El inútil billete
Últimamente estoy viendo muchas listas improvisadas de rasgos, costumbres y situaciones "típicamente ecuatorianos" (Twitter, SoHo). Hay una situación cuya ausencia en esas listas me sorprende. Es ésta:
Llego al Luis Vernaza con diez minutos de gracia. Como cada día, paso por la gasolinera ("On The Run") para abastecerme de Coca (últimamente la Pepsi escasea, posible síntoma del Fin del Mundo que se avecina). Lo de siempre: la Coca, los Halls, el tabaco. Tres dólares y pico. Acabo de sacar del cajero un billete de veinte.
- ¿No tiene suelto?
- No.
- Lo siento. No tengo cambio.
Me voy con mi billete (y sin Coca) a la tienda de la esquina.
- ¿No tiene suelto?
Me cago en la gran Puta de Oros. Se acabó en tiempo, hay que fichar. Prescindo de cola, y guardo mi billete para la hora de comer.
- Una empanada de carne, y una Pepsi descartable (para lectores españoles, desechable). .... Tenga.
- ¿No tiene suelto?
- No.
- Lo siento, pero....
¿Ya entendieron? Puedo estar equivocado, pero creo que Ecuador es el único país del mundo en que uno puede morirse de hambre o de sed teniendo en el bolsillo $20 (o equivalente en moneda local) y estando rodeado de tiendas abiertas, porque NADIE TIENE ANY FUCKING CHANGE.
Mis lectores sabrán que no le tengo en muy alta estima a Stiglitz, pero es en momentos como éstos cuando estoy dispuesto a darle la razón. Quizás el sistema de mercado no funciona. Lo digo por esto: voy a la tienda más cerca de casa, pido una serie de cosas (tabaco, azúcar, agua, queso), y el tendero me sirve, servicial y sonriente. Al final suma: $8.30. Le ofrezco un billete de veinte.
- ¿No tiene suelto?
- No.
- Lo siento, no tengo cambio.
Ahora, según todos los economistas de las escuelas clásica, neoclásica, monetarista, austríaca, es en ese preciso momento cuando me doy la vuelta y me dispongo a largarme sin haber comprado nada, cuando el tendero tendría que decir:
- Espere un momento.
Y a continuación, según la teoría, una Mano Invisible le induciría a ese tendero vago a buscar en sus bolsillos, o debajo del Extra, o en el jarro donde se guardan los centavos de devolución de botellas, aquellas monedas que permitirían cerrar la transacción y así ganarse algo de dinero. O incluso, aunque en este país parezca inaudito, saldría momentáneamente de la tienda a buscar cambio en alguna otra tienda cercana, dejando a su hijo en el puesto de mando. Eso, según la teoría, y así parece funcionar en otros paises, pero acá no. Yo me alejo muy despacio, dándole tiempo para reconsiderar la situación, pero ni modo. El tipo tan tranquilo y tan sonriente, contempla la desaparición de ese cliente que hubiera podido significar una transacción con ganancia y satisfacción mutuas, frustrada por la falta de unas monedas. No parece importarle vender o no vender. Y yo me pregunto: ¿para qué chucha tiene una tienda?
Pero lo peor no es eso. Lo peor es que, según he podido comprobar personalmente, en toda la ciudad de Durán no existe una sola tienda que tenga cambio de un billete de veinte dólares. Es decir, para cambiar ese billete hay que cruzar el puente, y aun así, prepárate para una larga odisea. Claro que (se supone) uno podría cambiarlo en un banco, pero debo precisar para lectores extranjeros que el tiempo de espera mínimo para cualquier servicio bancario en este país es de una hora, y a veces el tiempo apremia. Esto me hace pensar que tal vez hay una política deliberada del gobierno de limitar la emisión de monedas, para que escaseen, de modo que (a) el valor real del billete caiga por debajo de su valor nominal, creando en efecto dos monedas concurrentes, el Dólar Monedero y el Dólar Billetero, y (b) se cree un ambiente favorable para la desdolarización. De momento, se está volviendo frecuente que yo me reconozca puntualmente dispuesto a cambiar mi inútil billete de $20 por monedas (¡monedas! cosa maravillosa) al valor de $18, o tal vez incluso de $15, porque a veces hay mucha sed. Entonces, hoy cuando tocaba ir al cajero automático a sacar, se me ocurrió una brillante idea: ¿qué tal si en lugar de sacar $20, saco $30? Así tendría por lo menos un billete de diez, y sería algo más fácil que alguien en este país tuviera cambio.
Mensaje en pantalla: SOLO SE EMITEN MULTIPLES DE 20. VUELVE A INTRODUCIR EL IMPORTE:
No, esto ya no es política monetaria. Es algo más siniestro. Esto es una persecución sobrenatural.
Llego al Luis Vernaza con diez minutos de gracia. Como cada día, paso por la gasolinera ("On The Run") para abastecerme de Coca (últimamente la Pepsi escasea, posible síntoma del Fin del Mundo que se avecina). Lo de siempre: la Coca, los Halls, el tabaco. Tres dólares y pico. Acabo de sacar del cajero un billete de veinte.
- ¿No tiene suelto?
- No.
- Lo siento. No tengo cambio.
Me voy con mi billete (y sin Coca) a la tienda de la esquina.
- ¿No tiene suelto?
Me cago en la gran Puta de Oros. Se acabó en tiempo, hay que fichar. Prescindo de cola, y guardo mi billete para la hora de comer.
- Una empanada de carne, y una Pepsi descartable (para lectores españoles, desechable). .... Tenga.
- ¿No tiene suelto?
- No.
- Lo siento, pero....
¿Ya entendieron? Puedo estar equivocado, pero creo que Ecuador es el único país del mundo en que uno puede morirse de hambre o de sed teniendo en el bolsillo $20 (o equivalente en moneda local) y estando rodeado de tiendas abiertas, porque NADIE TIENE ANY FUCKING CHANGE.
Mis lectores sabrán que no le tengo en muy alta estima a Stiglitz, pero es en momentos como éstos cuando estoy dispuesto a darle la razón. Quizás el sistema de mercado no funciona. Lo digo por esto: voy a la tienda más cerca de casa, pido una serie de cosas (tabaco, azúcar, agua, queso), y el tendero me sirve, servicial y sonriente. Al final suma: $8.30. Le ofrezco un billete de veinte.
- ¿No tiene suelto?
- No.
- Lo siento, no tengo cambio.
Ahora, según todos los economistas de las escuelas clásica, neoclásica, monetarista, austríaca, es en ese preciso momento cuando me doy la vuelta y me dispongo a largarme sin haber comprado nada, cuando el tendero tendría que decir:
- Espere un momento.
Y a continuación, según la teoría, una Mano Invisible le induciría a ese tendero vago a buscar en sus bolsillos, o debajo del Extra, o en el jarro donde se guardan los centavos de devolución de botellas, aquellas monedas que permitirían cerrar la transacción y así ganarse algo de dinero. O incluso, aunque en este país parezca inaudito, saldría momentáneamente de la tienda a buscar cambio en alguna otra tienda cercana, dejando a su hijo en el puesto de mando. Eso, según la teoría, y así parece funcionar en otros paises, pero acá no. Yo me alejo muy despacio, dándole tiempo para reconsiderar la situación, pero ni modo. El tipo tan tranquilo y tan sonriente, contempla la desaparición de ese cliente que hubiera podido significar una transacción con ganancia y satisfacción mutuas, frustrada por la falta de unas monedas. No parece importarle vender o no vender. Y yo me pregunto: ¿para qué chucha tiene una tienda?
Pero lo peor no es eso. Lo peor es que, según he podido comprobar personalmente, en toda la ciudad de Durán no existe una sola tienda que tenga cambio de un billete de veinte dólares. Es decir, para cambiar ese billete hay que cruzar el puente, y aun así, prepárate para una larga odisea. Claro que (se supone) uno podría cambiarlo en un banco, pero debo precisar para lectores extranjeros que el tiempo de espera mínimo para cualquier servicio bancario en este país es de una hora, y a veces el tiempo apremia. Esto me hace pensar que tal vez hay una política deliberada del gobierno de limitar la emisión de monedas, para que escaseen, de modo que (a) el valor real del billete caiga por debajo de su valor nominal, creando en efecto dos monedas concurrentes, el Dólar Monedero y el Dólar Billetero, y (b) se cree un ambiente favorable para la desdolarización. De momento, se está volviendo frecuente que yo me reconozca puntualmente dispuesto a cambiar mi inútil billete de $20 por monedas (¡monedas! cosa maravillosa) al valor de $18, o tal vez incluso de $15, porque a veces hay mucha sed. Entonces, hoy cuando tocaba ir al cajero automático a sacar, se me ocurrió una brillante idea: ¿qué tal si en lugar de sacar $20, saco $30? Así tendría por lo menos un billete de diez, y sería algo más fácil que alguien en este país tuviera cambio.
Mensaje en pantalla: SOLO SE EMITEN MULTIPLES DE 20. VUELVE A INTRODUCIR EL IMPORTE:
No, esto ya no es política monetaria. Es algo más siniestro. Esto es una persecución sobrenatural.
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