La Maja Descodificada
"Ardo por un semental que me llene toda" es el llamativo título de una obra que en el 2007 ganó el Primer Premio del Salón de Julio en Guayaquil, reportándole a su creadora, Gabriela Chérrez, la suma de diez mil dólares. Ignoro de dónde saca la Muy Ijadesulustre Municipalidad de Guayaquil esta plata, si viene de donaciones voluntarias o del bolsillo del incauto guayaco metroviajero. La obra en cuestión, a través de un novedoso medio (esmalte de uñas sobre azulejos de cocina) "pretende transmitir cierta reflexividad sobre la condición femenina –sin universalismos o esencialismos" (estoy citando al blog Río Revuelto, que lo dice con aire de autoridad) utilizando para tal fin un cómic erótico narrativo pintado en los azulejos. Yo no entiendo cómo se puede reflexionar sobre "la condición femenina", tema difícilmente superable en cuestión de universalidad, "sin universalismos", pero siempre fui un canalla. Mejor hubiera sido (según la misma jueputa opinión no solicitada) "la condición femenina de las ardientes por un semental que decoran con esmalte de uñas las paredes de la cocina", eso sí ya deja de ser universal, y de hecho así se vuelve tan poco universal que confieso no conocer a ninguna de la especie. (Y si esto se ha de interpretar en algún lugar como invitación a un constructivo diálogo, fiat.)
Yo no fui en el 2007 a ver esa obra. Sólo dispongo de las fotos colgadas en la mencionada página.
Hm. No está mal, pero será por nostalgia, me quedo con la Carrie. Y me la quedo mejor sabiendo que en todo caso el tema no es ése, chucha, no se trata de que la chavala te arranque toda la hidraúlica de una, pues esto es Arte con A mayúscula, por lo que uno imagina a los visitantes al salón allá en en 2007 poniendo todos esos aires de repentinos Profundos Pensadores que ponemos en la tienda de revistas al acercarnos como quien no quiere la cosa al estante de arriba, absortos ante la cuestión de si el Hustler de este mes se puede hojear con aire cínico y escéptico "no, nada, pensaba que era una revista de pesca", o si mejor fuera guiarse sólo por el reojo de la cubierta. Porque el Arte Conceptual es así. Lejos quedan los días en que uno se gozaba, como yo en la National Gallery con mis 15 tacos a cuestas y mis primeros Tiepolos, Turners, Van Eycks, Hogarths y Manets, cuando el cuadro y sus inimaginables tesoros y la lluvia allá fuera y la buena onda que recorría a los visitantes era todo uno, una experiencia de no olvidarse; ahora, al acercarse a la cama deshecha de la Tracey, lo único que hay es la incertidumbre de qué decir sobre el vestuario del Emperador, esos atuendos invisibles que los demás ven y tú no, sin duda porque eres ignorante plebeyo y encima fumador de Líder cuando no hay más oferta en la tienda de la esquina. Y no es que uno sea incapaz de apreciar aquello que se pretende transmitir, que en los más de los casos es algo bastante obvio: lo que a uno le deja perplejo y ensimismado es el concepto del público que trasluce: un público diría yo extrañamente hueco, piadoso y sermoneable, ávido de "conceptos" o mejor dicho, de "propuestas" con que decorar las paredes vacías de su ociosa vida interior. Un público Guardian Reader, vaya. Por lo que, para mí, casi siempre mejor es ese Found Art que se brinda en la propia reacción del público:
Tres Personas Viendo la Cama de Tracey Emin E Intentando Lucir Cara de Cognoscenti, 2011, óleo sobre lienzo, 128x88.
En el caso que nos ocupa, el citado Río Revuelto nos regala la impagable apoplejía de un tal Monseñor Elías Dávila, que conjura un "espíritu guayaquileño, lleno de respeto" y la postula como primera víctima del estupro pictórico. Y se ve que el buen monseñor no ha perdido detalle de la obra, pues hasta es capaz de asegurarnos que los textos del cómic erótico contienen "palabrejas de albañal" (sic), y que el cómic entero es de origen "extranjero" (me olvidé decirlo: no es que la Chérrez haya inventado la historia en viñetas, sino que la "extrajo" de una revista con el maravilloso título "Consejera Sexual y de Intimidades", cuya portada te brindan los mismos del Río. Por supuesto que esto no es plagio, pues lo "conceptual" perdona muchos pecados. Never mind the pictures (or their origin), feel the Concept!).
Dejando de lado a los monseñores, que forman (reconozcámoslo) un público aparte y bastante especial, los Del Río nos guían sobre otras maneras legítimas de reaccionar ante la obra (esto, insisto, para que sepas qué cara poner si alguna vez te invitan a verla):
A esto se suma una narrativa que coquetea con los lindes de la estética porno y que de manera lúdica tantea el complejo mundo de los deseos, un campo que en los mecanismos sicológicos y libidinales de este trabajo se activa de maneras diversas e inciertas según la mirada subjetiva de cada espectador: desde una posible excitación en un hombre, el rechazo ante la cosificación de una mente crítica, hasta un sentimiento de empoderamiento sexual de alguna “ama de casa desesperada”.
Sea: si quieres, puedes poner cara de Rechazo Ante la Cosificación, que me imagino será algo así como esa cara de no de algún ex presidente hurtado but not stirred. Si no rechazas la cosificación, pues te queda la opción de ser "un hombre", carente de "mente crítica" pero no por ello menos susceptible a una "posible excitación" (ya sabes qué cara es ésa, ¿verdad?), o si no, una ama de casa desesperada y deseosa de empoderamiento sexual. En todo caso, la clave de todas esas reacciones previsibles parece ser la misma, o sea, se trata de una obra falocéntrica, de modo que la importancia de la misma se podría resumir en una expresión técnica pero socorrida a la que recurrimos habitualmente los entendidos en bellas artes, al asegurar que el trabajo premiado vale verga.
Lo que me lleva con toda naturalidad al director de Cultura y Promoción Cívica del Municipio de Guayaquil, Sr. Melvin Hoyos.
Admito que primero llegó el xaflag, que me puso sobre la pista de este tipejo. Sin embargo, después de pensármelo un poco, creo que el mencionado überciclista se equivoca en algo al diagnosticar la fuente del problema. El quid no reside tanto en una vulneración gratuita al derecho de la libertad de expresión, tema algo problemático en este caso. Lo destacable aquí es sencilla y llanamente la incompatibilidad entre gobierno y cultura. Esto, sin menoscabo de que el mencionado Hoyos en este caso sea un simple y patético mandado, supuesto que me parece bastante persuasivo según los datos de que disponemos. Me refiero a que los únicos interesados en que el Salón de Julio sea un lugar libre de "elementos sexuales" han de pertenecer (casi es una perogrullada) a la curuchupesía guayaquileña, es decir los monseñores y afines... incluso diría que esta prohibición tiene toda la pinta de ser una clara venganza del mismísimo prelado citado, o de alguno de sus más íntimos panas, y el que tuvo que ponerle cara a este absurdo o bien quedarse sin su suculenta sinecura burocrática habrá sido el Hoyitos. En fin, como bien dice Xaflag, y sin perjuicio de que se trate o no de un tema de libertad de expresión, ante la citada posibilidad de que alguien se ofenda por el uso de tales "elementos sexuales", hay una solución muy sencilla, que sería la de poner un aviso en la puerta, y en letra de 7.5 puntos abajo de los anuncios que se le hace. Así, sólo se ofenden los que realmente quieren ser ofendidos (siempre hay de ésos: también forman parte de la diversión). Y el resto, pues a contemplar la obra y a reaccionar, siguiendo las citadas directrices de Río Revuelto o de alguna manera más personal, que a lo mejor quepa y todo.
Repito: el que no se haya contemplado esta posibilidad parece atribuible a una influencia directa y archiconocida de elementos eclesiásticos reaccionarios sobre las políticas del Municipio, influencia ya visible en muchos aspectos del quehacer urbano, entre ellos los absurdos reglamentos discriminatorios que rigen sobre el Malecón 2000, lugar sólo supuestamente "público". Lo que me parece algo ingenuo es que se haga cruces ante cualquier "política cultural" que se emprenda desde cualquier rama del gobierno, sea nacional o local.
Vayamos al grano. La actividad cultural o artística, para que sea considerada como tal, necesita de un espacio de libertad (sobre todo para el artista, también para su público), aunque en algunos casos ese espacio ha tenido que ser mínimo, clandestino. El Estado, por su propia naturaleza, es enemigo de cualquier libertad individual. Por lo tanto, pedirle al Estado moderno que cuide, que fomente y que premie la creación artística es un sinsentido: mejor dicho, una cojudez. Por supuesto que la historia del arte está llena de ejemplos de artistas cuyas circunstancias les obligaban a someterse a caprichosos mecenazgos reales o aristocráticos, que en muchos casos les obligaron a desperdiciar tiempo y esfuerzo realizando estultas encomiendas políticas. Que algunos - pocos - consiguieron trascender a pesar de tales estorbos no cambia la naturaleza del estorbo. Si quieren comparar lo que es un "artista estatal" con un "artista que supo hilar fino frente al estado", tenemos los nombres de Sáenz de Heredia frente a Berlanga. ¿A cuál le comprarías tú un Marshall Plan de segunda mano? En cuestión de poesía, a Colley Cibber frente a Pope. En música, a Shostakovich frente a Rachmaninov (y no le quiero quitar peso a aquél: simplemente digo que sin las presiones del Politburo hubiéramos tenido un compositor todavía más grande). Y a pesar de que en estas cuestiones ya nadie espera la Inquisición Española, la Maja Desnuda de Goya estuvo durante unos 175 años escondida por los buenos oficios del Santo Oficio. Eso es lo que hacen los estados, y sus religiones oficiales, con la cultura. Hace realmente poco tiempo que se puso de moda eso de los "Ministerios de Cultura", fenómeno atribuible a cierta doctrina fascista, nacida en el transcurso del siglo pasado, de que el Estado tiene que abarcarlo todo todito, o a la percibida necesidad de los Estados modernos a esconder su verdadera naturaleza tras una retórica humanista. No cuela. Nunca ha colado. Un premio otorgado por un Municipio, si lo que se premia es verdadera calidad será por accidente o por descuido: las influencias políticas son tema demasiado grave para que entren en juego cuestiones tan frívolas. Es decir, lo expresado por Hoyitos es lo que hay también a nivel nacional: la eclosión de una horrenda y monstruosa "cultura oficial". Que la local sea más remilgada y curuchupa, bueno, será que el anticlericalismo en Quito ha sabido madrugar un poco más. Eso es todo.
Claro que se objetará que el valeverguismo de ciertos artistas es lo que provoca estas reacciones kid-friendly: el error de pensar que el arte se queda en el elemento épater le bourgeois, y que no haga falta más que eso. No me lo compro. Para tener un Salón que caiga bien a todos, sólo hace falta un poco de lo que Correa, cuando está de buen humor (¿le han visto últimamente?) llama meritocracia: ósea, que los encargados de seleccionar el material sepan algo de arte, lo que no es lo mismo, evidentemente, que saber algo de ser chupamedias, o de ser creativo en ridículas excusas. Pero ahí está: ser Director de Cultura es un puesto político, no meritocrático: la meritocracia en el gobierno, a cualquier nivel, es un supuesto no consentido, por muchos Institutos que le pones. Los gobiernos simplemente no funcionan así, los municipios tampoco. ¿A alguien se le ocurre que a Nebot le preocupa el hecho de que el Salón de Julio, actualmente, tendría que rechazar tanto a la Maja Desnuda como a la Rokeby Venus como a la de Botticelli (por los naughty bits), sin hablar de un gran porcentaje del arte figurativo más significativo del siglo pasado? ¿Siquiera que se dé cuenta de que la Desnuda no es más que una descodificación de la Vestida, la que en rigor tiene todo lo que tiene la otra y un poquito más? Aquí Hoyitos:
Desde la autoridad que el Municipio tiene para poder evaluar ciertos temas, pensamos que nuestra actividad cultural se debe a la comunidad (de los monseñores). Tenemos que tomar en cuenta que el Museo Municipal es un museo multidisciplinario adonde acuden niños, gente de toda condición social, niveles educativos y culturales... y que no todos están en capacidad para decodificar algunos mensajes.
Ahí está. Nosotros somos "la autoridad". Ustedes, los que según su "condición social" puede que ni siquiera adivinen correctamente delante de cuáles obras se permite ser "hombre posiblemente excitado" y cuáles no. O mejor dicho: ustedes, los incapaces de decodificar. Ahí está. Una vez le pregunté a un nebotista: ¿por qué tantas reglas absurdas en el Malecón? La respuesta: usted no tiene ni idea cómo son los guayacos. Si no tenemos robaburros ahí, capaz se ponen a masturbarse delante de alguna gringa.
Eso, amigo, amiga, eso es lo que piensan de ti las autoridades. Si acabas de darle el sí a esas autoridades, o si eres tan iluso como para creer que los Hoyitos de Correa (pregunta 9) difieren en algo de los de Nebot, pues con tu pan te lo comes. Yo ya hice lo que pude.
Yo no fui en el 2007 a ver esa obra. Sólo dispongo de las fotos colgadas en la mencionada página.
Hm. No está mal, pero será por nostalgia, me quedo con la Carrie. Y me la quedo mejor sabiendo que en todo caso el tema no es ése, chucha, no se trata de que la chavala te arranque toda la hidraúlica de una, pues esto es Arte con A mayúscula, por lo que uno imagina a los visitantes al salón allá en en 2007 poniendo todos esos aires de repentinos Profundos Pensadores que ponemos en la tienda de revistas al acercarnos como quien no quiere la cosa al estante de arriba, absortos ante la cuestión de si el Hustler de este mes se puede hojear con aire cínico y escéptico "no, nada, pensaba que era una revista de pesca", o si mejor fuera guiarse sólo por el reojo de la cubierta. Porque el Arte Conceptual es así. Lejos quedan los días en que uno se gozaba, como yo en la National Gallery con mis 15 tacos a cuestas y mis primeros Tiepolos, Turners, Van Eycks, Hogarths y Manets, cuando el cuadro y sus inimaginables tesoros y la lluvia allá fuera y la buena onda que recorría a los visitantes era todo uno, una experiencia de no olvidarse; ahora, al acercarse a la cama deshecha de la Tracey, lo único que hay es la incertidumbre de qué decir sobre el vestuario del Emperador, esos atuendos invisibles que los demás ven y tú no, sin duda porque eres ignorante plebeyo y encima fumador de Líder cuando no hay más oferta en la tienda de la esquina. Y no es que uno sea incapaz de apreciar aquello que se pretende transmitir, que en los más de los casos es algo bastante obvio: lo que a uno le deja perplejo y ensimismado es el concepto del público que trasluce: un público diría yo extrañamente hueco, piadoso y sermoneable, ávido de "conceptos" o mejor dicho, de "propuestas" con que decorar las paredes vacías de su ociosa vida interior. Un público Guardian Reader, vaya. Por lo que, para mí, casi siempre mejor es ese Found Art que se brinda en la propia reacción del público:
Tres Personas Viendo la Cama de Tracey Emin E Intentando Lucir Cara de Cognoscenti, 2011, óleo sobre lienzo, 128x88.
En el caso que nos ocupa, el citado Río Revuelto nos regala la impagable apoplejía de un tal Monseñor Elías Dávila, que conjura un "espíritu guayaquileño, lleno de respeto" y la postula como primera víctima del estupro pictórico. Y se ve que el buen monseñor no ha perdido detalle de la obra, pues hasta es capaz de asegurarnos que los textos del cómic erótico contienen "palabrejas de albañal" (sic), y que el cómic entero es de origen "extranjero" (me olvidé decirlo: no es que la Chérrez haya inventado la historia en viñetas, sino que la "extrajo" de una revista con el maravilloso título "Consejera Sexual y de Intimidades", cuya portada te brindan los mismos del Río. Por supuesto que esto no es plagio, pues lo "conceptual" perdona muchos pecados. Never mind the pictures (or their origin), feel the Concept!).
Dejando de lado a los monseñores, que forman (reconozcámoslo) un público aparte y bastante especial, los Del Río nos guían sobre otras maneras legítimas de reaccionar ante la obra (esto, insisto, para que sepas qué cara poner si alguna vez te invitan a verla):
A esto se suma una narrativa que coquetea con los lindes de la estética porno y que de manera lúdica tantea el complejo mundo de los deseos, un campo que en los mecanismos sicológicos y libidinales de este trabajo se activa de maneras diversas e inciertas según la mirada subjetiva de cada espectador: desde una posible excitación en un hombre, el rechazo ante la cosificación de una mente crítica, hasta un sentimiento de empoderamiento sexual de alguna “ama de casa desesperada”.
Sea: si quieres, puedes poner cara de Rechazo Ante la Cosificación, que me imagino será algo así como esa cara de no de algún ex presidente hurtado but not stirred. Si no rechazas la cosificación, pues te queda la opción de ser "un hombre", carente de "mente crítica" pero no por ello menos susceptible a una "posible excitación" (ya sabes qué cara es ésa, ¿verdad?), o si no, una ama de casa desesperada y deseosa de empoderamiento sexual. En todo caso, la clave de todas esas reacciones previsibles parece ser la misma, o sea, se trata de una obra falocéntrica, de modo que la importancia de la misma se podría resumir en una expresión técnica pero socorrida a la que recurrimos habitualmente los entendidos en bellas artes, al asegurar que el trabajo premiado vale verga.
Lo que me lleva con toda naturalidad al director de Cultura y Promoción Cívica del Municipio de Guayaquil, Sr. Melvin Hoyos.
Admito que primero llegó el xaflag, que me puso sobre la pista de este tipejo. Sin embargo, después de pensármelo un poco, creo que el mencionado überciclista se equivoca en algo al diagnosticar la fuente del problema. El quid no reside tanto en una vulneración gratuita al derecho de la libertad de expresión, tema algo problemático en este caso. Lo destacable aquí es sencilla y llanamente la incompatibilidad entre gobierno y cultura. Esto, sin menoscabo de que el mencionado Hoyos en este caso sea un simple y patético mandado, supuesto que me parece bastante persuasivo según los datos de que disponemos. Me refiero a que los únicos interesados en que el Salón de Julio sea un lugar libre de "elementos sexuales" han de pertenecer (casi es una perogrullada) a la curuchupesía guayaquileña, es decir los monseñores y afines... incluso diría que esta prohibición tiene toda la pinta de ser una clara venganza del mismísimo prelado citado, o de alguno de sus más íntimos panas, y el que tuvo que ponerle cara a este absurdo o bien quedarse sin su suculenta sinecura burocrática habrá sido el Hoyitos. En fin, como bien dice Xaflag, y sin perjuicio de que se trate o no de un tema de libertad de expresión, ante la citada posibilidad de que alguien se ofenda por el uso de tales "elementos sexuales", hay una solución muy sencilla, que sería la de poner un aviso en la puerta, y en letra de 7.5 puntos abajo de los anuncios que se le hace. Así, sólo se ofenden los que realmente quieren ser ofendidos (siempre hay de ésos: también forman parte de la diversión). Y el resto, pues a contemplar la obra y a reaccionar, siguiendo las citadas directrices de Río Revuelto o de alguna manera más personal, que a lo mejor quepa y todo.
Repito: el que no se haya contemplado esta posibilidad parece atribuible a una influencia directa y archiconocida de elementos eclesiásticos reaccionarios sobre las políticas del Municipio, influencia ya visible en muchos aspectos del quehacer urbano, entre ellos los absurdos reglamentos discriminatorios que rigen sobre el Malecón 2000, lugar sólo supuestamente "público". Lo que me parece algo ingenuo es que se haga cruces ante cualquier "política cultural" que se emprenda desde cualquier rama del gobierno, sea nacional o local.
Vayamos al grano. La actividad cultural o artística, para que sea considerada como tal, necesita de un espacio de libertad (sobre todo para el artista, también para su público), aunque en algunos casos ese espacio ha tenido que ser mínimo, clandestino. El Estado, por su propia naturaleza, es enemigo de cualquier libertad individual. Por lo tanto, pedirle al Estado moderno que cuide, que fomente y que premie la creación artística es un sinsentido: mejor dicho, una cojudez. Por supuesto que la historia del arte está llena de ejemplos de artistas cuyas circunstancias les obligaban a someterse a caprichosos mecenazgos reales o aristocráticos, que en muchos casos les obligaron a desperdiciar tiempo y esfuerzo realizando estultas encomiendas políticas. Que algunos - pocos - consiguieron trascender a pesar de tales estorbos no cambia la naturaleza del estorbo. Si quieren comparar lo que es un "artista estatal" con un "artista que supo hilar fino frente al estado", tenemos los nombres de Sáenz de Heredia frente a Berlanga. ¿A cuál le comprarías tú un Marshall Plan de segunda mano? En cuestión de poesía, a Colley Cibber frente a Pope. En música, a Shostakovich frente a Rachmaninov (y no le quiero quitar peso a aquél: simplemente digo que sin las presiones del Politburo hubiéramos tenido un compositor todavía más grande). Y a pesar de que en estas cuestiones ya nadie espera la Inquisición Española, la Maja Desnuda de Goya estuvo durante unos 175 años escondida por los buenos oficios del Santo Oficio. Eso es lo que hacen los estados, y sus religiones oficiales, con la cultura. Hace realmente poco tiempo que se puso de moda eso de los "Ministerios de Cultura", fenómeno atribuible a cierta doctrina fascista, nacida en el transcurso del siglo pasado, de que el Estado tiene que abarcarlo todo todito, o a la percibida necesidad de los Estados modernos a esconder su verdadera naturaleza tras una retórica humanista. No cuela. Nunca ha colado. Un premio otorgado por un Municipio, si lo que se premia es verdadera calidad será por accidente o por descuido: las influencias políticas son tema demasiado grave para que entren en juego cuestiones tan frívolas. Es decir, lo expresado por Hoyitos es lo que hay también a nivel nacional: la eclosión de una horrenda y monstruosa "cultura oficial". Que la local sea más remilgada y curuchupa, bueno, será que el anticlericalismo en Quito ha sabido madrugar un poco más. Eso es todo.
Claro que se objetará que el valeverguismo de ciertos artistas es lo que provoca estas reacciones kid-friendly: el error de pensar que el arte se queda en el elemento épater le bourgeois, y que no haga falta más que eso. No me lo compro. Para tener un Salón que caiga bien a todos, sólo hace falta un poco de lo que Correa, cuando está de buen humor (¿le han visto últimamente?) llama meritocracia: ósea, que los encargados de seleccionar el material sepan algo de arte, lo que no es lo mismo, evidentemente, que saber algo de ser chupamedias, o de ser creativo en ridículas excusas. Pero ahí está: ser Director de Cultura es un puesto político, no meritocrático: la meritocracia en el gobierno, a cualquier nivel, es un supuesto no consentido, por muchos Institutos que le pones. Los gobiernos simplemente no funcionan así, los municipios tampoco. ¿A alguien se le ocurre que a Nebot le preocupa el hecho de que el Salón de Julio, actualmente, tendría que rechazar tanto a la Maja Desnuda como a la Rokeby Venus como a la de Botticelli (por los naughty bits), sin hablar de un gran porcentaje del arte figurativo más significativo del siglo pasado? ¿Siquiera que se dé cuenta de que la Desnuda no es más que una descodificación de la Vestida, la que en rigor tiene todo lo que tiene la otra y un poquito más? Aquí Hoyitos:
Desde la autoridad que el Municipio tiene para poder evaluar ciertos temas, pensamos que nuestra actividad cultural se debe a la comunidad (de los monseñores). Tenemos que tomar en cuenta que el Museo Municipal es un museo multidisciplinario adonde acuden niños, gente de toda condición social, niveles educativos y culturales... y que no todos están en capacidad para decodificar algunos mensajes.
Ahí está. Nosotros somos "la autoridad". Ustedes, los que según su "condición social" puede que ni siquiera adivinen correctamente delante de cuáles obras se permite ser "hombre posiblemente excitado" y cuáles no. O mejor dicho: ustedes, los incapaces de decodificar. Ahí está. Una vez le pregunté a un nebotista: ¿por qué tantas reglas absurdas en el Malecón? La respuesta: usted no tiene ni idea cómo son los guayacos. Si no tenemos robaburros ahí, capaz se ponen a masturbarse delante de alguna gringa.
Eso, amigo, amiga, eso es lo que piensan de ti las autoridades. Si acabas de darle el sí a esas autoridades, o si eres tan iluso como para creer que los Hoyitos de Correa (pregunta 9) difieren en algo de los de Nebot, pues con tu pan te lo comes. Yo ya hice lo que pude.

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