas de una hija son un "show" mediático, y el amor filial, un invento neoliberal
Puesto que la culpabilidad de Araujo en los hechos ocurridos el 30-S era artículo de fe para el gobierno, era una de esos "hechos" "evidentes" que conformaban su versión de lo sucedido, alegremente transmitido en innumerables cadenas "informativas" (que ahora resultan haber sido calumniosas en alto grado, por lo que a Araujo se refiere), que si lo cuestionabas eras claramente un mentiroso y un traidor a la patria, y puesto que era pieza clave de la teoría golpista, pues resulta que esa Verdad que Correa, en su querella, defiende en contra de las supuestas mentiras de El Universo, no es tal. Eso ya lo sabíamos, pero ahora resulta que hasta algún juez se ha dado cuenta.
Resumiendo, hasta ahora:
La querella se escuda en una versión de los hechos del 30-S que se presenta como verdad única, por lo que cualquier afirmación que la contradiga, por parte de algún columnista, se deduce mentira calumniosa. Esta versión única del gobierno acaba de ser declarada en parte falsa por un juez competente.
Correa se apoya en referencias a doctrinas legales de ultramar, que cuando son examinadas de cerca, destruyen su propio argumento, ya que implacablemente le instan a probar la mala fe, "real malicia" o "animus iniuriandi" del querellado, cosa que no puede hacer, ya que no puede probar lo más elemental, es decir, el conocimiento por parte del querellado de la falsedad de lo expresado.
Correa se niega a reconocer que, como servidor público, no le corresponde interferir en la legítima expresión de opiniones y especulaciones por parte de los ciudadanos que pagan su salario, ni que éstos están en su derecho de decir sobre él y sobre su actuación todo lo que les dé la gana, en contrapartida muy insuficiente de ese poder enorme que se le ha concedido sobre ellos, el cual él considera que es suyo por derecho y que no conlleva responsabilidad alguna, siquiera la de tratar con educación y cortesía a sus mandantes (esos "idiotas", "pitufos", "majaderos" y demás especies). Además, su esquizofrenia llega a tal punto que puede hasta afirmar, con mayúsculas y en negrita, que la Constitución NO RECONOCE EL DERECHO AL INSULTO... es decir, no reconoce la principal labor que él ha venido ejerciendo en estos últimos años.
Y por si todo eso fuera poco...
(continuará)

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