Cómo complicarse la vida

La culpa, en parte, es de un tal Albert Guinovart, compositor de la música de la serie (Nissaga de Poder, "mítica" telenovela de 476 capítulos producida por TV3 de Cataluña hace cosa de catorce años). El tema de presentación no és res de l'altre món, supongo que porque al principio los productores no quisieron arriesgarse, y se limitaron a intentar copiar el formato Falcon Crest/Dallas lo mejor que se puede (la secuencia de introducción es un calco de Dallas, casi desvergonzado): por eso, tenemos una música en la misma línea, meramente funcional. Pero a medida que la serie fue calando entre la gente, el tal Guinovart fue tomando más en serio la ocasión que ofrecía para experimentar. El resultado: música ambiental, eso sí, funcional y de cierta manera convencional para el género, pero con "un toque". Ese toque Guinovart se aprecia mejor en la música que acompaña la recapitulación al principio de cada episodio. Esa música, que según el tío wiki crea "una atmósfera asfixiante", me lleva hacia un pasado que quisiera olvidar.

Hay una mentalidad, la padezco, que como una bicicleta mal afinada quiere virar siempre hacia lo "meta". No basta con que una música te conmueva o te dé nostalgia: necesitas saber el porqué, el alcance del fenómeno, sus condiciones necesarias y suficientes. Quieres siempre generalizar.

Con el tema de la música, una cosa parece clara: es una criada que termina haciéndote la contabilidad, o (Nissaga, trama, capítulos finales) secuestrándote el niño. Confiamos tontamente en que la película se resume en sus imágenes, en la interpretación, y que la música simplemente es el aliño. Nadie se da cuenta del poder del compositor. Le conviene que no se sepa. Sabiendo cómo nos manipula, podríamos volvernos desconfiados, podríamos resistir.

Existe una página web, el BennyHillificador, donde cualquier video puede ser convertido en un sketch de comedia mediante el sencillo truco de acelerarlo y acompañarlo de la música de Yakety Sax. Si todo puede ser comedia, también todo puede ser tragedia, o lacrimógeno culebrón. El noticiario, creo que de Ecuavisa, hace tiempo que se define por su música: a algún desaprensivo se le ocurrió ponerle música de película de romanos (la primera vez que la escuché, reí como loco), con lo cual nos trasladamos inevitablemente a esa heroica antigüedad en que la política latinoamericana, como nos recuerda Evo, se resumía en la lucha contra las legiones del César. El maldito compositor todo lo puede.

O tal vez no.

Volver a Nissaga, a esa serie que veía a la hora de sobremesa, con la que esperaba reavivar los recuerdos dormidos, inasequibles, de aquellos 7 años en que viví (se supone) con la R., me trajo la sorpresa: recordaba el theme de la serie, eso sí, pero absolutamente sin nostalgia. Eso, tengo que confesarlo, me perturba. Para cada época de mi vida, hay una música que la evoca, incluso épocas muy recientes (la bebetud del niño quedó resumida en la música de los Teletubbies y en las canciones de Tikotiko) pero para ésa no. Son siete años del pasado en que, aparentemente, no fui yo. Conservo los recuerdos (algunos), pero ninguna emoción que les acompañe. Ninguna, a menos que sea esta vaga desazón. Y como soy, ante todo, una persona sentimental, eso significa que esos siete años se perdieron. Hay un hueco en mi biografía. O mejor dicho, durante un período de 7 años dejé de ser yo y pasé a ocupar la biografía de otra persona. Eso se llama complicarse la vida.

Niños, no hagan eso. Digan NO al vampirismo biográfico.

Y del mismo modo que tú, a veces, sin querer queriendo, te puedes meter a vivir una vida destinada a otra persona, puede que alguien alguna vez quisiera secuestrar tu vida, ponerle otra música, o el pantalón equivocado. De nuevo, no y #no.

Lo que hizo Guinovart no fue lo típico, reanimar el nostálgico recuerdo de una época pasada, dorada. Fue iluminar ese hueco desalentador. Cumplo mi deber avisándoles de que puede pasar. Puedes perder una década de tu vida acoplándote mal, compadeciendo. Esos años, simplemente, emocionalmente, no te pertenecerán.

De la culpabilidad que en esto tiene cierto extraño concepto de lo que es una relación sentimental, hablaré en otro momento.

La serie en sí: familias grandes, rivalidad, celos, secretos, mentiras (muchas mentiras), un class system resueltamente binario (pelucones, o sea, poder, vs. el bar del Xato, o sea, el pueblo, cada clase dependiendo patéticamente de la otra), asesinatos, chantaje... lo tipico del culebrón, se supone, pero llevado finamente a estatus de (ni) saga por unos buenos actores (la Vilarasau, soberbia), con lo cual el consenso barcelonés ha quedado en etiquetarla como mítica. ¿Por qué hablo de telenovelas, pudiendo hablar de Dickens? porque sustrayendo la pirotecnia literaria, es lo mismo. Es complicarse la vida en pos de un sentimiento trágico de la misma. Es querer ser la tortuga, viendo barajarse las generaciones de pescadores. Es percibir, desde encima, el hilo conductor que redime y transfigura cualquier bajeza. Es querer entenderlo todo, y sobretodo sentirlo todo, sub specie aeternitatis.

Comments

  1. The Skinner Box ha funcionado :-(

    En dias como este me siento tan afortunado de NO vivir mas en el Ecuador.

    A pesar de todas las dificultades e inconvenientes propias de ser un Inmigrante, estas estupideces me dan mas fuerza para luchar, salir adelante y ganarme mi espacio definitivo en el Imperio.

    Me rehuso a que una bola de borregos DECIDAN por mi, ya tienen un DICTADOR aprovado en las urnas.

    Enjoy.

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