Es útil tener principios
Pero siguen intentando. Si cojo esta palabra larga y recia, esta should, y la arrojo al suelo con un bramido animador, se convertirá en algo vivo y venenoso, que herirá a muerte a mis enemigos.
¿No?
Esta semana tengo dos entrevistas por teléfono: uno es para un trabajo en Egipto, otro para Arabia Saudita. Con suerte (no me fío, la suerte no es lo mío, a mí me persiguen los relámpagos y las montañas esperan mi presencia para avalancharse sobre mi cabeza) estaré en uno de estos dos países a partir de septiembre. Odiaré, como es lógico, el Islám (aunque parece que en el Cairo sí hay vino: Omar Khayyam, Obelisk, Grand Marquis están entre las marcas disponibles, según mis contactos), pero dudo que por mucho desprecio que me inspire me obligue a renunciar a mis principios, entre los cuales figura la creencia de que cada cual es libre de hacer lo que quiera con la tierra de que es legítimo propietario, aunque ésta esté a unos bloques de Ground Zero. ¿Ven? Tener principios, si no otra cosa, te ahorra mucha saliva.
En el Guardian de hoy, otra feria de saliva en subempleo: la cuestión de si la autora que publicó un libro exitoso basándose en un supuesto mensaje en una botella que hubiera encontrado en las playas de Kent, escrito por la madre de un hijo muerto, es o no es una cínica aprovechada altamente despreciable. Dejando de lado la probabilidad, altísima a mi modo de ver, de que la historia sea pura ficción, me recuerda lo que pensé al enterarme de que alguna de las obras más relevantes de Franz Kafka fueron heredadas por un amigo que había prometido quemarlas, y que luego se desdijo "para el bien de la literatura universal". Siempre pensé que ese tipo era un canalla: parafraseando a EM Forster, si tuviera que escoger entre traicionar a la Literatura Universal y a un amigo, espero tener agallas para traicionar a la Literatura. Pero luego acuden prestos los Principios, que me recuerdan que no existe tal cosa como la propiedad intelectual, que todo lo que se publica (verbigracia, se mete en una botella y se lanza al mar) es de naturaleza pública (valga la redundancia), y que entre las libertades más sagradas está precisamente la de ser un canalla, o una cínica aprovechada, mientras con eso no se produzcan daños físicos ajenos.
Al fin y al cabo, las botellas son para que los mensajes sobrevivan, y Franz hubiera podido quemar sus libros él mismo (carajo). Y pedir a una "comunidad religiosa", cualquiera, cosas como tacto y sensibilidad es sublime quijotería.
En fin, hablamos demasiado.
El amigo de Kafka hizo bien. Yo hubiera hecho lo mismo. Creo que destruir una gran obra en favor de los caprichos de, digamos, un viejo senil y cojudo a punto de morir hubiese sido un desperdicio criminal. (Y no es que Kafka haya estado como viejo senil al momento de morir; pero sí estaba bien deprimido, y una depresión profunda es casi lo equivalente a perder el juicio. Cuando se salen de esas uno dice: "¿En qué chuchas estaba pensando?")
ReplyDeleteHm. La depresión, de lo que recuerdo (son recuerdos lejanos), se caracteriza más que nada por no pensar en chuchas (de hecho, pensar en ellas es en mi experiencia un remedio infalible para cualquier depresión). De modo que al salir uno dice "¿En qué chuchas /no/ estaba pensando?" Lo digo simplemente por llevarte la contraria.
ReplyDeleteSupongo que el actuar del Sr Brod depende del conocimiento que éste tuviera del carácter de su amigo. Si Kafka era impulsivo y dado a cambios repentinos de parecer, uno se imagina fácilmente que luego de una recuperación milagrosa hubiese estado furibundo al conocer que todos esos manuscritos habrían sido quemados. Hay gente que dice cosas como: "¡Pero no pensaba que me tomarías al pie de la letra!" A mí ese tipo de persona mejor no me confíe ningún manuscrito, por si acaso.
pero si para ti los países son ridiculeces y ahora dices que cada quien es libre de hacer lo que le venga en gana con la tierra que le pertenece? jaja, tarado, y hablas de principios.
ReplyDeletelos tipos que quieren construir la mezquita sólo son dueños de la mitad del terreno, no se puede esperar de los musulmanes tacto y sensibilidad entonces hay que dejarlos hacer lo que quieran, pendejo?