Te daré pescado (glosando lágrimas)

Las alternativas en letra itálica son malentendidos atribuidos a mis orejas de hace treinta años.

She cuts her hair (she cuts her hand)
And calls his name
Wishing everything could be the same
Like when she had him...

I'll give you fish, I´ll give you candy,
I'll give you everything I have in my hand.

Walking out of Corvette's,
Package in her hand,
Motions to all the seabirds
Throws divinity on the sands.

I'll give you fish, I´ll give you candy,
I'll give you everything I have in my hand.

Give me, give back my man.

Head's in a whirlpool (Hate's in a whirlpool)
Spinning round and round...
If she don't get her man back (If she don't get off my back)
She's gonna drown.

I'll give you fish (where's that motorboat?), I´ll give you candy (he's in the motorboat),
I'll give you everything (her man's in the motorboat) I have in my hand (give her back her man).

Give her, give back her man. **

La letra: más clara, imposible. Hace treinta años me inventé una rivalidad (y una tendencia autolesionadora) que la letra original no soporta, pero no viene al caso. La cuestión es que ésta fue la primera canción que me hizo sospechar, con mis veinte años, que posiblemente una mujer alguna vez puede necesitar, emocionalmente, a un hombre. Y sigue siendo la única canción que ha sido capaz de convencerme, mientras dura, de tal cosa. Las demás letras que pretenden tal barbaridad contra natura, son demasiado evidentemente escritas por hombres. (Ésta también lo fue, pero no viene al caso.) Al fin y al cabo, es la única letra que conozco en que la mujer propone sacrificar algo concreto a cambio de ese hombre (pescado, para precisar, y caramelos, y todo lo que tiene en su mano). Confieso: tal sacrificción me conmueve*. No sabría decir cuánto me conmueve. Ésta sí que es una letra, y lo demás, garabateos.

La música. En el coro, el segundo acorde, tengo la vaga idea de que coloca debajo del Re menor (sin tercero) inicial un si bemol, pero no tengo guitarra para comprobarlo. La cuestión es que el acorde sorprende. Es resencillo, pero sorprende, y además, ensancha lo que hasta entonces es una armonía austera, de sólo quintos, en algo súbitamente dimensionado, algo encinto, lo que cada vez que lo escucho me arranca un glup, un vigilante de tránsito en la garganta, un reflejo lacrimógeno. Estoy convencido de que Bach y Haendel entenderían y aprobarían esta canción. Es de una eficacia demoledora. Sobra decir que la instrumentación es la esencia de un cool parsimonioso.

El video. A la Cindy Wilson los años no la han tratado bien, pero aquí, es una diosa. Se deduce del hecho evidente de que no es niña (casi, pero no) ni mujer. Sólo queda (según mis esquemas) diosa. No manifiesta tetas ni culo (se relega a la sabrosamente encinturonada Kate dichas atribuciones), pero es una explosión de feminidad. ¿Tiene algo que ver en eso el peinado bouffant, gloriosamente retro, o esa vulnerabilidad que sugiere la extrema delgadez (que normalmente, no me atrae en absoluto), esa estética tirando a Debbie Harry? ¿El maquillaje, los excelentes zapatos? No sé. Es una especie de hembra para mí poco conocida, cincuentera, misteriosa y perturbadora. Me recuerda a esas mujeres-serpiente de algunos pintores simbolistas parisinos, que te hipnotizan con la mirada y la boca. Uno llega casi a creer que esa letra fue ideada con el fin de permitir a esa boca formar esos fugaces sortilegios. Y donde cierra los ojos es Danaë, icono de sensualidad.

De niña, decía, algo tiene pero no. Más bien de algo anterior a niña. Con cada día que pasa me convenzo más que somos prisioneros de nuestra infancia. A los cincuenta años, mi infancia sigue siendo mi única fuente de energía. Cuando se apaga, me apago. Esta Cindy tiene voz de niña, pero no de niña repelente (cuántas cantantes actuales caen en eso, hoy día es ortodoxia férrea) sino de algo anterior a repelente. Tiene voz de querer vivir, y de no recordar sus propios caprichos. Tiene infancia. Los saltos del final lo subrayan. No le hace falta ni cuerda.

Fred Schneider (el de la pandereta) es una comedia continua. Si eso es estética neoliberal, quiero más. Su cara de impasible, libre tanto de goce como de incomodidad, contrastado con esa coreografía que alterna galvanización con espasmo de moribundo, sugiere algo de religión liberadora. Recordemos que fue el letrista que nos legó los siguientes versos inmortales (de Mesopotamia):

I ain't no student
of ancient culture;
before I talk
I should read a book.

Lo que le catapultó a ser el letrista más favorecido por profesores de secundaria en todo el mundo, posición que sigue ostentando (quién no tuvo que escuchar Mesopotamia en sus clases de historia).

La sacudida de cabeza de la Cindy cerca del final, en pleno chillido, es tan sugerente que creo que ni Madonna, ni Shakira. Si en tu imaginación quitas el sonido de la batería y te quedas con lo demás, te das cuenta. Si los de AP no son tontos, y la consulta arranca un sí (es decir, un no a todo), lo primero que tendrán que regular son esas sacudidas. Para el bien de los sectores, entendámonos.


* Excusado precisar que, si se toma en serio la teoría de los lenguajes del amor, soy de los verbales. Para mí, la mujer puede hacer todos los sacrificios del mundo, pero si no se refiere a ellos, no me doy siquiera cuenta (y referirse a ellos es difícil sin sonar plañidera. Es mejor referirse a los que piensa hacer, no en los ya hechos). Sólo tiene realidad para mí lo que la mujer dice. Lo que hace, lo que me da, no me importan. Lo que ostenta, sí, pero triunfa siempre la palabra, me llega donde ni la sensualidad puede. Excusado también decir que, por instinto, esa debilidad mía es algo que escondo. Si no, por tres palabras bien calculadas soy esclavo de cualquiera. Claro que a mi edad nada de eso ya importa.

** Claro que las lágrimas arrancan principalmente de los recuerdos, de esas fechas, de esas vivencias. Sin esos recuerdos, posiblemente esta canción me pareciera una pérdida de tiempo. Quién sabe. Yo soy yo y mis recuerdos.

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