Roll-over veto, ¿ven?

El Universo:

Rectores de las universidades públicas y privadas indicaron ayer que aspiran a que el cuerpo legal de la Ley de Educación Superior, aprobado el pasado miércoles por la Asamblea Nacional, con 63 votos, no sea cambiando en su fondo con el veto del Ejecutivo. (énfasis mío.)

La Constitución (Art. 138):

Si la objeción fuera parcial, la Presidenta o Presidente de la República presentará un texto alternativo...

La RAE:

veto.
(Del lat. veto, yo vedo o prohíbo).
1. m. Derecho que tiene una persona o corporación para vedar o impedir algo. U. principalmente para significar el atribuido según las Constituciones al jefe del Estado o a la segunda Cámara, respecto de las leyes votadas por la elección popular.


Llevan días molestándome con esto. El veto es la facultad de decir que no: "vedar o impedir". No es la facultad de "presentar un texto alternativo". El Presidente de la República sí puede presentar un texto alternativo, según la Constitución, pero llamemos las cosas por su nombre, por favor. Si se limitara a decir "no me gusta esta ley, háganme otra si quieren, pero tal como está, no la dejo pasar", estaría ejerciendo el veto. Si presenta un texto alternativo, en cambio, no está ejerciendo el veto: está haciendo de colegislador. La Constitución expresamente lo permite; es, discutiblemente, uno de sus múltiples fallos. (Contra esto en otros lares se inventó la bicameralidad.)

Los fallos se hacen notar en los abusos. Fuera bueno que la Constitución, por lo menos, exigiera que la injerencia del Ejecutivo se justificara con alguna rúbrica determinada, tipo "salvaguardar la constitucionalidad", o "armonizar la Ley con disposiciones existentes" o "proteger los derechos de los afectados" o alguna cosa así: no hubiese sido tan difícil inventarse una serie de respetables pretextos. Pero no exige nada al respecto. Y el Presidente, en sus declaraciones públicas al respecto tanto de esta Ley como de algunas otras, se ha guardado olímpicamente de justificar sus pretendidas modificaciones con cualquier argumento de aquéllos que habitualmente adornan el discurso democrático. Podría haber dicho, por ejemplo: "creo que los legisladores no han tenido suficientemente en cuenta el clamor del pueblo", respecto a tal o cual detalle. Lo que realmente dijo en esta ocasión fue lo siguiente:

Ahora tenemos amplia libertad para retirar todas esas reformas que en búsqueda del consenso introdujimos...

Creo que estas palabras deberían ser grabadas en una placa de bronce de gran tamaño para ser colgada en lugar de honor dentro del hemiciclo, para que todos los asambleístas recuerden de aquí para adelante de qué sirve, así medido en libras y onzas y quitándole primero los granos de arena y vellos anales adheridos, la búsqueda de acuerdos y consensos parlamentarios, o incluso, llegados a eso, consensos sociales. Pero aparte de demostrar lo ingenuo que resulta crear acuerdos entre oficialismo y oposición en la actual Asamblea, esta frase merece agregarse a una larga lista de similares pronunciamientos del Ejecutivo, a tenor de que cualquier Asamblea en este país, sea constitucional o constituida, es vista desde la cima de ese Olimpo algo así como una clase universitaria de economía de primer año, de alumnos poco prometedores, en que el sufrido catedrático intenta ilustrar a sus educandos permitiéndoles descubrir algunas cosas por cuenta propia, incluso equivocándose de vez en cuando, pero siempre a sabiendas de que en el último cuarto de hora, los errores serán corregidos, los argumentos falaces rebatidos, los cálculos inexactos expuestos a crítica demoledora, y los alumnos reducidos a una actitud de postrada veneración ante la ciencia superior del Maestro.

Ayer me dio curiosidad sobre cómo racionalizan esos asambleístas del oficialismo su papel de marionetas al servicio del Gran Ego. Me recorrí algunos artículos y entrevistas en torno a un tal Gastón Gagliardo, asambleísta por Guayas, hermano mellizo de algún Fiscal e hijo de algún ex ministro (casualidades de la vida), aparte de ser miembro de la Comisión redactora de esta Ley de Educación Superior cuyo exitoso parto cesáreo dio lugar a tantos festejos el día de ayer. No hay que buscar mucho:

Raúl Abad y Gastón Gallardo (sic), ambos miembros de la Comisión Permanente de Educación, dijeron que frente a un eventual veto del Ejecutivo, “nosotros estaremos con el Presidente de la República”.

Tierno, ¿verdad? Los mencionados miembros de la Comisión encargada de velar por la integridad de esta Ley no saben siquiera en qué términos puede ser modificada por el Presi, pero éste ya dispone de su adhesión incondicional, borre lo que borre, dicte lo que dicte. ¿De dónde esa actitud tan supina, tan invertebrada? Por curiosidad, uno se pone a buscar más, y sale esto:

A mi Ciudad Guayaquil, en sus 475 años de Fundación

por Gastón Gagliardo

En sus 475 años de Fundación, rindo homenaje a Guayaquil, a esta libérrima ciudad cuna de gestas históricas, de gente emprendedora y de trabajo que lucha día a día para para engrandecerla.

Ciudad que genera calidez a propios y extraños, ciudad que acoje y abre sus brazos a ecuatorianos de todas las regiones del país y extranjeros.

Mi compromiso con mi ciudad y mi país, es trabajar generando leyes en beneficio de todos los ecuatorianos.

Ya está. No esperes más. Así, en su totalidad, fue ese "homenaje" tan lírico, tan sentido por parte del respetable asambleísta.

Fíjense bien: el escritor de este "artículo" tiene responsabilidad de determinar el futuro de la Educación Superior en este país. Por si esto no fuera demasiada sorpresa, tenemos que lidiar en nuestra imaginación con el concepto de una ciudad de lleva 475 años siendo fundada (¿cuándo dejará de fundarse?), y que es "cuna", no solamente de "gestas históricas" y de "gente emprendedora", sino también de "trabajo", y no cualquier trabajo, sino "trabajo que lucha día a día", se supone a fin de suprimir palabras duplicadas, como ese mismo "para", y para corregir errores ortográficos, tipo "acoje", pero que por lo visto se queda en el intento, eso sí, haciendo alarde de ese afán de contorsiones tan propio de dicha ciudad que le impulsa a "acoger y abrir sus brazos" (¿lo han intentado alguna vez? Realmente divertido, pruébenlo, acojan sus brazos), sin mencionar aquellas otras contorsiones que permiten al autor definir como "libérrima" una ciudad que según los portavoces más relevantes de su propio partido agoniza bajo la lustrada bota de un cruel tirano. En fin, no seamos tiquismiquis, la cuestión es que el tipo se compromete a generar leyes en beneficio de todos los ecuatorianos, y que tal compromiso de alguna manera, no sabemos cómo si no es "libérrimamente", pertenece al momento climáctico de un artículo de pretendido homenaje a una ciudad (con ilustración cortesía de la Prensa Corrupta).

Que estas leyes en beneficio de todos los ecuatorianos sean cambiadas posteriormente en pro de otros beneficiarios aún por determinar, con el beneplácito anticipado del mismo escritor, se supone que ha de formar parte de otro compromiso aparte, de otro homenaje diferente.

Comments

  1. {"Creo que estas palabras deberían ser grabadas en una placa de bronce de gran tamaño para ser colgada en lugar de honor dentro del hemiciclo, para que todos los asambleístas recuerden de aquí para adelante de qué sirve, así medido en libras y onzas y quitándole primero los granos de arena y vellos anales adheridos, la búsqueda de acuerdos y consensos parlamentarios, o incluso, llegados a eso, consensos sociales."}

    REMARKABLE!

    Por otro lado, resulta doloroso el cinismo del Sátrapa:

    Ahora tenemos amplia libertad para retirar todas esas reformas que en búsqueda del consenso introdujimos...

    Me recuerda a una de mis ex. Que me prometió hacer algo después de que contrajéramos nupcias y una vez con la soga al cuello le pregunte sobre LO PROMETIDO. Su respuesta fue un lacerante:

    Si, yo te lo prometí, pero ya cambié de opinión (léase: Te cogí de cojudo)

    Solo que en mi caso no afecto al país entero y el desprecio tampoco fue en cadena nacional. Yo me divorcie al tiempo, no importó que la susodicha cumpliera su promesa años más tarde y le beneficiara en mucho. El Sátrapa no enmendará, eso se los aseguro.

    Y sobre este Gastón Gagliardo, he visto una entrevista que le hicieron en la mañana donde le pedía al Sátrapa: "Por favor el espíritu de la ley que se perdió en algunos artículos, por favor le pido públicamente que lo corrija y vuelva a tener el mismo espíritu inicial” (do me, do me, do me)

    Voy por la placa ;-)

    ReplyDelete
  2. El tal Gagliardo fue compañero mío en los Ornitorrincos del Saber, donde él daba Música y yo daba lástima. Es bastante buen guitarrista (en una ocasión me dijo que yo le daba un par de vueltas en técnica, pero creo que era por caer bien). Ahora, para que el intercambio de papeles sea completo, sólo hace falta que yo me consiga una buena guitarra.

    ReplyDelete

Post a Comment

Popular posts from this blog

Odio

Relaciones diplomáticas

The OK Salvadoran