Reptiles y mutantes
Ayer cayó el golpe: en el boulot hay ladrones. Quieren quitarme un porcentaje todavía desconocido, pero altísimo, de mi salario, por el incumplimiento de un trámite burocrático sin importancia que se nos había asegurado no sería sujeto a ningún tipo de penalidad. En fin. Uno ya se acostumbra a estos golpes, con los años, a la búsqueda febril de sustancias que amortigüen la angusta y el dolor mental, alcohol, sedantes, lo que sea con tal de burlar el deseo espontáneo de autolesionarse. De repente sobre el mundo cae una cortina siniestra: tiene que haber otro mundo, otra dimensión, adonde huir, en donde refugiarse hasta que amaine la tormenta. Al mismo tiempo, uno se vuelve extremadamente sensible con las personas. La jefa, los jefes, se han revelado reptiles, mutantes, seres grotescos. ¿Quedará en el planeta gente normal, con sentimientos humanos? Y en ésas, estando en clase, luchando contra un repentino tartamudeo y una sensación de hastío inabarcable, infinito, sabiendo que esta clase y la siguiente y la siguiente habían dejado de ser "mi trabajo", objeto de orgullo profesional, sino simples recordatorios de mi cojudez, ofrecidos en el altar del Dios de la Sabiduría Criolla, una alumna me entrega una redacción. El tema: "una persona que admiro". Arranca:
A quien admiro más es a Jesucristo, que me ama más que puede amarme cualquier persona, y que murió por mí...
Así es cómo a algunos les entra lo que Sartre llamaba "la Nausée". Es eso, olvídense de árboles y raíces, es eso. Es ver cómo una persona joven, con toda la vida por delante, aparentemente sana en cuerpo y mente, se valora en tan poco que manifiesta un patético agradecimiento por el supuesto "amor" de un requetesupuesto hippie de hace dos mil años a quien nunca le ha visto siquiera el peroné. Es ver que los seres humanos, no contentos con ser cojudos, hacemos religión de la cojudez y que no nos importa construirnos mútuamente hogueras con tal de que éstos sean convenientemente disfrazados de reglamentos, de costumbres, de labios tiesos y de decoros sociales. Blake decía:
A mask in every face I meet: masks of weakness, masks of woe...
El punk de los 70 resultó no ser exportable. Siempre, de mozo, me hacía reir ese ingenuo punki español, transmutado en moda chic de alambicadas coiffures multicolores. El original, acá está, John Lydon (aka Rotten), casi lo único humanamente rescatable de aquella década, decía que el quid era en que no había "estilo", no había "peinado", sino una arremetida salvaje y aleatoria contra el cuero cabelludo.
Sigan dándole a la puerta, reptiles, no les dejo entrar.
Qué idiota este juan montalvo, siempre lamiendo anos.
ReplyDelete"Es ver cómo una persona joven, con toda la vida por delante, aparentemente sana en cuerpo y mente, se valora en tan poco que manifiesta un patético agradecimiento por el supuesto "amor" de un requetesupuesto hippie de hace dos mil años a quien nunca le ha visto siquiera el peroné."
Sí qué pena. Me sentí así cuando un ex-compañero de colegio se hizo cura, pero después entendí que la gente ama a un ser imaginario y le atribuye las mejores caracteristicas porque un ser imaginario es incapaz de decepcionar como lo hace un amor de carne y hueso. Además por aquello del courtly love, María es la dama y Jesús es el señor de los caballeros medievales, incapaces de traicionar o de decepcionar pero capaces de inspirar hazañas.
"Es ver que los seres humanos, no contentos con ser cojudos, hacemos religión de la cojudez y que no nos importa construirnos mútuamente hogueras con tal de que éstos sean convenientemente disfrazados de reglamentos, de costumbres, de labios tiesos y de decoros sociales."
El abandono de reglamentos, costumbres, labios tiesos y decoros sociales fue lo que hizo posible que el Imperio Romano sobreviva hasta nuestros días, o no? Se necesita costumbres, reglamentos y demás porque eso es cultura y construye una sociedad. A ti que te encanta hablar de reingeniería social y no sabes que consiste en destruir costumbres, reglamentos y decoros sociales.
Lo de JM: él dice Emperador porque así reza mi avatar, y la cosa se convirtió en costumbre. No sé a qué más palabra suya tienes objeción, pero dudo que le importe mucho, y a mí menos.
ReplyDelete"Se necesita costumbres, reglamentos y demás"
Y ¿dónde digo que no?
Te espera, el día que aprendas a leer un texto sin imponer una matriz de prejuicios entre tus ojos y la página (o la pantalla) un mundo de sorpresas. A mí tal vez también (ya que lejos quedan esas mocedades en que leía "como un niño"). En el caso que nos ocupa, una cosa es que haya costumbres y otra que nosotros mismos nos refugieemos tras ellas para esconder nuestras heridas, que es de lo que se habla aquí, y siempre sin proponer "destruir" absolutamente nada.