Difícil dilema
Hace unas semanas una amiga mía y compañera de trabajo, la Vicenta, a la que todos dicen Flaca, fue atropellada mientras cruzaba la Vía Samborondón más o menos a la altura de Riocentro. Ahora se encuentra bien, pero estuvo hospitalizada tres días. La parte más complicada del asunto, sin embargo, vino después.
Por supuesto que cuando me enteré del accidente fui a verla en el hospital. Allí estuvimos charlando como dos horas: ella me explicó que el conductor acababa de dar la vuelta en el cruce de carriles, que estaba acelerando, y que cuando se produjo el accidente, como es habitual aquí, se dio a la fuga, pero algún testigo que se encontraba cerca consiguió coger la matrícula del carro. Ella fue arrastrada varios metros y sufrió diversas fracturas. Yo le dije que si la policía tenían la matrícula del carro, seguro que tarde o temprano darían con el culpable, y ella asintió. No pensé más del asunto.
Unas dos semanas después de su salida del hospital, volví a tener noticias de ella. Ahora resultaba que se había peleado con el novio, un tal César. Al parecer, el muy fresco le había puesto los cachos con una cabaretera (según ella) llamada Lucía, pocos días después del accidente. Como es comprensible, estaba furiosa. Pero lo que me sorprendió fue el correo que ella me mandó, después de nuestra conversación telefónica. En esa carta, ella decía que a César le iba a demandar por intento de asesinato. ¿Cómo que intento de asesinato? le pregunté, sorprendido, en mi carta de respuesta. A lo que ella me contestó diciendo que el día del accidente, el César la había empujado justo cuando pasaba ese carro, para que fuera atropellada. Además, dice, estando ella en el mismo hospital, cuando el César fue a visitarla, según testigo fidedigno resulta que el novio habría dicho, hablando con algún tercero por celular: "No, ella está bien. Es indestructible."
La verdad, ella me lo tuvo que explicar dos veces para que yo entendiera que decir que alguien "es indestructible" es una clara evidencia del deseo de destruir a aquella persona; es más, según ella, la frase revela que en ese momento estaba hablando con alguien que conocía del plan (probablemente la misma Lucía) para informarle de que no había prosperado el intento de quitarle la vida.
Les diré la verdad: esta última evidencia me parecía, y me sigue pareciendo un poco flojita. Pero si resultara verdad que el novio la había empujado, allí habría algo muy pero muy grave. En los días siguientes, me interesé algo por la cuestión, hasta el punto de escribirle a dos ó tres de aquellas personas que ella mencionaba como testigos del accidente, incluida la que había cogido la matrícula del carro. Todos me decían lo mismo: a ellos les constaba que en el momento que se produjo el accidente, los dos estaban cruzando la carretera, y el citado "empujón" era en realidad un gesto de nerviosismo por parte del César, que veía que ella caminaba muy lento en sus tacones altos y quería que apresurara el paso. Fue precisamente la demora de ella en ese momento la que fue causa del choque. Además, era de todos conocido que quien la llevó al hospital a toda velocidad después de lo sucedido había sido el mismo novio.
Pero lo que más problemático resulta es el hecho de que si alguien te acaba de empujar para que caigas debajo de un carro, lo normal sería acusar a esa persona inmediatamente después de lo ocurrido; sin embargo, a mí me consta que cuando me relataba el hecho el día siguiente, no dijo absolutamente nada de ningún empujón.
Ahora, ella se ha vuelto cada vez más insistente con esta historia, hasta el punto de decirme que si no la creo, ella no va a hablar nunca más conmigo, pues según ella, tal cosa constituiría "una traición". Al mismo tiempo, empiezo a preguntarme si mi deber como amigo no sería hablar con los servicios de sanidad, e intentar que ella se someta a algún tratamiento sicológico. Y es que no es para menos: cada día está más histérica y más insoportable. Al fin y al cabo, por mucho que duelen las separaciones, la gente normal no inventa historias de complots ni de intentos de asesinatos para vengarse. Eso es de desequilibrados. Por lo menos, eso creo.
Bueno, el dilema de qué hacer y de qué decir en tan difícil situación sería bastante acuciante, sin duda, si algo de lo relatado fuese verdad. Afortunadamente, no lo es. Acabo de inventarme toda esta historia de cabo a rabo. Cualquier parecido que puede tener con cualquier realidad conocida es la más pura coincidencia.
Por supuesto que cuando me enteré del accidente fui a verla en el hospital. Allí estuvimos charlando como dos horas: ella me explicó que el conductor acababa de dar la vuelta en el cruce de carriles, que estaba acelerando, y que cuando se produjo el accidente, como es habitual aquí, se dio a la fuga, pero algún testigo que se encontraba cerca consiguió coger la matrícula del carro. Ella fue arrastrada varios metros y sufrió diversas fracturas. Yo le dije que si la policía tenían la matrícula del carro, seguro que tarde o temprano darían con el culpable, y ella asintió. No pensé más del asunto.
Unas dos semanas después de su salida del hospital, volví a tener noticias de ella. Ahora resultaba que se había peleado con el novio, un tal César. Al parecer, el muy fresco le había puesto los cachos con una cabaretera (según ella) llamada Lucía, pocos días después del accidente. Como es comprensible, estaba furiosa. Pero lo que me sorprendió fue el correo que ella me mandó, después de nuestra conversación telefónica. En esa carta, ella decía que a César le iba a demandar por intento de asesinato. ¿Cómo que intento de asesinato? le pregunté, sorprendido, en mi carta de respuesta. A lo que ella me contestó diciendo que el día del accidente, el César la había empujado justo cuando pasaba ese carro, para que fuera atropellada. Además, dice, estando ella en el mismo hospital, cuando el César fue a visitarla, según testigo fidedigno resulta que el novio habría dicho, hablando con algún tercero por celular: "No, ella está bien. Es indestructible."
La verdad, ella me lo tuvo que explicar dos veces para que yo entendiera que decir que alguien "es indestructible" es una clara evidencia del deseo de destruir a aquella persona; es más, según ella, la frase revela que en ese momento estaba hablando con alguien que conocía del plan (probablemente la misma Lucía) para informarle de que no había prosperado el intento de quitarle la vida.
Les diré la verdad: esta última evidencia me parecía, y me sigue pareciendo un poco flojita. Pero si resultara verdad que el novio la había empujado, allí habría algo muy pero muy grave. En los días siguientes, me interesé algo por la cuestión, hasta el punto de escribirle a dos ó tres de aquellas personas que ella mencionaba como testigos del accidente, incluida la que había cogido la matrícula del carro. Todos me decían lo mismo: a ellos les constaba que en el momento que se produjo el accidente, los dos estaban cruzando la carretera, y el citado "empujón" era en realidad un gesto de nerviosismo por parte del César, que veía que ella caminaba muy lento en sus tacones altos y quería que apresurara el paso. Fue precisamente la demora de ella en ese momento la que fue causa del choque. Además, era de todos conocido que quien la llevó al hospital a toda velocidad después de lo sucedido había sido el mismo novio.
Pero lo que más problemático resulta es el hecho de que si alguien te acaba de empujar para que caigas debajo de un carro, lo normal sería acusar a esa persona inmediatamente después de lo ocurrido; sin embargo, a mí me consta que cuando me relataba el hecho el día siguiente, no dijo absolutamente nada de ningún empujón.
Ahora, ella se ha vuelto cada vez más insistente con esta historia, hasta el punto de decirme que si no la creo, ella no va a hablar nunca más conmigo, pues según ella, tal cosa constituiría "una traición". Al mismo tiempo, empiezo a preguntarme si mi deber como amigo no sería hablar con los servicios de sanidad, e intentar que ella se someta a algún tratamiento sicológico. Y es que no es para menos: cada día está más histérica y más insoportable. Al fin y al cabo, por mucho que duelen las separaciones, la gente normal no inventa historias de complots ni de intentos de asesinatos para vengarse. Eso es de desequilibrados. Por lo menos, eso creo.
Bueno, el dilema de qué hacer y de qué decir en tan difícil situación sería bastante acuciante, sin duda, si algo de lo relatado fuese verdad. Afortunadamente, no lo es. Acabo de inventarme toda esta historia de cabo a rabo. Cualquier parecido que puede tener con cualquier realidad conocida es la más pura coincidencia.
...¿puedes tal vez hacer un recuento de los hechos, en el orden cronológico?
ReplyDeletePorque me parece que Carrión no fue acusado de nada hasta que se puso a contradecir la versión del Presidente, luego lo acusaron de haber intentado impedir su entrada, luego se lo vio abriendo la puerta para que entre y entonces se lo acusó de otra cosa...
Pero estoy confundido, si puedes hacer un recuento sería un ejercicio interesante.