El socialista no es feliz ni es fluffy

Hay escándalos que son simplemente escándalos. Hay otros que son más que eso. Te hacen sentir enfermo, asqueado, te hacen cuestionar tu fe en la especie humana.

Entre los años 1976 y 1979 el gobierno británico (entonces laborista, es decir socialista de pura cepa) sometió a más de 80 mujeres que querían inmigrar en el R. hU. por la vía de un proyectado matrimonio con un residente, a "pruebas de virginidad", llevadas a cabo en el mismo aeropuerto por "oficiales de inmigración". Puesto que la no virginidad no es un impedimento legal para casarse en el R.hU., no queda muy claro el motivo de estos exámenes, y lo único que se me ocurre es que las autoridades de inmigración estaban dispuestas a negar el derecho de inmigrar a las no vírgenes alegando que "su cultura" (y no las leyes del país) impedía la celebración de tal matrimonio. Es decir, a la violación del derecho a la intimidad (hablemos claro: se trata de indecent assault), se suma el racismo institucional... y a eso se le suma la hipocresía y la mentira oficiales, pues inicialmente se negó que tales prácticas ocurrían, después se dijo que eran sólo tres casos (y se intentó comprar el silencio de una de las afectadas con un derisorio $500), y sólo ahora se revela el verdadero alcance de la práctica, tras el descubrimiento de unos archivos clasificados por dos estudiosos australianos.

Hablemos claro. En el mundo, afortunadamente, todavía quedamos los que creemos que el ser humano, el individuo, el que (a diferencia de los colectivos, los "sectores", el "pueblo" y otras entelequías) tiene cuerpo y alma, merece respeto. No sé si seremos muchos o pocos. No sé si somos mayoría. Lo que sí sé es que no tenemos representación en ningún gobierno, peor en los gobiernos de corte colectivista, como los laboristas en el R.hU, el obamista en EEUU o el correísta aquí. Y la prueba de ello, en el caso local, es que se ha aprobado apenas sin debate público una ley que permite que los órganos de cualquier persona difunta sean aprovechados para "donaciones" sin el expreso consentimiento en vida de esa persona, y sin siquiera contar con el consentimiento de los familiares supervivientes. Es decir, la donación "por defecto", contra lo cual lo único que se puede hacer es inscribir en la propia cédula de identidad la negativa a tal donación, mediante un procedimiento burocrático que nadie parece conocer y sobre el cual no parece haber información pública de ninguna índole (¿donde está la campaña de divulgación televisiva de este "derecho"?). Peor todavía, la misma ley " impide que haya donaciones a extranjeros que no vivan en el país", es decir, si yo tuviera una hermana en el R.hU. que necesitara de un órgano mío para salvar su vida, según esta ley, por ser "residente en Ecuador" estaría a partir de ahora impedido de realizar tal donación. De nuevo, racismo puro ataviado de patriotismo.

Es difícil entender la mentalidad de esa gente. Lo que está claro es que nuestros gobernantes no están dispuestos a considerarnos como personas, como seres humanos merecedores de un mínimo de respeto, de dignidad. Somos "bancos de órganos" andantes; somos ratas de laboratorio skinneriano acondicionables a voluntad para que emitamos siempre el voto "correcto". Mejor dicho, somos una esencia que queda adecuadamente resumida en un sustantivo singular, en un "pueblo", un "sector". Para el despistado socialista que tope con este blog, por ejemplo, en ningún caso sería yo un individuo, una persona con criterio propio e independiente; los filtros delante de sus ojos le impedirían percatarse de nada más que lo (para él) esencial: soy "anticorreísta". Por tanto, soy "de la oposición", y como tal, evidentemente, soy a la vez gutierrista, nebotista, golpista, aliado de criminales banqueros, miembro de la Partidocracia, "neoliberal", e incondicional de la "prensa corrupta". La visión colectivista no sabe de finas distinciones. Un Drosophila ve bastante mejor que él.

La tendencia al irrespeto de la dignidad más elemental, la inviolabilidad del cuerpo humano, es internacional. Hace ya tiempo que los estadounidenses se acostumbraron a los manoseos de la TSA, con la excusa de la "guerra contra el terrorismo" (guerra que nunca fue aprobada en ningún congreso). Es la nueva moda: los gobiernos en todo lugar están descubriendo que no hay nada mejor que la humillación física para mantener a raya a la población. Claro que es mucho mejor que el propio gobierno no esté implicado directamente en esto: por ello, el correísmo se ha propuesto como meta la encarcelación de grandes números de opositores, mediante el pretexto de "enriquecimiento no justificado" entre otros. Las cárceles, al fin y al cabo, son un método vicario de humillación y sojuzgamiento. Lo que pasa ahí dentro "no es responsabilidad".

Y aun así, quedan los ilusos, los que creen en el Estado benévolo, el Estado de peluche, el que vela por los "derechos humanos"; los mismos que creen que la policía tan sólo tiene "elementos corruptos" y que la institución en sí es tan necesaria como reformable y depurable. De esa gente sólo me queda desearles lo mismo que a algunos se les ocurrió desearle a Bin Laden, caso de no haber sido inoportunamente occiso: que el resto de sus vidas sea un continuo y repetido pasar por la seguridad aeroportuario en cualquier país con flujo de inmigración. Y, naturalmente, que lleven consigo todos los peluches que quisieran.

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