Trial by Combat

Acabo de escribirle a un amigo en Inglaterra, intentando explicarle las costumbres de este país en cuestión de resolución de conflictos. La analogía más útil que se me ocurrió fue el llamado "juicio por combate", costumbre germánica medieval en que un conflicto que no se podía resolver de otra forma (por falta de testigos o lo que fuese) se resolvía mediante un combate personal entre dos hombres armados.


Este ejemplo me resultó útil para explicar el peculiar sistema de conteo de votos que se practica aquí en Ecuador, en que cualquier discrepancia se resuelve de similar forma a la que hicieron famosos los valientes y sin par Amadís de Gaula, Palmerín y similares, flor y nata de la caballería de su tiempo. Así, a mi amigo que acaba de votar en un referéndum sobre el tema del sistema de votación en elecciones generales allá en su país, y que, muy a su pesar, no vio nada de batallas campales ni de espectaculares muestras de habilidades marciales, pude por fin hacerle entender que acá por lo menos, el espiritú de nobleza y caballeresco honor no ha muerto.


 Lo único que pasa es que a veces, los malos no juegan limpio (por algo son los malos, digo yo). Ya está bien de llevar a las personas a juicio y, cuando el fallo no resulta ser el que uno quiere, amenazar con enjuiciar al juez. Eso ya bordea el ridículo. Pero para rizar el rizo de lo ridículo, esto:

"Es fundamental recalcar que Carrión, una vez que estuvo en la puerta, fue a su oficina y se puso una bata de médico, sin serlo, porque sus estudios fueron de derecho"

Ajá. Así que es altamente sospechoso que una persona que lleva terno y corbata, al verse involucrado en un disturbio, y trabajando en un hospital donde según las reglas en determinados sitios es hasta obligatorio llevar ropa protectora e higiénica, y sin saber en ese momento la naturaleza de la emergencia, y siendo el mismo director del hospital y por tanto obligado por profesionalismo a seguir los eventos de cerca, por mucho que uno quisiera no mezclarse y peor mancharse la chaqueta, se le ocurriese ponerse una bata. Vamos, Serrano, ya sé que es el primer día y todo esto, y uno se siente con algo de euforia, pero esto de que llevar una bata sin ser médico es equivalente a querer matar a alguien, eso ya no es ser serio. Si no se tiene evidencias ni argumentos, pues lo mejor es callarse y ponerse a buscar el próximo testigo sorpresa, y no venir con desesperadas insinuaciones que dan vergüenza ajena.

Desafortunadamente, a mí me parece que no estamos en Francia, ni tenemos a ningún Émile Zola que nos fastidie la conciencia. Seguramente a Carrión, actualmente el hombre más robusta y demostrablemente inocente que tiene el país, le quedan todavía muchos sinsabores que aguantar. Lo único que le puedo recomendar en materia de lectura fortificante es esto. (Y por supuesto no soy el primero en remarcar la semejanza.) Suerte.


Comments

Popular posts from this blog

Odio

Relaciones diplomáticas

The OK Salvadoran