La Pasión Turca

Siempre lo he dicho: al mundo le falta más violencia. Me refiero, claro, a ese tipo de violencia tan sana y saludable que informa los juegos de los gatitos de meses. Nada de saña, nada de anhelos destructivos. Asertividad corporal, baile simbólico de fuerzas, rescate de músculos. Ahora veo que la tradición turca está de mi lado. La encantadora noticia: una familia turca en Nueva Zelanda se dedica a propinarse mamporros callejeros, a patearse y a estrangularse, de pura alegría, cada vez que la tienda de kebabs vende bien; y lo hacen apoyándose en el tradicional baile de los borrachos, el kolbasti, que parece hecho para gente como yo, gente triste por fuera y alegre por dentro, cuya natural torpeza parece excluir cualquier otra forma de expresividad corporal que no sea el choque violento, sea con otros cuerpos, sea con objetos inanimados, v.gr., (ayer) el espejo retrovisor de un autobús. La cita estrella:

"We are always dancing," Mr Can said.

"I'm happy to dance with my wife and my family. What's wrong with that?"


¿Quién no lo sería?

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